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Publica la Secretaría de Gobernación la semblanza de Rosendo Radilla, el campesino desaparecido por el Ejército en 1974

Rosendo Betancourt Radilla

Chilpancingo

La Secretaría de Gobernación (Segob) publicó, obligada por una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh), la semblanza del campesino guerrerense Rosendo Radilla Pacheco, quien fue detenido-desaparecido por el Ejército en 1974.
El documento de más de 100 páginas es titulado Señores, soy campesino. Semblanza de Rosendo Radilla Pacheco, desaparecido y en él, el gobierno mexicano se disculpa de las atrocidades que cometió en el período de la guerra sucia y reconoce lo que negó por décadas, que el Estado lo desapareció.
Está basado en un libro biográfico que escribió la profesora de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) e hija del luchador social, Andrea Radilla Martínez, en testimonios de sus 11 hijas y su hijo y en un trabajo de la psicóloga Jimena Antillón de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH).
Si bien el título evita decir que quienes lo desaparecieron fueron efectivos del Ejército, en el transcurso de la lectura no queda duda de que hubo violación sistemática de los derechos humanos de cientos de guerrerenses por las fuerzas castrenses.
El caso Radilla es emblemático del actuar de los soldados contra la población civil y eso lo deja claro el texto, pues publica en su anexo número uno la lista de los nombres completos de 609 desaparecidos en esa época, sólo en Atoyac de Álvarez, de los cuales la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos en México (Afadem), tiene un expediente de cada uno de ellos.
El título del texto son palabras rescatadas de un corrido de Radilla Martínez que se llama El Guerrillero y que como todos los corridos que se tienen de él, por audiocassettes, se reproducen en el documento.
Pero El Guerrillero marca la pauta del libro que publica la Segob porque la primera estrofa: Señores soy campesino / del estado de Guerrero / me quitaron mis derechos / y me hicieron guerrillero, es el prefacio y más adelante se justifica el movimiento armado de Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vásquez Rojas debido a la represión que ejerció el gobernador Raúl Caballero Aburto, quien estuvo al frente de la administración de 1957 a 1961 y no logró terminar su cargo debido a la presión social.
“Raúl Caballero Aburto rebasó los límites soportables por los gobernados y provocó que en todo el estado se formaran coaliciones populares… las demandas populares fueron planteadas dentro de los cauces legales. Una vez agotados estos medios y teniendo la represión como respuesta, el nivel de participación se expresó en el plano clandestino”, se lee en la página 16.
Incluso justifica que el emblemático guerrillero Lucio Cabañas Barrientos haya dejado su profesión de maestro de primaria para irse a la sierra y conformar la guerrilla, porque después de un conflicto magisterial el 18 de mayo de 1967 “las autoridades de Atoyac habían acallado las voces de descontento masacrando a la población”. Fue cuando las mujeres sacaron entre sus rebozos a Cabañas y éste se refugió en la sierra, relata el texto.
En el perfil biográfico de Radilla Pacheco, se destaca la afición del luchador social por el cultivo del café y su labor como ganadero y cómo su arduo trabajo lo llevó a ser un líder de su pueblo, porque resolvía conflictos personales y del municipio. Así lo relata una de sus hijas, Andrea Radilla Martínez “(la casa) siempre estaba llena de gente que lo buscaba por cualquier tipo de problemas. Para pedir a una novia raptada o huida, para los gastos de una boda, para sacar a un preso, para un enfermo que no tenía dinero”.
Del trabajo que hizo por Atoyac, en el libro se relata que promovió la primaria Modesto Alarcón, de la escuela secundaria federal Número 14, la escuela secundaria técnica del Río de Santiago y la escuela primaria Lázaro Cárdenas”.
“Como presidente municipal realizó la construcción de los primeros cuatro puestos del mercado municipal, adquirió el primer camión de limpieza y gestionó la construcción del cuartel militar”, agrega.
Además de su activismo, su labor en el campo y el cuidado de sus 11 hijas y un hijo, Radilla Martínez se daba el tiempo para componer corridos con sentido social. Escribió para resaltar las figuras de Lucio Cabañas Barrientos y Genaro Vásquez Rojas y relató la matanza del 18 de mayo en Atoyac. Todos sus corridos se reproducen en el libro.
En el apartado “Guerrero y la guerra sucia”, el texto da cuenta de que en la entidad se realizaron 14 campañas militares y “quedaron suspendidas de hecho las garantías constitucionales y la violación a los derechos humanos era algo cotidiano”.
Ese período, del que no se especifican fechas en el libro pero que transcurre de 1967 (año en el que Lucio Cabañas inicia la guerrilla) a 1974 (año en que es desaparecido Rosendo Radilla) una de sus hijas dice que “el Ejército llegó a Atoyac y  el pueblo fue militarizado”.
“El glorioso y respetado Ejército mexicano que defendería a nuestra nación, como lo describía nuestro padre, estaba acabando con el pueblo. Mataba y desaparecía a ciudadanos a sangre fría y sin misericordia. Hombres sin escrúpulos convertidos en asesinos. El rostro de Rosendo Radilla cambió, ya no reía, su gesto era de preocupación y se sentía impotente por no poder defender a su gente, la Constitución que usaba para defenderse no tenía validez”, recuerda su hija.
Ante esa circunstancia, el campesino guerrerense decidió enviar a su familia a la capital del estado, lo que le generó muchos gastos y le impidió seguir con su vida cotidiana, no podía trabajar y tenía que comprar lo que antes producía, recuerda su hija “debíamos comprar alimentos que en Atoyac teníamos. Fuimos desplazados de nuestro pueblo”.

