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Silvestre Pacheco León

Del PMS al PRD

En el congreso constituyente del PMS el debate ya no fue por su denominación socialista. Si bien la hoz y el martillo habían desaparecido en el emblema del nuevo partido, el PMT reconocía que el pensamiento era universal y su valía tan similar que podían convivir en la ideología del PMS tanto Carlos Marx, Engels y Lenin como Zapata, Villa y Maríategui.
Recuerdo que la delegación de calentanos en el congreso constituyente del PMS en 1987 se oponía a que el emblema del partido fuera un sol de fondo. Su argumento más contundente era que ellos ya no aguantaban más calor en su región.
Aún así perdieron la votación, aunque para consolarlos el emblema aprobado terminara interpretándose como una sandía en rebanadas parecida a las que se producen en los campos calentanos.
El PMS tuvo una vida efímera debido a los cambios internos que se dieron en el PRI por la confrontación entre las corrientes neoliberal y nacionalista, pues fue tal el encontronazo de esas dos fuerzas que para aprovechar sus consecuencias políticas en beneficio del país, la izquierda visionaria estuvo dispuesta no sólo a la declinación de su candidato Heberto Castillo a la presidencia de la república, sino a fusionarse con el FDN y ceder generosamente el registro legal del partido para la constitución del PRD en 1979.
Los logros que tuvo la izquierda en la Costa Grande a raíz de la insurgencia neocardenista se reflejaron en la primera contienda electoral que el PRD inauguró en nuestro estado para la disputa de los ayuntamientos en 1989.
En Petatlán los activistas del neocardenismo fueron capaces de encauzar el descontento provocado por el fraude electoral a favor de Carlos Salinas, en un plantón cívico que ocupó la plaza municipal inmediatamente después de conocerse el enorme fraude electoral cometido por el gobierno.
El pueblo de Petatlán primero enderezó su ataque contra el presidente municipal, Antonio Hernández Valdovinos, quien se había prestado, como antaño lo hacía el gobierno, a realizar el fraude para favorecer a su candidato.
Caído el presidente como parte del costo de maniobrar contra la limpieza electoral, el movimiento neocardenista se hizo del gobierno municipal construyendo la primera comuna petatleca como experiencia innovadora de la Costa Grande.
Recuerdo que cuando el movimiento reivindicatorio de la causa neocardenista decidió la toma del palacio municipal de Petatlán, el grupo de dirigentes compuesto por Pedro Rojas Félix, Rafael Ramírez Mendoza y Santos Cabrera, me visitó para comunicarme su decisión y pedirme que encabezara la toma que a otro día hicimos con el contingente que ocupaba la plaza.
Se trataba de sorprender a los policías municipales y judiciales apostados a la entrada del Palacio. Mientras el grupo dirigente rendía al comandante, el contingente rodeaba el palacio. Los policías judiciales salían en tropel tratando de escapar saltando por las ventanas.
En escasos minutos controlamos la situación. Los policías fueron desarmados y detenidos en la misma comandancia. En seguida, desde el balcón, me dirigí a la multitud reinvindicando la toma del Palacio como el derecho inalienable del pueblo para darse el destino que se merece.
Después me enteré que mientras yo arengaba a la multitud, en el interior del Palacio un campesino de la sierra se negaba a entregar un rifle M-1 avanzado a un judicial. Decía que solamente que se lo pidiera Cuauhtémoc Cárdenas lo entregaría. Al final fue convencido y se pudo hacer el inventario completo de las armas recogidas.
Más tarde, en Zihuatanejo, los activistas de izquierda ocupamos también la plaza municipal como parte del reclamo para limpiar la elección. En ése año el presidente municipal Gabino Fernández no pudo dar el grito de Independencia previniendo el abucheo de los cientos de ciudadanos que ocupabamos la plaza.
Desde que llegó como rumor a principios del 88 que el hijo del Tata aspiraba a la presidencia de la república, un movimiento inusitado empezó a extenderse por toda la región. Recuerdo que fue Miguel Blanco Monge, un joven empresario de San José Ixtapa, de familia campesina, quien como compañero del PMS había resuelto dejar nuestra campaña si el ingeniero Heberto Castillo no declinaba, y razonaba resumiendo el ánimo que despertó entre la población la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas: Si su padre (de Cuauhtémoc) nos ayudó tanto, cómo cree que vamos a dejar sólo a su hijo (del general Cárdenas). Lo vamos a llevar a la presidencia tope donde tope, decía convencido y emocionado.
