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Aún domina el machismo en el arte, acusa la artista Betsabeé Romero

Oscar Cid de León / Agencia Reforma

Ciudad de México

Se daba por hecho que el papel de la mujer dentro del arte contemporáneo era ya el mismo que el del hombre, que estaban a la par, sin distingos de ningún tipo, y de allí la pregunta: ¿Costó trabajo a las artistas hacerse de su lugar?
“¿Que si costó trabajo? Sigue costando, porque sigue dominando el machismo y las diferencias”.
La que responde es Betsabeé Romero, una de las artistas con mayor reconocimiento en el panorama mexicano del arte actual. Es visitada por Reforma en su taller de la Colonia Álamos, de donde salieron recientemente una serie de piezas que habrán de exponerse a partir del 14 de marzo en una individual que alista para el Katara Cultural Center, en Doha, Qatar; lo siguiente es preparar una instalación que se exhibirá en la Universidad Iberoamericana.
Cuando habla de las diferencias de género que aún son patentes en el mercado y las instituciones, pone como ejemplo al Museo Pompidou de París, de cuyo acervo sólo el 10 por ciento representa a obras creadas por mujeres, y se refiere a un contexto en el que, según sus apreciaciones, dos de los cuatro exponentes más importantes del arte contemporáneo francés son mujeres: Annette Messager y Sophie Calle. Los hombres serían Daniel Buren y Christian Boltanski. Dos y dos.
Y eso, dice, sucede en prácticamente todos los museos del mundo, sin exceptuar a los mexicanos, así como en todas las colecciones privadas y las pujas en subastas.
“La proporción de mujeres representadas sigue siendo muy baja”, lamenta.
Pero que no se perciba que es un problema de calidad. En México, asegura, como en otros ámbitos, las letras o la música, hay mujeres relevantes en el arte actual, desde figuras ya consolidas en el plano internacional, como Teresa Margolles, como las que se abren paso de forma firme, entre ellas Mariana Castillo Deball.
“La representación de las mujeres en el arte mexicano es importantes”, subraya. “Lo podemos ver hasta en las escuelas de arte, donde el número de alumnas y alumnos es muy semejante, incluso hay más mujeres. Eso no sucedía, por ejemplo, a principios del Siglo 20, cuando las mujeres ni siquiera tenían derecho al mismo tipo de educación artística que los hombres”.
Y es que mientras ellos iban a San Carlos, por ejemplo, ellas ingresaban apenas a las escuelas de artes y oficios. “Eso, por supuesto, ya se superó desde hace mucho”.
Las mexicanas se han ido ganando un lugar, aunque aún no se consolide la presencia, lamenta, esto debido a que siguen imperando las diferencias de género, el prejuicio a lo femenino, aún cuando la referencia quizá más importante del arte nacional tanto en el interior del País como desde el exterior es una mujer: Frida Kahlo.
Kahlo, por ejemplo, supo hacerse de un lugar en un ámbito machista, recuerda Romero. Pero no todas, aunque tuvieron los méritos, fueron reconocidas en su justa dimensión: “Inclusive hay ejemplos como los de María Izquierdo, quien casi se quedó hemipléjica de pedir espacio para un mural; siempre se lo habían prometido y a la mera hora nunca se lo daban”.
De alguna forma, la discriminación sigue presente. Pero, ¿cómo erradicarla?
Romero no cree en las cuotas de género por parte de los museos institucionales: “No se trata de eso… Creo que las luchas se deben llevar a cabo en otros ámbitos”.
Se refiere a que la igualdad entre hombres y mujeres en el arte no se alcanza necesariamente desde el arte, sino desde abajo

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