Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Silvestre Pacheco León

El PSUM,  la UPG y el PMS

Dicen que en el campus de la Universidad de los Trabajadores de América Latina en San Antonio de Los Altos, Venezuela, durante los funerales del presidente Hugo Chávez llovió como si el cielo estallara en llanto. En 1990 yo estuve ahí admirado de los perezosos que desafían a los autos.

En 20 años, de 1974 a 1994, participé en la fundación del PMT, PSUM, PMS y PRD como militante de izquierda. Vivía para la política cuando no se estilaba vivir de ella. Cinco años en la capital del país y el resto en la Costa Grande de Guerrero.
Fui el último secretario general del PSUM en Guerrero, en 1986, cuando en aras de continuar con la más amplia alianza de izquierda en el estado iniciamos la vertiginosa carrera electoral hacia el poder a través de la Unidad Popular Guerrerense, una coalición electoral entre el PSUM, PRT, PMT, la ACNR, la OIR-LM y la ORPC, que significó un paso franco de varios grupos locales a la legalidad  por la vía electoral, dejando atrás la desconfianza en las elecciones.
En 1986, cuando creíamos que la política en el estado daba muestras de modernización porque el priísmo con Alejandro Cervantes Delgado había inaugurado la nueva era de gobiernos estables, la izquierda lanzó a don Pablo Sandoval Cruz como su candidato a gobernador para competir con José Francisco Ruiz Massieu, el caballo negro del neoliberalismo.
La UPG obtuvo el 10 por ciento de los votos con los que alcanzó una representación de dos diputados y 14  regidores en igual número de ayuntamientos, además de que se mantuvo gobernando el emblemático municipio de Alcozauca en La Montaña ganado para la causa desde 1980.
Después vendría el enfrentamiento de la naciente izquierda partidista, en 1989, con el rudo gobierno del ilustrado y perverso José Francisco Ruiz Massieu que hizo mancuerna belicosa con Rubén Figueroa Alcocer a la cabeza del PRI, en una lucha postelectoral que ensangrentó al estado.
Cuando se cumplieron diez años de aquella jornada sangrienta publiqué en estas mismas páginas una crónica de la violencia que el gobierno y su partido desataron contra la izquierda en el estado como testimonio para valorar el costo que Guerrero pagó para entrar a la democracia.
En aquel año del 86 y para esas elecciones acepté la propuesta de mis compañeros psumistas de Quechultenango, donde mi hermano Vicente encabezaba el trabajo de la oposición partidista, para ser su candidato a presidente municipal.
No me importó entonces viajar desde Zihuatanejo mil kilómetros para hacer campaña los fines de semana, porque se trataba de anudar esa experiencia electoral a la primera incursión que desde la ciudad de México hicimos en 1976 como activistas del Partido Mexicano de los Trabajadores.
Nuestro objetivo de plantar la oposición en esta parte del estado se cumplió en esa primera campaña electoral de la izquierda. Las largas, alegres y cansadas jornadas para ir  de pueblo en pueblo, caminando con las propuestas de la oposición como novedad rindieron sus frutos.

Debo mencionar como reconocimiento de ése esfuerzo a mis compañeros Florina Godínez, Ángel Moyao, Juan Hidalgo, Manuel Montiel  y, desde luego, a mi hermano Vicente Pacheco quien en ese grupo tenía la paternidad de la mística tan necesaria para darle viabilidad a la conspiración contra el poder establecido.
Un homenaje necesario que debe quedar escrito en este repaso de memoria es para mi madre Guadalupe y doña Evodia Gervasio. Las dos mujeres se organizaban por su cuenta para pegar la propaganda electoral con su jarro de engrudo y su morral con pasquines.
Y si de homenajes hablamos en este repaso debo mencionar también a mi desaparecido paisano Nereo García, un viejo comunista conocido como cargador en los camiones de pasajeros del Circuito Azul. De sombrero de palma y pies descalzos, entró en contacto en Chilpancingo con el sonorense Ramón Danzós Palomino, no recuerdo si como dirigente de la CCI o de la CIOAC, o quizá cuando fue candidato del Frente Electoral del Pueblo. Desde entonces mi paisano se hizo comunista, sobreviviente de la represión del gobierno de Caballero Aburto. No encontró mejor campo fértil para poner en práctica sus ideales en Quechultenango que el activismo de mi hermano.
Nereo García se convirtió en el correo del partido desde la cabecera municipal de Quechultenango hacia las comunidades. En su morral de jarcia nunca faltaban los volantes ni el rollo de periódicos. Llevaba y traía recados. Era visitante asiduo de la casa de mis padres donde nunca faltaba un taco para él.
Nereo, el hombre incansable, menudo, de sombrero de palma, pies descalzos y hablar conspirativo, murió pobre y sólo unos cuantos supimos de su gran valía como camarada.
Fue en esa campaña electoral como candidato a presidente municipal de mi pueblo que agregué a lo festivo de la política la seriedad con la que es asumida por los pueblos.
La pequeña comitiva en la que también participaba mi viejo camarada costachiquense Pedro García, había concluido su trabajo político en Mexcaltepec. Cuando enfilamos rumbo al siguiente pueblo que se llama Aztatepec, me percaté que un grupo numeroso de señores se sumaban a nosotros, varios de ellos armados. En fila india caminamos entre la ocotera cuyo follaje impedía el paso del sol en la cima de aquel cerro donde las nubes eran bruma espesa que a veces borraba el camino.
Cuando llegamos a la comisaría de Aztatepec nuestros custodios se despidieron. Dijeron que habían sido comisionados por sus autoridades para entregarnos sanos y salvos y que eso mismo pedían a los lugareños que hicieran con nosotros en el trayecto al siguiente pueblo.
Aunque supuse que se trataba de una cortesía, más allá de las cuestiones partidistas, lo cierto es que en esa primera incursión electoral de la oposición ganamos la confianza y el apoyo de todos esos pueblos, lo que nos dio derecho a contar con el primer regidor de oposición en el ayuntamiento, Ausencio Munivis Venegas originario de Jocutla, una comunidad insignificante para los ojos de quienes desde la cabecera  controlaban el poder municipal.
En el recuento de mis andanzas dentro de la política partidista, fui candidato a diputado local y a diputado federal por la Costa Grande en el PSUM, y a presidente municipal de Quechultenango por la UPG en 1986  y de Zihuatanejo por el Partido del Trabajo en 1996.
Un año después de nuestra experiencia local en la UPG, en el país se dio el siguiente paso para la unidad de todas las fuerzas progresistas conformando el Partido Mexicano Socialista con la fusión de los dos grandes partidos: el PSUM y el PMS más el PPR, el PST, el MRT y la UIC.
La izquierda unida se preparaba para las elecciones de 1988 cuando se produjo la gran ruptura dentro del PRI con la salida de la Corriente Democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo  y la maestra Ifigenia Martínez.
Pero eso es otra historia que cambió el panorama político de la Costa Grande y del país.

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