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Cambio de estilo, de tema y de forma, si no me aburro, dice el escritor Andrés Acosta

Aurélie Daly

El escritor chilpancinguense, Andrés Acosta, publicado en la colección editorial del Instituto Guerrerense de la Cultura en la colección Ignacio Manuel Altamirano en poesía, cuento y novela para escritores mayores a 35 años, con la novela Lengua de hierro, compartió, en entrevista, su gusto por todos los tipos de público y de estilo y detalló su actividad literaria.
La novela que recibió el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano en 2007, explora los temas de la falta de comunicación, las mentiras, los malentendidos, como manifestación universal humana, a través de diálogos telefónicos.
“Cada vez cambio de estilo, de tema, de forma, si no me aburro demasiado, para mi es mortal repetir”, declaró.
Radicado en el Distrito Federal, escribe tanto para adultos como para adolescentes y niños, sin ningún tipo de jerarquía, ni preferencia entre los diferentes subgéneros.
Sin embargo no dejó de puntualizar que “a diferencia de la literatura para adultos, quienes a veces compran los libros para guardarlos en una biblioteca, los adolescentes y los niños leen. La literatura juvenil es demasiado dinámica, hay ferias de libros, presentaciones, etc.”, dijo.
“Escribiendo me doy cuenta si la novela tiene un corte adulto o juvenil. Los límites se están perdiendo, ya no es tan catalogada. La literatura para adultos es para dar prestigio a los autores, es una cultura superficial porque hay pocos tirajes y los libros no se reeditan, a diferencia de la literatura juvenil que se agota, se reimprime, se lee. Son lectores efectivos. A veces los adultos compran libros para tener plática”, aseveró.
Explicó que actualmente está promoviendo un par de novelas juveniles, Olfato y su continuación Subterráneos. “Se han movido bastante bien, tienen una buena aceptación. Es la historia de un vampiro mexicano pero es muy diferente de lo que se hace actualmente sobre los vampiros. El vampiro es una figura arquetípica que aparece en muchas culturas”, comentó.
El escritor recibió el año pasado una beca del Sistema Nacional de Creadores para dedicarse durante tres años a la escritura de tres novelas, una cada año.
“La primera, es un tema que retoma la historia arquetípica de La hija de Rappaccini de Octavio Paz. Es su única obra de teatro, basada en un texto de Nathaniel Hawthorne y luego a su vez lo basó en la literatura hindú antigua. Es una historia que se ha repetido. La retomo para hacer una novela”, explicó.
“Este año estoy escribiendo una novela que se llama Moby & Dick, es una reconstrucción pos-moderna de la figura de la ballena, descompuesta en tres personajes, Moby, Dick y el tercero que es un incognito, un cadáver que aparece. Moby y Dick son asesinos a sueldo, no saben quién es y por qué lo mataron. La novela desentraña todo ese misterio. Es una novela negra con otros cuestionamientos sobre la memoria, la percepción filosófica en personajes tan cotidianos”, destacó.
“La tercera, Diario de la guerra del gordo es acerca de un malentendido a partir del que se desempeña una casería de gordos. La segunda y la tercera novelas tienen relaciones, la tercera es distinta”, precisó.

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