Federico Vite
El comisario siciliano
Salvo Montalbano, protagonista de una serie de novelas policiacas ambientadas en Italia, es creado por Andrea Camilleri, un hombre maduro que observa a los habitantes de su tierra (Porto Empedocles, Sicilia) y de ahí toma los argumentos de sus libros protagonizadas por este detective, homenaje al difunto Manuel Vázquez Montalbán, también novelista policiaco.
A Camilleri no le interesa escribir sobre asesinos en serie, sociópatas u hombres que por una infancia terrible torturan y lastiman a los demás. Simple y sencillamente habla de lo que conoce a la perfección, los infractores de su casa.
Motalbano es comisario de Vigàta, Sicilia. Posee una casa junto al mar y su mayor herramienta de trabajo es la lógica. La presencia constante de la mafia italiana en sus libros es innegable, pero no como tema, sino como recurso para que las tramas de sus textos se expandan y el lector tenga una idea de lo que implica (así como lo sabemos en Acapulco) de lo complejo que es habitar un puerto asediado por la delincuencia organizada.
En La Nochevieja de Montalbano, Camilleri reúne 20 relatos en los que su memorable detective resuelve casos de diversa índole: viejos que ensayan su muerte, el asesinato de una prostituta, un padre que descubre la insoportable existencia de un hijo, pastores que quieren cuidar algo más que sus ovejas; chantajes entre funcionarios corruptos, traficantes que aprovechan las adicciones de otros; amantes despechadas que buscan la ruina de sus amados; ciegos y cojos que esconden toda una historia en sus bastones y muletas; mujeres maltratadas que piden ayuda a través de mensajes secretos, guapos estafadores que desaparecen, como Alicia, a través del espejo, jueces a los que persigue su conciencia; filonazis que reaparecen para volver a asesinar y extranjeras obligadas a prostituirse.
Este es el caldo de cultivo policial en La Nochevieja de Montalbano, donde Camilleri muestra su habilidad para narrar en corto, recurre a las paradojas de la vida cotidiana para exponer rasgos maléficos de la humanidad. Ante situaciones complicadas, Montalbano no pierde el sentido del humor para expresar sus ideas y usar su implacable lógica. Es un tipo sobrio, nada espectacular en su atuendo y procura alimentarse sólo con platillos de cocina popular de la Italia insular.
Destaco la manera en la que Camilleri usa los diálogos, facilitan la progresión dramática del relato. La intervención verbal de cada personaje no sólo está diseñada para que el lector conozca la información necesaria de la trama, sino que cada frase sirve para que los personajes revelen rasgos esenciales de su vida y los motivos, en apariencia ciegos, que los llevan a infringir la ley.
Los cierres de cada uno de los 20 cuentos son elegantes: no sobran ni faltan palabras. Camilleri es un autor de mucho oficio, narra sólo lo necesario para que el lector imagine perfectamente las acciones y los escenarios de cada uno de los textos reunidos en La Nochevieja de Montalbano.
El cuento Montalbano se rebela me atrapó por completo. Se narran los hechos de un día pesado. El detective se dirige a casa. Interrogó a un anciano que abusó de una niña e intentó matarla a pedradas. Él no consiguió la confesión, fue Mimí, el subcomisario, quien la obtuvo mediante el uso de ciertas prácticas violentas. Vuelve pues a casa cuando deduce que una escena, vista calles atrás por el rabillo del ojo, era el secuestro de una joven. Gira el volante del auto y se pone en marcha hacia esa calle.
Después de bastante tiempo de búsqueda, encuentra, junto a una casa que estaba iluminada en la madrugada, rastros de los secuestradores. Montalbano toma la pistola de la guantera. Entra sigilosamente a la vivienda. Oye las voces de dos hombres que cocinan. El olor a carne es agradable. Sube una escalera con cautela. Pisa un líquido viscoso, en cuanto lo palpa sabe que es sangre. Cuando abre la puerta de la habitación ve el cuerpo de la mujer; junto a él, un palo de escoba ensangrentado. Al cadáver le falta un trozo de pantorrilla y tiene las cuencas de los ojos vacías.
Montalbano contiene el vómito. Baja despacio la escalera; oye a los dos asesinos hablando de sus guisos. Sabe que solo no los puede detener. Sale de la casa, recoge del auto un galón con gasolina para incendiar la casa. No revelaré el final. Sólo diré que el lector se sobrecoge al conocer el desenlace de la historia.
A la edad de 70 años, Camilleri crea a Montalbano. Se propuso hurgar el alma humana desde la perspectiva de un hombre que conoce los picos y crestas de la vida. Se dio a la tarea de leer los diarios y ejercitar el oficio insano de fisgonear a los vecinos.
En palabras de Andrea, como lo llaman sus paisanos, la idea de crear a Salvo Montalbano es simple: “Pensaba que debía tener un amigo detective; él me contaría algunas historias que me interesan y que nadie más podría conocer”.
Parece que ese amigo le ha hecho la vida mucho más llevadera.
Finalmente, destaco el trabajo de la traductora María Antonia Menini Pagés, quien hizo en este volumen de cuentos, editado por Salamandra en el 2004, una muy buena labor.