Por fortuna, y aunque haya sido apenas un mes antes de las elecciones, el candidato del PMS declinó para sumarse al candidato del Frente Democrático Nacional con los resultados que todos conocen.
Los personajes que se hicieron populares en el gran movimiento del neocardenismo en la Costa Grande fueron muchos y variados. El tecpaneco Salvador Flores Bello a quien entonces favorecía la fama de haber sido chofer del guerrillero Genaro Vázquez Rojas, hacía dueto con un ingeniero de apellido Tapia, chaparrito. Ambos con paliacate anudado al cuello y con discursos excesivos en adjetivaciones contra el gobierno. Se paseaban por las plazas de la Costa Grande como emisarios de Cuauhtémoc Cárdenas, y a la sola mención de sus nombres la gente los ovacionaba sin que importaran sus discursos huecos.
En Petatlán se hicieron célebres dos personajes salidos o venidos quien sabe de dónde. René Sancheza y Fernando Villarreal, un doctor comedido y de palabra fácil. Había, además, dos cantores que se aplicaron en hacer corridos de los hechos relevantes en la insurgencia neocardenista animando la campaña. Uno se llamaba Fulgencio, trovador serio y fumador empedernido. El otro era un joven discapacitado por las secuelas de la poliomielitis infantil, vecino de San Jeronimito que tocaba guitarra y cantaba en los camiones de la costa.
En Zihuatanejo el otro trovador era Cutberto, quien alternaba la música de corridos cantando en los camiones con su militancia perredista. Buen orador y radical antigobiernista.
Toño Sarabia era un viejo trabajador del agua potable, siempre en pantalón corto y mochila al hombro (también le decían Toño mochilas), y de sospechosa militancia izquierdista, hábil embaucador, capaz de poner en duda en la mente de la militancia la más sólida trayectoria del personaje que se proponía desgastar.
En La Unión había un gringo aventurero que se integró tanto a la vida costeña que hablaba con el mismo acento de los vecinos del Roble. Participaba en las brigadas cardenistas para hacer pintas. Una vez, cansado y asoleado, decidió que haría una pinta para él mismo y puso así en uno de los puentes: “Voten por kevencio para presidente municipal. Su nombre real era Keven Moss, pero cuando se presentaba lo hacía como Kevencio Peñaloza, de los güeros de Coyuquilla, decía para destantear.
Éste gringo que llegó a finales de los setenta a la costa realizó la proeza de casi llegar con un velero fabricado por él mismo hasta Miami, cruzando en tren por el istmo de Tehuantepec, en una aventura que después de sobrevivir a una tempestad naufragando en el golfo escribió y tuvimos la fortuna de traducir y publicar en la revista Costa Libre.
También en ése municipio surgió como recio líder carismático, José Luis Valdovinos de Petacalco, un joven arrojado, valiente y desprendido, que alcanzó el liderazgo de las organizaciones de pescadores de todo el litoral guerrerense.
Cuando la toma de los palacios municipales se generalizó para protestar contra el fraude electoral de 1988, José Luis encabezó la toma en La Unión y encarceló al grupo más connotado de los priístas locales.
En una maniobra inexplicable consiguió el armamento de la policía judicial destacamentada en Petacalco y la puso a disposición de quienes resguardaban el palacio para defenderse del contingente de policías antimotines que se rumoraba venían desde Chilpancingo para rescatarlo.
El otro personaje era tocayo de José Luis y creo que hasta primos y vecinos porque también se apellidaba Valdovinos y vivía en Petacalco. Bueno, vivía en Petacalco era un decir, porque no tenía lugar fijo ni familia donde recurrir. Llegó a la costa en el 88 con la campaña del ingeniero Cárdenas, muy joven y comprometido, buen orador que declamaba con fervor El Sembrador, poema del español Rafael Blanco Belmonte. Se dedicó de tiempo completo a la campaña. Fue el candidato natural a la presidencia municipal de La Unión y ganó sin duda en las elecciones de 1989 con las suficientes actas de votación que le daban la victoria, pero pudo más la decisión del gobernador Ruiz Massieu para quien era impensable dejar en el poder municipal a un gobierno de oposición que podía poner en riesgo los 5 mil millones de dólares que los japoneses tenían invertidos en la termoeléctrica de Petacalco, dicen que dijo.

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