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Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

* Todos somos españolas

“Sin un soporte ético la existencia política y civil se degrada irremisiblemente. ¿Cómo puede clamarse contra la corrupción en la vida pública sin una exigencia similar respecto a la vida personal y social?”.
Recito al politólogo venezolano José Benjamín Rodríguez-Iturbe, de su ensayo Praxis política y praxis jurídica. La ideologización del derecho y la justicia, porque viene bien a colación con lo que escribiré a continuación, en este espacio de pocos pero dilectísimos lectores, y porque explica mejor el peculiar título de esta columna, hoy.
Sin prejuiciar ni manipular argumentos a favor y en contra de nadie y nada, apunto los datos duros y generales de dos hechos separados y distintos en espacio y tiempo, pero unidos e iguales en contexto y dilema, para que sean ustedes, ya mencionados lectores, con plena y espontánea libertad, quienes juzguen si lo que pienso al final, es lo mismo que pensaron ustedes.
El primero.
Más de una docena de comunidades, principalmente de la Montaña y la Costa Chica, decidieron movilizarse en comités de autodefensa para integrar policías comunitarias, cansadas de la delincuencia y la ineficacia de las policías institucionales.
En sus propias palabras: “al ver la negligencia de las autoridades y la ineficiencia del sistema jurídico que se resistía a investigar y tras el pago de mordidas”, los afectados de este problema de inseguridad y violación de sus derechos fundamentales, apoyados por las organizaciones sociales y la Iglesia local, empezaron a convocar a reuniones para discutir el asunto. En estas asambleas, en las cuales participaban pobladores de toda la región, autoridades comunitarias, profesores, “se denunciaban los delitos padecidos”.
El segundo.
Seis turistas españolas fueron violadas por hombres armados que iban cubiertos del rostro con un paliacate, quienes se introdujeron la madrugada del lunes 5 de febrero, en una casa de playa que rentaban las visitantes cerca de Barra Vieja, en la zona Diamante.
Primero, los lugareños se acalambran y, sólo algunos apenas “reprochan” el hecho, porque, dijeron, “no se vale que acciones cómo esta vengan a darnos para atrás”, pero ninguno da pista ni seña de los probables agresores a la policía.
Luego, los vecinos colindantes de la franja playera, particularmente los de Playa Bonfil, se deslindan y pintan su raya: “Este lamentable hecho ocurrió realmente en una casa de descanso ubicada en San Andrés Playa Encantada, que corresponde a la comunidad de El Podrido y que colinda con Barra Vieja. Son 20 minutos de distancia en carretera desde playa Bonfil hasta playa Encantada”, aclaró el presidente de la Asociación de Restauranteros Bonfil Diamante, Sergio Mejía Vargas. “No ocurrió aquí, es el otro pueblo de al lado”, subrayó.
Después, familiares, amigos y vecinos de los primeros detenidos, protestan y reclaman por presuntos abusos y tortura de la policía, denuncian y acusan fabricación de chivos expiatorios, y alegan y sostienen la total inocencia de los suyos. Como los anteriores, tampoco estos supieron, vieron ni denunciaron nada ni a nadie
Y es que, según el delegado municipal de San Andrés, Francisco Salas Cortez, “la gente de aquí no fue, son gente que vino y se fue”. –¿Por qué está seguro de que no fueron personas de aquí los agresores? –le preguntó un reportero. “Porque a las personas se les conoce, habrá chamacos inquietos que pueden andar tomados, que de alguna manera estén haciendo una travesura, pero de andar haciendo esa situación imposible, eso lo rechazo, conozco a la gente y a los muchachos”, respondió.
Pero otros se atrevieron incluso a desacreditar a las víctimas: el presidente del comisariado ejidal de El Podrido, Francisco Tlalmanalco Bernal, comentó que “hay rumores por ahí de que las muchachas andaban como Dios las mandó al mundo, en la playa, creo que hay motivos y razón para que haya pasado ese tipo (de situación), pero tampoco es justificable”; y Reynol Gómez Escalera, como parte de la sociedad de Playa Encantada, aseguró que “quienes han tenido acceso a las indagatorias, algunos me han comentado que las presuntas violadas no quisieron, se negaron rotundamente a que se les examinara, no presentaron huellas de violencia, no hubo nada”.
Y el 12 de febrero, habitantes de la colonia Alfredo V. Bonfil, al oriente de Acapulco, instalaron un retén nocturno en la carretera a Barra Vieja, no para impedir el ingreso de delincuentes o personas armadas a la comunidad, sino ¡de la policía!… perdón por la admiración editorial.
Hasta aquí los hechos duros y generales.
Seguro más de un lector tiene ya una opinión razonablemente clara y concluyente sobre los hechos, los involucrados y sus circunstancias, a partir de la reacción de unos y otros al enfrentar sus conflictos y resolver el dilema respectivo.
Si ya más de uno, y si no, pos ni modo, permítanme ahora todas sus mercedes decirles lo que pienso yo, explicando antes mis razones para ello. Que en realidad, más que razones son respuestas que considero concluyentes a preguntas obvias, obligadas, lógicas, inevitables, necesarias y concluyentes… además de afectuosamente respetuosas para mis paisas y compas de ambos casos.
¿Por qué unos se unen para enfrentar a la delincuencia, y los otros para enfrentar a la policía?
¿Por qué unos denuncian y exhiben a los delincuentes, y los otros los toleran y esconden?
¿Por qué unos dicen que todos saben quiénes son los malos, y los otros dicen que nadie sabe quiénes violaron a las españolas?
¿Por qué unos se dicen agraviados, ofendidos, lastimados y agredidos por el crimen y la violencia, y los otros por las investigaciones y detenciones policiacas?
¿Por qué los otros sólo reprueban y lamentan, y no condenan y repudian la vejación de seis mujeres inocentes? ¿Por qué algunos de los otros no denuncian ni cooperan para encontrar a los victimarios, y sí agreden a las víctimas con el descrédito calumnioso y misógino?
Y es que, con respeto pero también con franqueza, decir que las españolas mienten o que las violaron porque andaban encueradas, está tan o más pior que decir que las violaciones masivas suceden en “cualquier parte del mundo”. Más lamentable lo segundo, porque lo dijo el alcalde, pero no menos lamentable sólo porque lo dijo la gente.

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