Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Jorge Camacho Peñaloza

Diálogo serio

No somos elegidos por Dios, sino por el electorado, por lo tanto, buscamos el diálogo con todos aquellos que ponen su esfuerzo en esta democracia.

Willy Brandt

Guerrero no está transitando por sólidos senderos de gobernabilidad, los actores políticos y sociales no estamos desarrollando nuestras actividades y responsabilidades en la misma frecuencia, en el mismo nivel ni en las mismas circunstancias, ocupaciones ni preocupaciones, como que cada quién anda en lo suyo
Se siente y percibe un contexto político y social descompuesto, atibulado, desarticulado, un accionar inercial, distante de los verdaderos problemas, necesidades y reclamos de los guerrerenses, los problemas crecen, se multiplican, la política se desdibuja, se reduce a los intereses y ambiciones, privilegios y canonjías, ésas son la verdadera prioridad, cosa altamente riesgosa para la gobernabilidad y estabilidad política y social para un estado como Guerrero.
Ante esta situación un estado con menos capacidad de dirección, que le apuesta a la exacerbación, a la de la gente que se harta de ser extorsionada, sobajada y violentada por la delincuencia organizada y por eso se organiza ante el ortodoxo estado fallido; al de los maestros que no han sido tomados en cuenta para formular una propuesta de reforma educativa que los lleva perversa y erróneamente a provocar y echar por delante el malestar de la sociedad contra el gobierno al bloquear la Autopista del Sol, calles de la capital Chilpancingo y bloquear centros comerciales.
Al interior del mismo gobierno se le apuesta a cerrarse al diálogo, a echar por delante la fuerza pública, es decir, a decidir por el endurecimiento en el tratamiento de los problemas. Pareciera que estamos extraviando el rumbo como estado, sociedad, actores políticos y poderes, partidos y organizaciones.
¿Dónde se nos perdió el diálogo, alguna vez lo hubo? Parecía que  los Diálogos por la Paz que llevó a cabo Javier Morlet perfilaban un diálogo que culminaría con un gran y serio pacto por la paz y la convivencia, práctico y con responsables, pero no, sólo quedó en una “cumbre” cuyos acuerdos quedaron en el olvido.
En lugar de profundizarse el diálogo, de ampliar los espacios, de distribuir responsabilidades, la violencia, en tirios y troyanos, se ha venido abriendo paso entre la convivencia de los guerrerenses, más bien entre su temor, inseguridad e incertidumbre, que ha estado a punto de transformarse en enfrentamientos de unos con otros, pareciera que la lección del Parador del Marqués, la falta de diálogo serio con los normalistas de Ayotzinapa, no se aprendió.
Por qué en lugar de dejar que crezcan los problemas y se tensen, mejor no nos sentamos a dialogar seriamente, por qué esperar a que la presencia de la delincuencia organizada se entronice en los pueblos y que la gente se organice para autodefenderse ante el estado fallido y su modelo policial considerado como instrumento de coacción y represión; por qué esperar a que los maestros tomen las calles, autopista y edificios públicos, por qué esperar a que los movimientos de autodefensa casi se enfrenten con el Ejército para sentarse a dialogar, por qué hasta que los presidentes municipales se niegan a convenir un mando único policial, por qué no se dialoga antes, por qué está fallando el diálogo, quién o qué lo está impidiendo.
El diálogo no puede ser un “están fuera de la ley”, tampoco una provocación al malestar de la sociedad, no puede ser un violentando con la ley en la mano ni con las vías tomadas, no puede ser entre la espada de la amenaza gubernamental y la pared de la amenaza de la delincuencia organizada.
El diálogo no puede ser una puesta de templetes o escenarios palaciegos, no puede ser sólo una gira de trabajo con todo un séquito, no puede ser una omisión de responsabilidad pública, no puede ser un “y yo por qué”.
El diálogo debe ser no entre posturas de poder sino de servicio, no entre las prescripciones de la ley y el monopolio del Estado sobre el uso de la fuerza, sino entre posturas de cabal servicio, franqueza y corresponsabilidad, más allá de la frivolidad y la radicalidad, de la ortodoxia y el fundamentalismo.
Necesitamos un diálogo serio, que ponga por delante la responsabilidad, las ganas de resolver más que entorpecer. ¿Estaremos preparados para eso, habrá los servidores públicos capaces de llevar a cabo un diálogo de esta naturaleza, los actores políticos y sociales tendremos la capacidad?
Guerrero necesita política, el problema de la inseguridad, el de la crisis de Acapulco, el del magisterio, el de los movimientos de autodefensa, el mando único policial, el de la nueva constitución,  son una oportunidad para rescatar la política, el Estado y el diálogo, urge, después ya será demasiado tarde.
Ayer ya se retomó ese camino, se volvió al diálogo entre los poderes Legislativo y Ejecutivo con los maestros inconformes con la reforma educativa y con la Policía Comunitaria, qué bueno que se opte por este camino y no por el de la cerrazón, la violencia y la exasperación. Ayer ya se efectuaron reuniones pero falta mucho para que haya un verdadero diálogo democrático, un diálogo serio.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A mi gobernador que ya no se puede gobernar como antes, que tiene que poner en juego su mejor dote como político, que es su capacidad para el diálogo y estar cerca de la gente, que no le deje los pendientes a su gente porque ya todo es urgente.

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