Ya te chingaste

Radilla Pacheco fue detenido el 25 de agosto de 1974 cuando viajaba de Atoyac a Chilpancingo con su hijo menor, Rosendo Radilla Martínez, entre los poblados de Cacalutla y Alcholoa un retén militar detuvo la línea de la Flecha Roja en que se transportaban.
Su hijo declara en el libro de la Secretaría de Gobernación: “En ese tiempo bajaban a todos, revisaban maletas, tiraban todo, era un desastre y cuando revisaron todo dejaron subir a todos pero a nosotros nos dijeron que no nos podíamos subir”.
“Entonces mi padre rápido le preguntó al que estaba al mando ‘¿de qué se me acusa?’ y el militar le contestó ‘de componer corridos’. Mi padre contestó con la tranquilidad que le caracterizaba ‘¿eso es delito?’ y le respondieron ‘no, pero mientras ya te chingaste’”.
El hijo de Radilla Pacheco tenía 11 años cuando eso sucedió, “quería escapar de ahí, pero al mismo tiempo no dejar a mi padre en manos de los militares, deseaba tener tanto poder para desaparecer aquello que semejaba a una pesadilla. Parecía que el tiempo no existía, tal vez fueron varias horas las que pasé en el retén con él”.
El documento recuerda que la familia del luchador social acudió con el secretario particular del gobernador Israel Nogueda Otero, Juan Nogueda Soto quien les dijo que estaba imposibilitado para hacer algo, acudieron a la prensa y al Partido Socialista de los Trabajadores “fue así como comenzó el largo peregrinaje de los trabajadores” pero “nadie sabía nada”.
En el libro se informa que la militarización y la desaparición de Rosendo Radilla no sólo se afectó a su familia, sino a su comunidad “los impactos de este contexto dejaron el rompimiento de la vida cotidiana, el desabasto de alimentos de las comunidades, la inhibición de la participación política de la población, la implantación de un clima sicológico de terror, lo que aconteció fue la ruptura del tejido social de la comunidad de Atoyac”.
Tras la intensa lucha de sus familiares, principalmente de su hija Tita Radilla Martínez, el 7 de julio del 2009 se realizó una audiencia sobre el caso en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) y el 23 de noviembre del mismo año dictó sentencia.
Declaró por unanimidad que “el Estado mexicano es responsable de la violación de los derechos a la libertad, la integridad y a la vida en perjuicio del señor Rosendo Radilla Pacheco”.
La Segob reconoce que sólo se han cumplido dos de los puntos que dicta la sentencia, uno es el de hacer pública la misma y el segundo punto que consiste en pedir disculpas públicas a la familia quedó inconcluso, porque en el acto que se realizó en Atoyac no se les invitó, pero se develó una placa en el centro de la ciudad con el siguiente texto:
“El Estado mexicano devela la presente placa a la memoria de don Rosendo Radilla Pacheco y de las víctimas de desapariciones forzadas ocurridas en las décadas de los 60 y 70 en un contexto sistemático de violaciones a los derechos humanos… Este lamentable suceso ha dejado invaluables lecciones a la nación mexicana” y está fechado el 14 de noviembre del 2011.
Sin embargo, aún hay ocho puntos más que se deben de cumplir, entre los que destaca que se modifique el Código de Justicia Militar para terminar con el fuero y que se localice “de manera inmediata” a Rosendo Radilla.
Nadie ha sido apresado por las atrocidades cometidas en Guerrero en esa época y los dos principales señalados por esas acciones ya están muertos y los dos eran militares, uno es Mario Arturo Acosta Chaparro quien fue asesinado de un tiro en la cabeza el año pasado y el otro es Francisco Quiroz Hermosillo, quien falleció por problemas de salud. Ambos fueron vinculados con el crimen organizado y el narcotráfico.
El libro que publica la Segob no precisa el número de ejemplares que se imprimieron, en el documento se lee que la edición salió de la calle Bucareli, del número 99 de la colonia Juárez de la delegación Cuauhtémoc en el Distrito federal y que “consta de x, xxx ejemplares y estuvo al cuidado de la dirección general de Compilación y Consulta del Orden Jurídico Nacional”.
En un recorrido por las librerías de Chilpancingo se constató que aún no se distribuyen los ejemplares que por el momento sólo tienen los familiares.
El libro será presentado el primero de marzo en la Ciudad de México, fecha del nacimiento de Rosendo Radilla Pacheco, el campesino detenido desaparecido en 1974 por componer corridos afines a las luchas sociales.

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