Eduardo Pérez Haro
En la proximidad de los cien días de Peña Nieto
Para Rodrigo Martínez de la Serna
En la proximidad de los primeros cien días del nuevo régimen de gobierno, contrasta el buen nivel de aceptación del Ejecutivo con la revelación de condiciones complicadas, externas e internas, para el cumplimiento de los objetivos del Pacto por México; reconocer sólo lo primero revivifica el estilo de la verdad a medias que siempre termina por diluirse dejando ver con toda crudeza los problemas.
Ahí están la pobreza, el hambre y la violencia que quisieron cubrirse con los discursos de “velar por la seguridad de los mexicanos” o el de la misma “estabilidad económica”, y ahora ambos argumentos han sido ajustados por el imperativo de emprender una cruzada contra el hambre, los mecanismos de autodefensa popular como los del estado de Guerrero, o la misma necesidad de adentrarse en las grandes transformaciones para la modernización productiva de México. Durante no menos de dos décadas se han venido postergando medidas de fondo y ahí están los saldos negativos. El estancamiento y el atraso mas no el desarrollo.
En Estados Unidos se perfila una línea de recorte en el gasto público y con ello el advenimiento de cambios en las inyecciones de liquidez monetaria con las que se ha venido paliando la crisis. De no hallarse los acuerdos para la renovación de sus estrategias tendremos que en lugar de una eventual vía de recuperación asistiremos a una franca pérdida adicional, de al menos medio punto porcentual en la ya mermada dinámica de crecimiento pues se tendrá que ir por el ahorro de 85 mil millones de dólares en el corto plazo con lo que el gobierno norteamericano perderá recursos para incentivar su economía.
En Europa las cosas tampoco terminan por hallar una vía para la recuperación y el crecimiento económicos, lejos de ello los mercados se han puesto muy nerviosos ante el regreso de Berlusconi al frente del gobierno italiano pues este no se alinea claramente con las exigencias del sistema financiero que en todos lados exige el pago de sus adeudos antes de admitir la agenda del crecimiento económico.
Efectivamente una primera cuestión que hay que volver a decir hasta que se reconozca claramente es que el mundo está seriamente afectado por la necedad del sistema financiero, el mismo sistema que en décadas pasadas contribuyó a la dinamización de los circuitos comerciales hasta resolverlo en la globalización ahora frena conservadoramente la modernización productiva que tiene todas las posibilidades tecnológicas pero que no se desplegará plenamente ante la dura postura de los jeques del dinero.
Este es el primer plano de gran dificultad que se enfrenta en el tiempo actual y que amenaza el devenir del presente siglo. Los países desarrollados se endeudaron después de que se debilitaron por entrar al rescate de la crisis especulativa del mismo sistema financiero que ahora se vuelve en su contra provocando que los Estados nacionales se tornen grandes deudores y se les fuerza al ahorro gubernamental para pagar, no importando el desempleo colocado en una espiral de escalamiento internacional.
México ya registra los efectos de esa situación externa pues no vive aislado, más aún, su idea, de las últimas dos décadas, de hacer del comercio exterior el principal motor generador de sus ingresos en la situación de crisis actual de los países desarrollados le repercute doblemente pues sus compradores se retraen y en el interior no tiene ni un oferta suficiente ni una demanda efectiva. Ya decía recientemente el Presidente del Banco de México que le preocupaba que se estuviese configurando una “tormenta perfecta” a lo que habría que agregar lo que señalaba Christiane Lagarde, desde la conducción del Fondo Monetario Internacional, en el sentido de que “en las tormentas perfectas no hay donde guarecerse”.
Apenas nos aproximamos a los primeros cien días de que Enrique Peña Nieto entrara en funciones al mando de la Presidencia de la República y ya se reporta un desempleo mayor (5.1%) al de hace un año (4.9%), se estima una disminución del pronóstico de crecimiento de 3.8% a 3.6%, la inflación se prevé en un nivel superior al 3% que se ha establecido como objetivo –en alimentos es suprior al 8.0%– y la Inversión Extranjera Directa presenta su nivel más bajo de los últimos 16 años.
Las medidas de fondo se suponen tras las reformas estructurales, en lo laboral, educación, energía y fiscal, empero, ¿qué hay de su sentido y ejecución como para suponer que se dirigen a responder a ese entorno de dificultad que viene desde la crisis de los países desarrollados?, ¿qué hay en ellas para el desarrollo del mercado interior que fuera desatendido por décadas?, ¿en qué medida responden a la urgente necesidad de cerrar la brecha de la desigualdad productiva, social y entre las regiones? ¿qué ligas tienen con la innovación que demandan los espacios de oportunidad internacional como el alimentario, la energía y de las materias primas?
Sinceramente no está claro, y en ello existe un riesgo que sí es claro, si no están deliberadamente dirigidas a una modernización tecnoeconómica basada en la modernización productiva sólo servirán a las superelites del poder económico y eso puede ser el talón de Aquiles del regreso del PRI al gobierno de la República, por ello perdió la Presidencia en el 2000 y por ello el PAN perdió la Presidencia en el 2012, y ¡claro!… el país volverá a perder por lo que hace a sus aspiraciones ancestrales de justicia pero también por lo que se refiere a sus posibilidades de subirse a la historia del presente siglo a la manera de los países emergentes como China o la India, Brasil o Turquía.
Una cruzada contra el hambre sólo es una acción de urgencia que si no viene acompañada de la construcción de cadenas productivas en las regiones de menor desarrollo relativo y si éstas no se inscriben con innovación tecnoproductiva de cara a la demanda efectiva interna y externa todo devendrá en literatura por decirlo suavemente. Una reforma fiscal que sólo prevé el aumento del ingreso gubernamental cuyo gasto no se comprometa exante y explícitamente en esta vía de cambios reales no se justifica y sólo erosionará la aceptación del régimen en turno máxime cuando el Presidente saliente dejó abierta la denuncia de que los ricos no pagan sus impuestos.




