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Filma Carlos Cuarón la historia de amor Besos de azúcar en el barrio bravo de Tepito

Oliver Zazueta / Agencia Reforma

Guadalajara

Para un chilango como Carlos Cuarón, como él mismo se define, Tepito es un lugar común y también un universo lleno de mitos y leyendas, el lugar perfecto para filmar una historia de amor.
El cineasta, hermano de Alfonso Cuarón, reconoció que realizar Besos de azúcar en ese barrio pudiera parecer un cliché, pero era el mejor ambiente para reflejar su idea de la idiosincrasia nacional en el filme, que compite en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara.
“No hay lugar común más grande que la realidad, y Tepito es parte de eso, sabemos que es un microcosmos de México en general y del México criminal, porque es bien interesante cuando te metes ahí y empiezas a escuchar todas las historias. Es muy impresionante la cuestión de la identidad cultural, hay una gran cantidad de altares a la Santa Muerte y el mundo mismo de los tiangueros es muy alucinante”, dijo.
Y por estos días también se grabará en el Barrio Bravo una serie dirigida por Daniel Giménez Cacho para Canal Once, Crónica de castas.
Besos de azúcar, cuyo estreno comercial podría ser en octubre, retrata la relación entre Mayra, hija de una de las líderes del mercado, y Nacho, hijastro de un tianguero y fanático de los videojuegos de baile.
El relato es una especie de Romeo y Julieta del siglo 21, aunque Cuarón reconoció que en la película hay también influencias de Los 400 golpes (1959) y Melody (1971).
Los protagonistas son dos debutantes, César Kancino y Daniela Arce, quienes surgieron de una serie de talleres de actuación, con duración de un año, impartidos por Paloma Arredondo.
Para Cuarón, trabajar con adolescentes fue enriquecedor y completamente opuesto a lo que fue dirigir a Gael García Bernal y Diego Luna en Rudo y cursi, su ópera prima.
“La experiencia hace la diferencia, para bien o para mal, porque te da oficio, pero también te da arrogancia. No tuve la seguridad de los niños, pero tampoco tuve su arrogancia. Gocé el proceso de estar con ellos”.
Otro de los temas a los que se enfrentó fue a conocer más de cerca una problemática que le concierne como creador cinematográfico: la piratería, que se ve reflejada en la película.
“Es muy loco enfrentarte a la propia realidad, ver cómo el fenómeno de la piratería está totalmente segmentado, entonces, hay piratería al mayoreo y menudeo, y todo eso sucede enfrente de las autoridades. Quiero pensar que no (esté ya la película en la piratería), porque hablaría pésimamente de nosotros, creo que la vamos a empezar a ver ahí después del estreno comercial, no con un festival”.
Mientras tanto, el guionista, Luis Usabiaga, bromeó con la imagen de Elba Esther Gordillo asegurando que la idea de la cinta y de uno de sus personajes, La Diabla, madre de Mayra, le había surgido en la playa de Zipolite, cuando cayó un rayo y se imaginó a la ex líder sindical haciendo el amor con su avatar.

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