Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
* Ejército, el remedio para todo
El general Genaro Fausto Lozano Espinoza es un entusiasta defensor de la participación del Ejército en el combate al crimen organizado, como quedó de manifiesto en la entrevista que este diario publicó el viernes pasado. Dijo el comandante de la Novena Región Militar que “son muy poquitos” los que critican la intervención del Ejército, y que, por el contrario, la sociedad reclama la presencia de los soldados en las calles. “El Ejército no puede permanecer omiso ni ocioso ante un mandato constitucional y un mandato orgánico”, argumentó en referencia a la fracción sexta del artículo 89 de la Constitución, el cual faculta al presidente de la República a recurrir a las fuerzas armadas para garantizar la seguridad interior y exterior del país. De este argumento se desprende que el general Lozano Espinoza está convencido de que el crimen organizado constituye una amenaza para la seguridad interna, una concepción que dudosamente sería compartida por el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuya estrategia contra el narcotráfico consiste entre otras cosas en acotar y minimizar el tema.
Para Lozano Espinoza, la seguridad interior del país queda comprometida cuando los grupos criminales “ponen un retén en cualquier lugar, impiden que salgan los productos del campo o cobran a la gente, ahí está afectada su libertad; cuando alguien quiere poner un pequeño negocio y si no les dan una cuota se lo queman, está afectada su libertad de empresa; la libertad de tránsito, la libertad de transitar con sus productos, con su ganado, etcétera; cuando hay presidentes municipales amenazados o cooptados lamentablemente no pueden ejercer plenamente sus facultades constitucionales como autoridad, entonces el pueblo votó por alguien para que dirija los destinos de ese municipio y no ocurre, está afectada también la democracia; cuando la gente comete ilícitos quebranta la ley pues afecta el Estado de derecho y en ocasiones, como ya ocurrió en el pasado, estaban muchos municipios afectados por la presencia de la delincuencia, hace seis años que prácticamente tenían controlado todo el quehacer de un municipio, entonces ahí está afectada la gobernabilidad. Cuando todo está afectado está afectada la seguridad interior, entonces el Estado mexicano, en su parte de gobierno, tiene que recurrir al uso de la fuerza del Estado para poder revertir ese fenómeno y eso se hace con soldados, que somos profesionales, que tenemos una preparación muy amplia en muchos temas que tienen que ver con la seguridad interior de la nación”.
No es la primera vez que el comandante Lozano Espinoza expone un diagnóstico tan alarmista sobre el impacto del crimen organizado en la vida del país. Algo parecido dijo el año pasado, cuando estaba al mando de la Quinta Región Militar con sede en Guadalajara, y que abarca los estados de Jalisco, Aguascalientes, Colima, Nayarit y Zacatecas. En una plática realizada el 28 de marzo de 2012 en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacatecas, fue incluso más contundente, pues dijo que “hace cinco años el país estaba materialmente tomado por la delincuencia organizada, hablando a escala de los municipios, muchos estaban cooptados por la delincuencia o amenazadas las autoridades”. El pasado al que aludía era el gobierno de Vicente Fox y el discurso que reprodujo ante estudiantes de derecho de la UAZ es el que desarrolló el gobierno de Felipe Calderón para justificar el empleo del Ejército en las tareas antinarco. (La Jornada, 29 de marzo de 2012)
Es de llamar la atención el énfasis que Lozano Espinoza pone en la preparación del Ejército para asumir funciones de policía, al grado de dar por hecho, en una postura más que controvertible, que solamente los soldados pueden revertir el clima de inseguridad y la infiltración de los ayuntamientos por parte del crimen, así como preservar la democracia y la gobernabilidad: “eso se hace con soldados”, “somos profesionales”, “tenemos una preparación muy amplia”.
Con apenas mes y medio al frente de la Novena Región Militar, el comandante Lozano Espinoza añadió a su diagnóstico las particularidades que encuentra en Guerrero, y la mayor de esas particularidades es la guerrilla, que asegura se mantiene viva en el estado, y una “problemática histórica” que se manifiesta en los actuales brotes de descontento, en aparente referencia tanto al movimiento de autodefensa como a la misma guerrilla. En resumidas cuentas, cree que el estado se halla aprisionado por la guerrilla y por el crimen organizado, endurecido por la cultura de la violencia y golpeado por la pobreza. Pero desde su punto de vista, la guerrilla no es guerrilla, sino “gente que tiene un gran resentimiento social”. Y explica su singular perspectiva: “Nadie puede negar que lo que alimenta estas expresiones sea el resentimiento, si lo vemos hasta antropológicamente, hay que recordar que a Guerrero en la época virreinal llegaban barcos con esclavos, esa gente ya traía un resentimiento social por el hecho de ser esclavos, y luego nuestros indígenas que también fueron agredidos, hay un resentimiento, por eso me refiero que es histórico, por eso digo que es antropológico; y luego viene el mestizaje, la relación de razas entre afromexicanos con indígenas, todo esto integra históricamente un problema de resentimiento social que pasan muchos años pero en el sentir colectivo prevalece el resentimiento social”. El origen de ese resentimiento social, que se manifiesta en descontento y guerrilla, no está en las condiciones sociales y políticas del presente, sino en un pasado remoto, asegura el jefe militar. Pero como complemento advierte: “ellos (los guerrilleros) tienen muy claro que la vía de la subversión, de subvertir el orden, la ley, no ha sido un camino adecuado, ha sido estéril a lo largo de los años. Es la vía de la conciliación, la vía del acuerdo, el consenso, de la participación, la que resuelve”.
Será interesante observar cómo evolucionan las posiciones del general Lozano Espinoza en el contexto del nuevo gobierno federal, una de cuyas prioridades es despojarse del lastre que en materia de inseguridad pública le dejó Felipe Calderón, en primer término del discurso guerrerista y estridente. Para comprender su apasionamiento en la defensa de la fallida estrategia de Calderón, se debe recordar que fue Calderón quien lo ascendió a general de división, en noviembre de 2011. El comandante Lozano Espinoza perteneció alguna vez a la sección de inteligencia del Ejército, aquella en la que estuvo anclado durante años el extinto general Arturo Acosta Chaparro, el más aventajado instructor de la contrainsurgencia militar. De ahí proviene su visión de la guerrilla, que por otra parte es la misma que adquieren los militares. De ahí también la supremacía que le adjudica al Ejército.
Superficialmente, Lozano Espinoza tiene razón en casi la mayor parte de su diagnóstico, aunque es perceptible el esfuerzo que realiza para ajustar su argumentación a la necesidad de justificar la presencia del Ejército en las calles, y omitir cualquier otra solución. Por ejemplo, en el caso del resentimiento social, una reacción natural, lógica y legítima que permite a los desposeídos sobrevivir en un mundo que también es suyo, es claro que refleja la poco solidaria actitud del poder.
En suma, los remedios que ofrece el comandante de la Novena Región Militar para la inseguridad son los mismos que han demostrado ser incapaces de acabar con el narcotráfico. Y aunque formalmente se ha comprometido con el respeto a los derechos humanos, también parece convencido de que el panorama desolador que describe justifica cualquier cosa que venga del Ejército, en un estado donde esa institución ha sido fuente de abusos y atropellos.




