Madero fue un pésimo presidente, pero abrió el debate sobre la democracia, reflexiona historiador
Yanireth Israde / Agencia Reforma
Ciudad de México
“Madero fue un pésimo presidente, pero es un personaje histórico”, contrasta el historiador Javier Garciadiego, presidente de El Colegio de México, institución que organiza junto con la UNAM, el INAH y el INEHRM el coloquio Crónica de un cuartelazo anunciado, para rememorar el centenario del derrocamiento del político.
“En historia tenemos el tiempo corto y el tiempo largo. En el tiempo corto, Madero fue un pésimo gobernante, un pésimo presidente en medio de una enorme ingobernabilidad. Prácticamente a semanas de haber tomado el poder, y hasta el último día, tuvo una rebelión que enfrentar: la reyista, la zapatista, la orozquista, la felicista y, finalmente, el cuartelazo de febrero, por mencionar las más importantes”.
Pero en el tiempo largo su aportación fue mayúscula porque introdujo en México la discusión de la democracia, explica Garciadiego, quien considera el cuartelazo de febrero de 1913 como un momento que cambió el rumbo de la Revolución.
“Acaba una fase fallida, que es la de Madero, y comienza la fase de Carranza con una naturaleza absolutamente distinta en cuanto a la participación de grupos populares, nuevos objetivos y nuevas banderas. No hay continuidad lineal entre la fase maderista y la fase carrancista”.
En el coloquio gratuito, que arranca hoy y continúa mañana en las instalaciones del INEHRM (Madero 1, San Ángel), participarán 21 ponentes, la mayoría historiadores, aunque también acuden especialistas en otras disciplinas —por ejemplo el caricaturista Rafael Barajas “El Fisgón” o la investigadora de fotografía Rosa Casanova— para hablar de cómo se registro el cuartelazo en diversos medios.
“Queremos reflexionar sobre lo vulnerable que fue ese gobierno democrático y lo vulnerables que son, en otras condiciones, todos los gobiernos democráticos. El gobierno de Madero fue vulnerable a un Ejército federal que ambicionaba recuperar el poder, a una embajada norteamericana que quería que abortara el proceso mexicano; hoy en día las amenazas a los procesos democratizantes en México son otras. Sobre eso queremos reflexionar”.
Imágenes diurnas de la Decena Trágica
La herramienta principal de los fotógrafos durante la Decena Trágica era la luz de día, por eso apenas existen imágenes nocturnas, apunta el investigador Samuel Villela. Obligados a cargar una cámara y un tripié que pesaban de 5 a 8 kilogramos, los fotógrafos enfrentaban limitaciones técnicas y de movilidad.
“Casi todas las imágenes se centran en el trayecto que va de La Ciudadela a Balderas. Como ahí están concentrados los felicistas (partidarios del golpista Félix Díaz), es donde se toma la mayoría de las imágenes, yo creo que el 80 por ciento”, calcula.
Tampoco existen fotografías de las reuniones de Victoriano Huerta con el Embajador Henry Lane Wilson ni de los participantes en el Pacto de la Embajada del 18 de febrero de 1913.




