Moisés Alcaraz Jiménez *
Las democracias de baja intensidad
Este lunes el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología(Conacyt) entregó el Premio México que otorga cada año a lo más destacado en este rubro. En esta ocasión el reconocimiento lo recibió el sociólogo portugués Boaventura de Sousa, quien ese día ofreció una conferencia de prensa en las oficinas del consejo en la que el científico social se refirió al papel que hoy juegan los grandes medios de comunicación que se han convertido en opositores a los cambios progresistas; también hizo alusión a la desigualdad social que junto a los mencionados medios dan origen a las llamadas democracias de baja intensidad.
El sociólogo lusitano precisó que esos medios de comunicación se han transformado en un auténtico partido de oposición al desarrollo social y son dignos de sociedades fascistas que han convertido a los ciudadanos en súbditos en pleno siglo XXI. Destacó que medios de ese tipo acumulan tanto poder que llegan a adquirir un derecho de veto sobre los poderes constitucionales.
En ese aspecto México es emblemático por el famoso duopolio televisivo que padecemos (Televisa-TV Azteca), somos el mal ejemplo de un país que se ha visto sometido a los intereses de esos dos consorcios que constituyen poderes fácticos que se sobreponen al estado, se erigen en los grandes electores presidenciales y nos condenan a vivir en un remedo de democracia siempre subordinada a sus monopólicos intereses.
Para el investigador y escritor portugués las sociedades que padecen la hegemonía del derecho de veto de los corporativos de la comunicación, no son sociedades democráticas porque en ellas está cancelada la libre participación ciudadana.
Sin mencionar en particular al caso mexicano, de Sousa dijo que vivimos en sociedades que son políticamente democráticas, pero socialmente fascistas debido a la enorme desigualdad social que ya es intolerable principalmente en países de menor desarrollo.
Éste es uno de los aspectos fundamentales que explica el grave riesgo para la sobrevivencia de la democracia que al no trascender más allá de sus aspectos formal, político y electoral, ha generado en grandes regiones del mundo un peligroso desencanto social.
Bajo condiciones de pobreza extrema en que viven las sociedades más atrasadas del mundo, la democracia formal podría encaminarse por la ruta en que pueda dejar de ser garantía para el cambio pacífico de los gobiernos.
Sería muy lamentable para el desarrollo político, la cultura cívica y la paz en estas regiones del planeta que fuese la propia sociedad civil la que empezara a optar por regímenes autoritarios pero que le garanticen seguridad social y no por la democracia que florece en medio de la creciente miseria y se le comienza a considerar uno de los factores generadores de mayor desigualdad y concentración de las riquezas nacionales en manos de unos cuantos, que precisamente son quienes ostentan el poder de veto al que se refiere de Sousa.
Las democracias de baja intensidad que el portugués comentó este lunes en el Conacyt son indicativas del estancamiento social que también conduce a la desesperanza ciudadana y a la pérdida de interés por los asuntos electorales, al desprecio cada vez mayor por los políticos y, lo más grave, por la política, que por esa causa cada día se aleja más de la confianza social dejando con ello un enorme vacío que con nada podemos sustituir para garantiza la vida en paz y poder aspirar a niveles mínimos de justicia social.
Revertir la creciente frustración ciudadana por nuestra democracia de baja intensidad a la que la han llevado los poderes fácticos que son una barrera al desarrollo humano, es el gran reto que todos debemos asumir si no queremos vernos inmersos en el retroceso político que a pesar de la modernidad nos podría conducir a regímenes propios del despotismo ilustrado que se piensa ya caduco pero que en la realidad todavía vive como una amenaza aún en las sociedades de nuestro tiempo.
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* El autor es director estatal de Gobernación




