Muestra documental la lucha del artista disidente chino Ai Weiwei
Aurélie Daly
En la sección Dictator’s cut del Festival Ambulante Gira de Documentales, dedicada a los Derechos Humanos y la libertad de expresión, se proyectó ayer en la Gran Galería del Centro Cultural Acapulco, un documental sobre el artista chino opositor al régimen Ai Weiwei, titulado Ai Weiwei: nunca se arrepiente, seguido de la mesa de reflexión Arte y nuevas formas de activismo.
La revista Art Review lo designó artista más potente del mundo en 2011 por su militancia y su capacidad para tener una audiencia mundial al mismo tiempo.
Artista mayor del escenario artístico independiente chino, a la vez escultor, fotógrafo, performer, arquitecto y blogger, es la figura por excelencia de la subversión política. Su arte, ante todo, es político, siempre lleva un mensaje de crítica y de oposición al gobierno.
El documental traza la vida del artista, desde su infancia en los campos de trabajo, hasta su exilio voluntario a Nueva York para estudiar Arte y su regreso a China en 1993 donde lanzara con el crítico Feng Boyi, The red flag books, Black cover book, White cover book y Gray cover book, entre 1994 y 1997, serie de publicaciones que se distribuyen en las calles para dar la oportunidad a la gente descubrir obras y artistas contemporáneos.
Su padre, poeta e intelectual, fue denunciado como enemigo del pueblo durante la revolución cultural y mandado con su familia a un campo de trabajo y de reeducación; es el mundo en el que vivirá Ai Weiwei hasta sus 17 años, mientras su padre padecerá las peores humillaciones públicas.
Contestatario, entre las obras más conocidas del artista se encuentra la serie de fotos en las que desdeña con una señal del dedo a la Casa Blanca, a la Torre Eiffel, a la Plaza San Marco en Venecia y la Ópera de Sydney.
Iconoclasta ataca a símbolos como reliquias de la civilización china antigua a través de la destrucción o transformación de vasijas antiguas. En entrevista acerca de su obra, se niega a decir que destruyó una parte del patrimonio histórico de China cuando pintó el logo de Coca Cola en una vasija antigua de la civilización Ming, pero confiesa que al nivel artístico no tiene gran valor y que no se trata de una obra maestra.
Se puede preguntar sobre el valor de su compromiso. Cómo explicar que un artista tan maltratado por el poder instituido, fue invitado por el gobierno a concebir el estadio olímpico de Pekín con dos arquitectos suizos, Herzog y Meuron. Por lo menos, suena contradictorio, aunque el artista llamó al boicot de las Olimpiadas en 2008.
Varios críticos de arte subrayan la diferencia entre la obra mediática del personaje y la pobreza artística de las obras. Dicen que plástica y artísticamente sus obras no tienen gran valor más allá del documental.
En 2007 empieza un blog y rápido se entera del potencial que representa este medio. En 2008 denuncia la responsabilidad del gobierno chino tras las muerte de miles de niños y jóvenes durante el terremoto en la región de Sichuan en 2008, y de ahí crea una obra titulada Rememoration en la fachada del museo Haus der Kunst (Casa del Arte) en Munich en 2009, compuesta de 9 mil mochilas para representar a los estudiantes muertos durante la tragedia, con el mensaje siguiente, Vivió feliz en este mundo durante siete años, frase escrita por los padres de una niña muerta aplastada por los escombros de su escuela.
Arrestado en 2011 por evasión fiscal, es liberado bajo caución algunos meses después y permanece en libertad condicional hasta hoy, condenado al silencio, su blog está cerrado.
La charla que siguió a la proyección del documental tuvo por tema al arte y el activismo, para lo cual fueron invitados el artista visual, Ulises Barreda, el escritor y periodista David Espino y la grafitera Elisa Medina Estrada Rank.
David Espino leyó algunos textos del poeta Antonio Salinas y Ulises Barreda definió al artista como “activista por naturaleza”. La joven artista Rank, encargada del proyecto casa Faro Zapata explicó su compromiso con la gente de las colonias Emiliano Zapata y Ciudad Renacimiento.
“Queríamos que los chavos que hacen grafiti lo pudieran hacer legalmente”, declaró Rank, lo cual suenó contradictorio con la esencia misma del grafiti porque éste es por escencia anti institucional.
El grafiti es por definición ilegal, es lo que da sentido al arte grafitero como contestatario al orden establecido. Legalizarlo es matar su capacidad de criticar a la sociedad y la política.
La Casa Faro Zapata está realizando una labor importante en colonias con fuerte índice de violencia, pero se trata más de acción social que política.
Invitar a una mesa de diálogo sobre la subversión por medio del arte a gente comprometida con el gobierno, aunque sea con una institución de cultura a favor de la apertura intelectual y artística, tuvo algo de paradójico.
Y cómo olvidar relacionar el documental sobre Ai Weiwei a la situación que conoce México en cuanto a la impunidad del gobierno? ¿Cómo no pensar en las matanzas que quedan sin juzgar? ¿O los movimientos de rebelión ahogados por el poder político?




