Llaman veteranos documentalistas a los más jóvenes a aceptar filmar por encargo
Oliver Zazueta / Agencia Reforma
Guadalajara
“Por amor al arte” es una sentencia que en el género documental ha sido transmitida entre sus realizadores, sin embargo, de acuerdo con algunos cineastas, esta condición debe dejarse en el pasado y aceptar “la prostitución” de realizar filmes por encargo.
Entre anécdotas curiosas, los realizadores Everardo González, Nicolás Echeverría y Federico Weingartshofer, moderados por Pau Montagud, charlaron ewl viernes dentro de DocuLab del FICG28, sobre este tema.
“Hay una idea equivocada, heredada, de que uno debe pertenecer a los mundos que uno retrata, entonces siempre andas cargando con culpas de clase y ése es uno de los grandes absurdos, sobre todo, si de esto se quiere vivir”, apuntó González, director de Cuates de Australia (2012).
Los documentalistas abordaron, también, el tema de la relación legal entre los productores y el realizador.
Echeverría, director de filmes como El Niño Fidencio (1980) y María Sabina, Mujer espíritu (1978), aseguró que en años anteriores, el tema de los derechos y contratos era algo que no se tomaba en cuenta.
“Nunca jamás en 30 años de carrera fílmica tuve que firmar contratos con nadie. En mi época no había problema con los derechos, uno podía agarrar material de varios lados. Yo trabajé en la campaña de José López Portillo y usábamos música de Pink Floyd y Philip Glass y nadie nos demandó”, recordó Echeverría.
Mientras que para Weingartshofer, responsable de Siqueiros, Pasión, Color de furia (1996) es de vital importancia que los trabajos que se hagan por encargo, no violen los códigos éticos personales ni contravengan formas de pensamiento.




