La piedra ausente, un vistazo a la centralización del poder político y el traslado de Tláloc al DF
Aurélie Daly
La co-directora del documental La piedra ausente, Sandra Rozental, que investiga las implicaciones del traslado en 1964 del monolito que representa al dios Tláloc, la piedra tallada más grande América, desde el pueblo de San Miguel Coatlinchán, en el estado de México hacia la Ciudad de México donde se encuentra actualmente, frente al Museo Nacional de Antropología, estuvo ayer en el Fuerte de San Diego para contestar las preguntas del público, después de la proyección de su documental como parte del Festival Ambulante, Gira de Documentales.
Antropóloga de formación, Rozental realizó este trabajo cinematográfico para su tesis doctoral.
“Es un proyecto que empecé para mi tesis doctoral, no sabía dónde iba. Busqué mucho material visual sobre el traslado de la piedra, sobre el pueblo y a fin de cuentas encontré más material visual que documentos escritos. Encontré un archivo muy interesante de Ramírez Vázquez que es un arquitecto de gran relevancia. Es el autor de muchos de los edificios del siglo XX, la mayoría de los proyectos del estado como el Museo Nacional de Antropología, la Torre de Tlatelolco, la Basílica de Guadalupe”, explicó la investigadora.
A raíz de la cantidad de material fílmico que encontró sobre el tema,surgió la idea de hacer un documental con la confrontación de imágenes de archivos y filmaciones actuales, por lo que buscó a un cineasta para colaborar en el proyecto.
“Viví un año en Coatlinchán antes de empezar a filmar por lo que desarrollé relaciones íntimas con la gente del pueblo. Pensé en colaborar con un cineasta. En la escuela de Nueva York donde estudié la carrera de Culture and Medias, nos enseñaron edición, pero no era suficiente, quería hacer una codirección con un profesional, lo que no suelen aceptar los cineastas. Entré en contacto con el Jesse Lerner, un cineasta que tiene una trayectoria muy establecida para que me sugiriera a alguien, sin pensar un minuto que él iba a querer colaborar conmigo. Jesse es muy abierto a la colaboración y de inmediato le interesó la idea”, recordó.
“Lo llevé al pueblo para que hiciéramos pruebas. Yo ya casi tenía 4 años trabajando con la comunidad, había establecido un clima de confianza con la gente del pueblo por lo que me preocupaba un poco saber cómo lo iba a manejar él. Me gustó mucho la relación que entabló con la gente. Vino sin cámara. A principios de 2009 empezamos a filmar y hasta fines de 2012 se finalizó. Tomó tiempo por varias razones, primero por la investigación académica y luego porque no era nuestro trabajo principal, yo tenía mi tesis y él daba clases en el Fairmont College en Los Ángeles. Tuvimos el privilegio de tener tiempo. Recibimos el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia para la producción y de parte del Foprocine (Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad) y del Instituto Mexicano de Cinematografía para la posproducción. Tienen un calendario pero con mucha flexibilidad sobre todo para los documentales. La producción fue más inversión de tiempo que de capital. Por ejemplo, queríamos hacer una toma de un ritual que se lleva a cabo en abril pero llovió por lo que decidimos esperar hasta el siguiente abril, pero hubo un problema en el pueblo y ya no quisieron ir”, narró.
El documental además de imágenes de archivos y de filmaciones actuales, recurre a animaciones para plasmar las leyendas que existen alrededor del enorme monolito.
“Las animaciones las realizó un colectivo de jóvenes, View Master, que desarrolla una técnica de animación más artesanal. Queríamos algo más a la antigua. Filmamos en celuloide, lo que es muy raro, ahora todo se hace en video HD. Es una técnica que cuesta muy cara pero era necesaria por el tipo de textura al que queríamos llegar. Queríamos que todo tuviera concordancia con el material, algo que reflejara la esencia del documental.
La historia contada a través de las animaciones, ilustra una historia plasmada de documentos del siglo XVI en la que el emperador Moctezuma tuvo augurios de la llegada de los españoles y ordenó hacer una estatua. Según la leyenda, la piedra se resistió y se regresó al lugar donde la habían encontrado. La misma animación que cuenta la leyenda de Moctezuma al principio regresa al final en marcha atrás para plasmar el regreso de la piedra a su lugar de origen, como un remind, una pausa a la historia”.
Con este documental, la joven antropóloga y directora de cine confronta a los diferentes actores del traslado de la piedra con la gente del pueblo y busca cuestionar el concepto de poder a través de la centralización del patrimonio arqueológico en la capital.
“La primera animación enmarca la historia de la piedra pero sobre todo el poder, cómo ha funcionado en México. Esta centralización del patrimonio arqueológico existe en otros países; Napoleón en sus campañas en Egipto extrajo piedras para llevarlas a la capital, Francia con las ex colonias, Estados Unidos con el patrimonio indígena. El punto en México, es que este patrimonio no pertenece a una comunidad específica, es de todos los mexicanos. En México no hay este cuestionamiento, no hay postura. El documental es una critica a esto. Asimismo, este documental busca abrir la discusión. ¿Por qué siempre ha estado centralizado? Sin embargo, en México hay una convivencia con este pasado, en cada casa hay piedras prehispánicas. Y si no hubiera sido traslada esta piedra, estaría grafiteada hoy? O en un museo comunitario? Es una pregunta que no se ha hecho”.
Con este documental abre una reflexión sobre la construcción de la identidad nacional a través de piezas artísticas altamente simbólicas.
“Esta piedra es una de las piezas más icónicas de la identidad nacional, al lado de la cabeza olmeca y de la piedra del sol. Forman parte de una identidad homogénea. Su particularidad es que es el único monumento prehispánico que se encuentra en un espacio público, que entra en la cotidianeidad de la gente y es la única que fue traída; la piedra del sol fue descubierta en el Zócalo. (Este documental) es una reflexión sobre la propiedad del patrimonio en México. Cómo ha funcionado el poder, la fe en la tecnología en los años 60, como si fuera la llave del progreso. Desde la historia oficial hasta la arquitectura modernista de los años 30 y 40 hay una obsesión para el pasado prehispánico. El discurso sobre los antepasados prehispánicos para muchos es una pura certeza, hay gente que puede recitar de memoria la genealogía de los reyes de Tenochtitlan”.
“Es una manera de crear ciudadanos nacionales con el discurso prehispánico del Estado. Es el éxito más grande del nacionalismo a través de la figura del antepasado azteca, es un discurso construido. No hay iconoclasmo de los símbolos nacionales. No puedes desacralizar un símbolo nacional. Por ejemplo, si hubiera querido ponerle una cabeza de Mickey a la piedra, hubiera tenido que pedir permiso y nunca me lo hubieran dado”.
“El proceso de construcción nacional en México es muy fuerte. Creo que es el país donde ha habido más fuerza en la construcción de una identidad homogénea. La manipulación de los objetos es muy poderosa porque no es sólo un objeto que mueves sino todo un sistema”, concluyó.




