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Humberto Musacchio

UACM: una rectora con
los días contados

Llega a su fin la desastrosa gestión de Esther Orozco como rectora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Sostenida por Marcelo Ebrard pese a –o tal vez por– sus abusos, mentiras, derroches, favoritismos y falsedades, recientes declaraciones de dirigentes perredistas y del jefe del gobierno capitalino indican que cayó de la gracia de quienes la protegieron.
Sus engañifas se han ido descubriendo. Hoy se sabe que al llegar a la rectoría no contaba siquiera con el grado académico de licenciatura, el que misteriosamente le extendió la Universidad de Chihuahua cuando ella ya estaba en el cargo. Para ocupar la rectoría de la UACM se hizo pasar por doctora y hoy se conoce ya todo el cuento.
La Secretaría de Educación Pública federal y la dependencia similar del estado de Chihuahua expidieron sendos documentos en los que se asienta que la señora no cuenta con registros que avalen los títulos que ostenta. Se trata de los oficios DCP/SCP/2676-AP/12, folio 9216 de la SEP, de fecha 30 de octubre de 2012, y el 33/2012, del 14 de diciembre de 2012, de la Secretaría de Educación, Cultura y Deporte de Chihuahua.
Por esa razón se abrió en la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal la averiguación previa FBJ/BJ-2/T-I/02144/12-11, pues según sus denunciantes, la citada mujer ocupa ilegítimamente el cargo de rectora e incluso ha incurrido en responsabilidad penal por usurpación de título. Pese a la contundencia de las pruebas, la averiguación estuvo –¿y está?– detenida.
Mientras tanto, han menudeado las agresiones de los porros afines a la rectora contra estudiantes y profesores. La dama citada ha ordenado la erogación de varios millones de pesos para comprar “la simpatía” de algunos medios, ha pedido lanzar a la policía contra los estudiantes y se empeña en reconocer como legal a un “consejo universitario” integrado por una veintena de sus incondicionales, quienes son apenas la tercera parte de los votos necesarios para instalar estatutariamente ese órgano de gobierno.
Esther Orozco ha contado con la complicidad de las autoridades que encabezó Marcelo Ebrard. Ahora, sin embargo, parece que su buena estrella declina. El líder perredista de la Asamblea de Representantes considera que la señora ya debe irse y el 5 de febrero Miguel Ángel Mancera, jefe del gobierno capitalino, declaró que los conflictos internos han frenado el desarrollo de la UACM y espera que llegue a dirigir esa casa de estudios un académico que crea en el proyecto de la institución y la relance. Al día siguiente, el funcionario insistió en su planteamiento, aunque se dijo respetuoso de la autonomía y dejó el asunto en manos del consejo universitario, el legítimo, no la pandilla rectoril.
Dos días después, el secretario de Gobierno del DF, Héctor Serrano, informó que por el conflicto habían abandonado la UACM cuatro mil alumnos y demandó reconocer como interlocutor legal y válido al consejo universitario democrático. El ombudsman del Distrito Federal, Luis González Plascencia, pidió investigar si Esther Orozco había cometido algún delito y ya hasta el Sistema Nacional de Investigadores se halla en entredicho, pues fue beneficiada con la beca del SIN pese a que no cuenta con los títulos indispensables.
Para que la farsante se vaya, basta con que el Ministerio Público le dé curso a la investigación sobre los delitos de que se acusa a Esther Orozco. En este caso sobran palabras, pero faltan decisiones de las autoridades que entregan a la UACM el dinero de los contribuyentes, nuestro dinero.

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