Revela el historiador Antonio Saborit en un libro aspectos poco conocidos de la Decena Trágica
Oscar Cid de León / Agencia Reforma
Ciudad de México
El 22 de febrero de 1913, Madero y Pino Suárez están presos en el Palacio Nacional. Les han comunicado que los encaminarán a un exilio cubano que no llegará. El auto que los traslada se ha desviado y de entre las ventanillas se dibuja el perfil de Lecumberri, donde serán asesinados.
Héctor de Mauleón se ubica en ese justo momento para preguntarse un qué pasó durante aquellos días a propósito de la presentación del libro Febrero de Caín y metralla, La decena trágica, una antología de crónicas y textos críticos de época preparada por el historiador Antonio Saborit.
El volumen, presentado ayer en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, ahonda en los días de la Decena Trágica, que dejaría un hueco en la prensa debido a que los diarios no registraron los acontecimientos. No había entonces luz y apenas teléfono; ni policías, tranvías, servicios.
“El papel de la prensa fue precisamente algo que no nos contaron del todo bien”, señaló por su parte Rafael Pérez Gay.
De Mauleón y Pérez Gay fueron quienes presentaron el libro de Saborit, quien a través de las páginas compiladas no sólo repasa la Decena Trágica, que se presentaría como uno de los sucesos históricos más dramáticos que vivió la ciudad de México, sino que va meses atrás, partiendo de los días en que Madero publicó La sucesión presidencial de 1910. Poco tiempo después entraría a la ciudad como caudillo, entre celebraciones populares, para terminar meses después como un hombre señalado, centro de las burlas, maltratado por los medios.
“La prensa haría pedazos al primer político moderno de México”, recordó el antologador. “Para saber lo que hay en medio de todos esos meses, desde esa ebriedad de las muchedumbres ante su llegada, hasta el momento en que es abandonado por el pueblo, es indispensable acercarnos a los textos que reunió Saborit”, advertiría De Mauleón.




