Cuestiona el escritor Humberto Guzmán el afán comercial de las editoriales mexicanas
Aurélie Daly
El escritor Humberto Guzmán, de paso en Acapulco para comentar la presentación de la colección editorial del Instituto Guerrerense de la Cultura, el sábado pasado, compartió, en entrevista su visión del panorama literario mexicano desde el siglo XVI hasta hoy, que carece –según él– de relevancia fuera de las fronteras nacionales y analizó asimismo, el contexto editorial del país en la actualidad.
“Calificaría a la literatura mexicana como importante a secas. No llega a influir en el extranjero, fuera de Rulfo y Paz”, declaró.
“México no ha tenido una gran literatura nacional de proyección mundial, desde la Nueva España, pasando por el siglo XIX y XX. Pero sí ha tenido grandes autores, desde Sor Juana Inés de la Cruz, Juan Ruiz de Alarcón, Carlos de Sigüenza y Góngora, pasando por Manuel Payno, El Duque Job, y otros del XIX. El gran golpe de la literatura mexicana fue en el siglo XX. A partir de la novela de Revolución Mexicana, Martín Luis Guzmán, como el principal entre otros, luego, más modernos, Agustín Yáñez, Juan José Arreola, el enigmático Juan Rulfo, el gigante Octavio Paz (premio Nobel), poeta, ensayista, promotor, y también Alfonso Reyes, Rubén Salazar Mallén, etcétera.
Y los de medio siglo, entre los que destacaría a Salvador Elizondo y José Emilio Pacheco. Pero hay cuentistas, poetas, como Xavier Villaurrutia, Gorostiza, dramaturgos, como Emilio Carballido, un movimiento rico y diverso. Son más individualistas que de movimientos literarios. Con todo este panorama, yo calificaría a la literatura mexicana como importante a secas. No llega a influir en el extranjero, fuera de Rulfo y Paz. Carlos Fuentes es un fenómeno: novelista, cuentista, ensayista, escribió teatro, cine, artículos, etc., pero creo que no tuvo tanta influencia como Paz fuera de México. Fama sí, pero no tanta influencia”.
Criticó duramente la política de las editoriales en México, que privilegian el aspecto comercial de los libros a través de temas de moda, a costa de la calidad literaria y de la creatividad, y juzgó alarmante la situación, ya que el número de ejemplares no dejó de disminuir estos últimos años.
“La situación editorial en México se pone cada vez peor. Hace unos 20, 30 años, se tiraban 2 mil y hasta 3 mil ejemplares normalmente. Ahora los tirajes son de mil, si bien va. Porque en las universidades y casas de cultura de los estados, suelen tirar quinientos, a veces menos. Aquí se da el problema de la distribución, que es costosa y sólo entran las editoriales comerciales. Puedo hablar, incluso, por mi experiencia personal. Mi novela La congregación de los muertos fue rechazada por algunas editoriales comerciales grandes, porque no era, no es comercial, no obedece a las características que, ellos creen, garantizan las ventas. Que son la superficialidad, la historia anodina, con una historia de amor implícita, si se habla de alguna violencia de moda, mejor. Y, sí es cierto, mis novelas y cuentos, no son de este tipo de comercialismo. Mis novelas Los extraños y Los buscadores de la dicha, ambas se desarrollan en Praga; La caricia del mal, es una rara novela de terror sobrenatural en México, entre otros títulos, no se han alineado en este grado de superficialidad comercial. Las editoriales, lo que quieren es publicar para vender, ya lo sabemos, es un negocio y no van a publicar más que lo que su mercado pide, según ellos. Pero lo que más me asombra es que me he encontrado con este mismo problema en editoriales estatales, como las mismísimas Publicaciones de Conaculta (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes), con La congregación de los muertos. Creo que las editoriales estatales deberían obedecer a otras leyes. Por fortuna, sí, hubo una editorial universitaria, la de Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana que tuvo la apertura de aceptar La congregación de los muertos. Este año se publica por fin. Era para 2010, para los festejos de los 100 años de la Revolución y los 200 de la Independencia. Pero, más vale tarde que nunca”.
En cuanto a la actualidad literaria y a la nueva generación de escritores, se negó a citar a alguno, al considerar que hay una deficiencia de juicio, tanto de parte de las editoriales como de los medios, que vituperó severamente, por no tener el valor crítico suficiente para dictaminar a las nuevas publicaciones.
“Precisamente, se publican más a algunos jóvenes que a los más experimentados. Fuera de los que se han ganado la estrellita de que sí venden, o que tienen buenas influencias tanto en las editoriales privadas, como las públicas. Muchas veces es resultado de grupos de poder universitario, de revistas más o menos literarias con presencia, o de plano, son juniores culturales, que, por eso mismo, tienen mayores posibilidades. También hay cierta mediocridad del medio. No hay una crítica respetable. Pero, tampoco hay tantos lectores de estas críticas. En la crítica se hace lo que se puede. Por ejemplo, tanto Letras Libres como La Jornada, influyentes como son, son cotos de poder que defienden a los suyos y a los otros se les ataca, o peor, se les ignora, Así que yo no voy a hablar de ningún escritor nuevo interesante, porque, como he dicho antes, la literatura mexicana, en su conjunto, está formada por escritores sobrevalorados, algunos muy, y otros subvalorados o de plano marginales. Creo que México no es muy diferente en este sentido a otros países más o menos desarrollados económicamente. Pero ahora hablamos de México”, concluyó.
Nacido en el Distrito Federal en 1948, Humberto Guzmán es novelista, cuentista, articulista y maestro de talleres literarios desde 1972.
Escribió artículos literarios y de opinión en la revista Siempre! Publicó más de diez libros, entre los cuales las novelas El sótano blanco, en 1972, Historia fingida, editada en 1982, Los buscadores de la dicha, en 1990 y La caricia del mal, en 1998. Asimismo escribió cuentos y relatos, Manuscrito anónimo publicado en 1975, Seductora melancolía en 1987, Contingencia forzada en 1971 y La lectura de la melancolía en 1997.
Recibió varios premios entre los cuales se destacan un Premio Nacional de Novela para su obra El sótano blanco, el Premio del Ateneo Español para sus cuentos, el Premio de Periodismo José Pages Llergo en 1998 y el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, para Los extraños en 2000.




