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Eduardo Pérez Haro

De la comunicación política
al proyecto de desarrollo

Para María Elena
García Martínez

Resulta paradójico mostrar optimismo cuando en el plano internacional se transita por la crisis de los países desarrollados (Japón, Europa y Estados Unidos) y en el plano interno cerca de la mitad de la población se debate en la pobreza, el 60% de la Población Económicamente Activa se ocupa en la informalidad sin ningún tipo de prestaciones de seguridad social y según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) existen 22 millones de empleados –y sus familias– cuyo salario es insuficiente para adquirir alimentos y cubrir los servicios indispensables.
Estamos de acuerdo en que un gobierno no puede hacer descansar su discurso en la reiteración permanente de las dificultades, que, por el contrario, tendrá que destacar las potencialidades e imprimir optimismo en el proyecto, ello ayuda pues genera confianza y certeza en las expectativas de la gente. La población se tranquiliza y los inversionistas se disponen a jugar riesgos abriendo negocios y fuentes de trabajo. Empero, los contenidos del proyecto no deben de quedar expuestos a la interpretación del discurso, a las señales de la conducta, al esclarecimiento de lo que se quiso decir, al significado más allá del hecho mismo.
La detención de Elba Esther Gordillo ¿es el principio del desmantelamiento del corporativismo sindical?, ¿será el principio práctico de la reforma educativa en marcha?, ¿o sólo un reacomodo de actores del viejo modelo de control de los trabajadores?, la reforma en las telecomunicaciones ¿es parte de la democratización de los medios de comunicación?, ¿será el inicio de un acceso amplio y sin cortapisas a la información? ¿los mexicanos todos, tendremos acceso a las tecnologías que ya están en operación en otras partes del mundo?, o nada de eso sucederá y ¿sólo se abrirán los espacios al concurso de tecnologías de salida o sólo se dará entrada o dos o tres magnates más?, Son algunas de las preguntas que se han formulado y flotan en el ambiente de la opinión pública.
La combinación de términos del discurso y la fuerza de los hechos deberían de trenzar de mejor manera para evitar la “elucidación”, la “adivinanza”. Elocuencia de contenidos, argumentos, esto es, fundamentos, análisis, conceptos… políticas, estrategias operativas, objetivos y metas de corto y mediano plazos… eso vendría bien. El Plan Nacional de Desarrollo, hasta hoy no ha sido Plan… se cumple con su elaboración de ley y se usa para encabezar convenios, decretos y discursos gubernamentales… la población no trabaja con el PND.
La comunicación política es otra cosa y muy útil pero no alcanza a suplir la fuerza de los hechos, o aceptemos que sí pero por un tiempo, a la larga la realidad es más necia que las palabras. Hoy la misma empresa de comunicación política le vende discursos a los partidos de diferente y antagónica postura… a la empresa le va bien… a los partidos también… al tiempo el producto caduca, la empresa desaparece y los partidos… ahí están ahora pierden y ganan mientras México se rezaga. La población, en sus diferentes estratos, sí trabaja con la comunicación política, aceptémoslo, pero no es una garantía, también la desecha…
El ir y venir de estas prácticas construyen un círculo vicioso, que termina por mermar a todos pero no de manera inocua pues engendra vicios y distorsiones… lo más delicado es que termina por la disminución gradual de la sociedad toda, le resta habilidades y la individualiza quedando sin capacidades para responder a las exigencias colectivas, incluso a las individuales. Pero a algunos les abre el paso al abuso y la concentración de poder y de riqueza, y a otros, desprovistos de la fuerza que concede la sociedad como tal les subordina al más fuerte.
Desde ahí y por ahí no se puede mover a México como reza la consigna del régimen en curso. Si mover a México está colocado en la perspectiva de darle sustento a un proyecto de gobierno que se atreve a desafiar el anquilosamiento de poderes para abrirle oportunidades a la ocupación productiva de los mexicanos todos, entonces tiene que haber proyecto claro y abierto, y tiene que hacerse cargo, tal vez del problema más delicado que es la ausencia de una sociedad nacional preparada, apta y con opciones para canalizar sus fuerzas, habilidades y capacidades ganadas en un proceso prolongado pero que se muestre desde ahora. No como promesa de futuro sino como propuesta inmediata, que liga, sí la ayuda de programas emergentes pero a la vez desarrolla los procesos formativos y de participación organizada, en síntesis, de inclusión productiva y eso se llama empleo.
El mundo globalizado devino en un mundo centralizado por la fuerza de la centralización financiera especulativa que ahora frena el desarrollo de las fuerzas productivas basada en las nuevas tecnologías de la era digit@l. La tecnología ya está sobre la mesa pero se usa en una pequeña parte de sus posibilidades porque el sector financiero ha encontrado la manera de multiplicar su riqueza sin cruzar el riesgo de la producción y el mercado, y está dejando sin trabajo a la población y sin dinero a los gobiernos, más aún, generalizado el desempleo perfila incautar las cuentas bancarias de los ahorradores –las clases medias– como se apunta en Chipre.
Esta expresión extrema que invade a los países desarrollados y frente a la cual las sociedades de base y los gobiernos mismos se tornan impotentes, proviene del dejar hacer dejar pasar a los grandes capitales que se hicieron del ilimitado control financiero, de la ausencia de un proyecto claro para que bajo ninguna circunstancia se llevara a un segundo plano la actividad productiva y la competencia abierta, y consecuentemente se diera lugar al empleo como mecanismo principal de la inclusión social al interior de las grandes economías hoy en problemas de magnitudes que –como diría la Tía Carmela que todos tenemos–, nunca lo hubiéramos imaginado.
El mundo desarrollado está en problemas y por ende el mundo no desarrollado también, unos más y otros menos, pero México no puede apuntarse discursivamente en la fila de los países emergentes con menos problemas, no, con los datos con los que hemos iniciado este artículo, de ninguna manera, sencillamente no se puede porque nuestros niveles de pobreza, informalidad en el trabajo y bajos, muy bajos, ingresos denotan las grandes deficiencias en la planta productiva y nuestro rezago social, y ninguna nación en esa circunstancia puede suponerse “en vías de desarrollo”.
Aquí no bastan los grandes agregados macroeconómicos de la tasa de crecimiento del PIB en comparación de Estados Unidos o el Brasil porque ese es un juego desaseado de un discurso grotesco o “el nivel histórico de las reservas de divisas”, pues sabemos que son indicadores frágiles cuando no juegan al contrario como “la fortaleza del peso frente al dólar”, o la disminución de medio punto en la tasa de interés quedando en 4.0% cuando en las economías avanzadas es menor a uno y cuando en México operan con una banca oligopolizada a la que se le deja hacer y se le deja pasar.
Alguna vez ya se denunció el surgimiento de empresas ricas en un país pobre, y ya vemos cómo los dueños del dinero han puesto de rodillas a los países otrora más ricos del mundo, y así también entendemos que las reformas estructurales en los países en crisis se refieren al pago de la deuda, la restricción del crecimiento y el aumento del desempleo, vendría bien deslindarse de esas posturas, abrir los argumentos, mostrar el proyecto y mover a México.

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