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Acusa familia de Elena de la Cuadra de desdén al líder jesuita Bergoglio

Agencia Reforma / EFE

Buenos Aires,  Argentina

Cuando era líder jesuita en Argentina, Jorge Bergoglio no hizo nada para evitar las torturas y asesinatos perpetrados por la dictadura, y en algunos casos los encubrió, acusa la familia de Elena de la Cuadra, quien estaba embarazada de cinco meses cuando fue capturada y asesinada, en 1977.
El ahora Papa Francisco fue llamado a declarar como testigo en la causa de Elena, hija de una de las cofundadoras de las Abuelas de Plaza de Mayo.
La familia De La Cuadra, que perdió un total de cinco miembros durante la guerra sucia de la dictadura, se habría comunicado con Bergoglio por carta en varias ocasiones para pedirle que intercediera por la vida de la joven.
El clan apeló en su momento al superior general de los jesuitas en Roma, que pidió a Bergoglio que les ayudara. El joven líder jesuita asignó entonces a un monseñor para que hablara con la Policía, que le dijo que la mujer era comunista, y por ello estaba condenada, aunque había dado a luz en cautividad a una niña, que fue entregada a una familia demasiado importante como para que la adopción fuera anulada.
Pese a esta prueba en un caso en el que estuvo personalmente mezclado, Bergoglio declaró en 2010 que desconocía la historia de los bebés robados hasta mucho después de haber concluido la dictadura.
“Bergoglio tiene un actitud muy cobarde frente a una situación tan terrible como la extracción de los bebés. Dice que no sabía nada hasta 1985, cuando salió en el juicio de la junta”, consideró Estela de la Cuadra, hermana de la víctima, y cuya madre cofundó durante la dictadura el grupo activista para buscar a familiares desaparecidos.
Las propias declaraciones de Bergoglio evidencian que los funcionarios de la Iglesia sabían desde casi el principio que la junta torturaba y mataba a ciudadanos, al tiempo que las autoridades eclesiásticas apoyaban públicamente a los dictadores, afirmó.
La organización humanitaria Abuelas de Plaza de Mayo recordó ayer que Bergoglio fue citado a declarar como testigo en juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura argentina por el papel de la Iglesia durante el régimen de facto (1976-1983).
Activistas están molestos por las posturas que Bergoglio ha adoptado en los últimos años, mientras Argentina realiza investigaciones para exponer a los responsables de asesinar a cerca de 30 mil personas, y para encontrar rastros de sus víctimas.
Bergoglio invocó en dos ocasiones su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer en una corte abierta en juicios que involucran tortura y homicidio dentro de la temida Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) y el robo de bebés de detenidos.
Cuando al final sí testificó en 2010, sus respuestas fueron evasivas, señaló la abogada por los derechos humanos Myriam Bregman.
En su biografía autorizada El jesuita, de 2010, Bergoglio explicó que no quería rebajarse al nivel de sus críticos, y compartió algunas de sus historias acerca del periodo sobre el cual había guardado un sigiloso silencio.
En una ocasión, según el prelado, pasó sus documentos argentinos de identidad a un hombre que era buscado y que tenía un aspecto parecido al de él, permitiéndole escapar por la frontera a Brasil. Asimismo, aseguró haber protegido a gente dentro de propiedades de la Iglesia, antes de que pudieran ser llevadas al exilio con seguridad.

“Abnegado”

Al contrario, los defensores del Papa sostienen que el nuevo Obispo de Roma escondió y ayudó a exiliarse a varios perseguidos por el régimen. Pese a su rol de testigo en varios casos, la justicia argentina jamás presentó una acusación en contra de Bergoglio.
Sus simpatizantes también reconocen que el religioso prácticamente nunca ha negado una de las acusaciones más escabrosas en su contra, y lo explican como un signo de abnegación.
Bergoglio, al igual que la mayoría de otros argentinos, no confrontó abiertamente a la junta militar que gobernó el país de 1976 a 1983, mientras ésta secuestraba y asesinaba a miles de personas en una “guerra sucia” para eliminar a adversarios de izquierda.
Pero la inacción fue una falla de la Iglesia católica en general y es injusto identificar a Bergoglio con la culpa colectiva, que aún agobia a muchos argentinos de su generación, señaló el biógrafo autorizado del nuevo Pontífice, Sergio Rubin.
Algunos activistas defensores de los derechos humanos concuerdan en que Bergoglio no merece ser agrupado con otras figuras eclesiásticas que estaban alineadas muy de cerca con la dictadura.

Acusados por genocidio en Argentina lucen escarapelas con los colores del Vaticano

Ex militares acusados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura argentina (1976-1983) protagonizaron ayer una polémica imagen, al acudir a declarar en la megacausa que los investiga luciendo una escarapela con los colores de la bandera del Vaticano.
Los acusados, entre los que se encuentra el exjefe del Tercer Cuerpo de Ejército argentino, Luciano Benjamín Menéndez, quien tuvo a su cargo el centro clandestino de detención “La Perla”, en Córdoba (centro), se presentaron ayer con escarapelas con los colores blanco y amarillo prendidas de las solapas, un día después de que se anunciara la elección del argentino Jorge Bergoglio como nuevo Papa.

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