Rosa Icela Ojeda Rivera
Los diversos feminismos
Hace 103 años Clara Zetkin propuso al Congreso Internacional de Mujeres Socialistas la institución del día internacional de la mujer, aunque fue el 8 de marzo de 1911 cuando mujeres de Alemania, Suiza, Austria y Dinamarca reunieron a más de un millón de personas, hombres y mujeres, para promover el reconocimiento de los derechos de la mujer, el derecho al trabajo, a la formación profesional y en contra de la discriminación laboral.
El día internacional de la mujer surgió vinculado a la ideología socialista, a la lucha de clases y contra la explotación capitalista. La unidad entre feminismo y socialismo tuvo por fruto la elaboración sobre la doble opresión de las mujeres: la del capitalismo y la del patriarcado. Su planteamiento sobre la doble jornada visibilizó el trabajo doméstico que realizan las mujeres como un trabajo no pagado, ni socialmente reconocido. Las feministas socialistas que instauraron el Día Internacional de la Mujer cuestionaron que la función biológica de la maternidad fuera endosada con el cuidado de los hijos en lugar de ser una tarea compartida con los progenitores varones, asumida socialmente y admitida como responsabilidad del Estado.
Las feministas de la igualdad desde finales del siglo XVIII, demandaron igualdad de derechos para mujeres y hombres, este feminismo fue revisado y renovado dando origen al feminismo de la segunda ola que emergió a inicios de los años 70 del siglo XX e hizo posible que durante los años 90 se abriera una nueva fase, cualitativamente superior, que cuestionó el modelo económico por descargar sobre los hombros de las mujeres sus altos costos; también se manifestó inconforme con un régimen político que perpetúa, renueva y retransmite el sistema de género, cuya parte sustantiva descansa en la exclusión de las mujeres del ámbito público, en su subordinación y en la perpetuación de todas las formas de violencia, incluyendo la sexual, como mecanismos de sometimiento, dominio y control.
Las feministas de la igualdad, en el último tercio del siglo XX, pugnaron por el establecimiento de políticas de igualdad de oportunidades y en el ultimo decenio de ese siglo lograron el establecimiento de medidas de acción afirmativa. El mayor rendimiento de sus acciones fue posible en el marco de la instauración democrática.
Las feministas socialistas y las feministas de la igualdad buscaron la interlocución con el Estado, le demandaron la construcción de una agenda con perspectiva de género, la modificación de leyes y la creación de otras que eliminaran la discriminación, establecieran la igualdad y el derecho a una vida libre de violencia, así como una representación femenina en los espacios de la política formal de un 33 por ciento, porcentaje que las feministas europeas llamaron “masa crítica”, porque es el mínimo aceptable para la toma de decisiones públicas que contribuyan a modificar la condición de las mujeres.
Las feministas de la diferencia, aunque no se orientaron por la interlocución con el Estado, ni estuvieron de acuerdo con el ingreso de las mujeres a la política formal, contribuyeron a modificar la concepción de la política, a no verla como algo que se realiza únicamente en las instituciones. Modificaron su concepción de lo político. Al romper la dicotomía entre lo público y lo privado mostraron que cada problema que aqueja a las mujeres en el espacio doméstico, como la violencia y su falta de libertad en el ejercicio de su sexualidad, es a la vez público.
Cuestionaron la concepción de democracia procedimental, que restringe sus derechos políticos a la emisión del voto planteando la necesidad de construir un régimen democrático desde sus propios cuerpos. Formularon consignas como ¡Si la mujer no está, la democracia no va!
Entre la acción y la reflexión teórica de los feminismos socialista, de la diferencia y de la igualdad, se generaron espacios para la diversidad gracias a lo cual surgieron otros feminismos como el indígena, el feminismo afromestizo, el de la diversidad, autónomo, académico, institucional, lésbico, post-colonial, popular y post-moderno, entre otros que desde su campo de acción y con un pensamiento cada vez más propio (que rompe con la mirada eurocéntrica), reflexionan y actúan día a día respecto de los avances de las mujeres.
A pesar de los avances promovidos por las feministas mexicanas existe una excesiva formalidad en el tema de los derechos de las mujeres, las políticas sociales del Estado mexicano y las instituciones gubernamentales de la mujer, ejercen programas y acciones bienestaristas y asistencialistas que en muchos casos terminan por reafirmar la subordinación y la dependencia económica de las mujeres a la vez que multiplican sus tareas como responsables de la familia y su comunidad. Las mujeres han terminado convertidas en administradoras de la pobreza, una pobreza que es el resultado de un modelo de desarrollo que prioriza el crecimiento económico sobre el desarrollo humano.
La adopción de las cuotas de género es una medida temporal que parece haber llegado a su límite sin haber producido los resultados esperados. Los partidos políticos y las instituciones electorales han desarrollado nuevas formas de resistencia a la aplicación de las medidas de acción afirmativa; se ha recrudecido la violencia extrema contra las mujeres, más aún en las entidades donde se combate la violencia de grupos fácticos con medidas policiacas y militares; en más de la mitad del país se ha penalizado el derecho de las mujeres a decidir sobre el tiempo, modo y circunstancia de ser madre o no serlo.
El feminismo que es acción y pensamiento crítico, elaboró propuestas civilizatorias distintas, colectivas, pacíficas; contribuyó con nuevas formas de ejercicio del poder no determinadas por la dominación, la excusión y la subordinación; abrió nuevos caminos en los que cada cual pudo conquistar su voz; aportó a la existencia de una multiplicidad de prácticas de los variados feminismos con los que arribamos al siglo XXI. Muchos hombres codo a codo con las feministas hoy construyen nuevas masculinidades, eso es en definitiva lo medular, como lo es la incorporación de una nueva generación que culminará la tarea iniciada hace dos siglos, consistente en la erradicación de la desigualdad, la conquista del más irrestricto de los respetos a la diversidad y la supresión de todas las formas de discriminación.




