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Congrega Armin van Buuren a 22 mil personas al conjuro del ritmo house y trance

Manuel Tejeda / Agencia Reforma

Ciudad de México

Lasers, pantallas de alta definición, pirotecnia y el mejor ambiente nocturno conformaron el festival electrónico ofrecido por Armin van Buuren y sus cuatro acompañantes, como parte del programa número 600 de su show radial A State of Trance.
Por primera vez desde su edificación, la Arena Ciudad de México albergó un espectáculo masivo de house y trance, que logró reunir 22 mil personas, según organizadores, que nunca pararon de gritar, bailar y silbar el ritmo provocado por las mezcladoras, computadoras y tornamesas de Van Buuren, Markus Schulz, Dash Berlin y las duplas W&W y Max Graham vs. Protoculture.
Desde las 20:00 horas del sábado, el mejor DJ del mundo, de acuerdo con la revista DJ Mag, apareció en las pantallas del circuito cerrado del inmueble para introducir el espectáculo. Además, a lo largo de la noche demostró sus cualidades de anfitrión, puesto que, durante los actos de sus invitados, su imagen volvió a salir en las pantallas para incitar a la locura y al aguante.
Markus Schulz, al término de su participación, alebrestó los ánimos de la audiencia al retirarse con la cabeza cubierta por la máscara de El Santo y su torso envuelto con el lábaro patrio.
Luego, cuando le tocó a Van Buuren su turno de invadir en vivo el entablado, decorado por ocho rectángulos LED en sus extremos, una enorme plataforma donde yacían sus instrumentos y una pantalla en el centro, el holandés dejó atrás la oscuridad con The expedition, primera pieza de la noche, a las 00:45 horas del domingo.
En su repertorio, Van Buuren demostró que los temas con lírica también son su fuerte. Cada vez que ejecutó uno de ellos, como Waiting for the night, en el escenario apareció Fiora, cantante que, con su dulce voz, propia del género, acompaña la canción.
“México, esta noche es perfecta”, exclamó el astro, mientras los asistentes inmortalizaban sus palabras en sus teléfonos. Y para darles un detalle más, sacó una bandera del país y la agitó con tal efusividad que sus gritos se replicaron en el público.
Conforme avanzaba la madrugada, la gente celebraba todo y se unía a pesar de no conocerse. Con las manos siempre ocupadas con vasos de alcohol o cerveza, brindaban unos con otros, se tomaban fotos para llevarse un pedazo de la producción o hasta bailaban en grupos.
En cuanto terminó Van Buuren, Dash Berlin no dejó que los ánimos decayeran con sus mezclas y su actitud, más rockera que electrónica, puesto que también sacó una bandera y, sobre la enorme tarima donde tocó, empezó a saltar y a provocar aplausos.
Sin embargo, muchos de los asistentes empezaron a retirarse, puesto que el ejecutante terminó su show hasta las 04:00 horas del domingo.

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