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Asombra a propios y extraños la procesión de mujeres anónimas llamadas Las Ánimas en Taxco

Claudio Viveros Hernández

Taxco

De las distintas hermandades que participan en la Semana Santa en Taxco tocó ayer el turno a la procesión de las penitentes conocidas como Las Ánimas, anónimos personajes encarnados por cientos de mujeres en un singular ritual que causa el asombro por la peculiar disciplina que se imponen derivada de una tradición heredada por generaciones.
Las Ánimas, aparecen cada año ataviadas sin mayor ornamento que un vestido negro que cubre su cuerpo desde el cuello a los tobillos, el cual se ciñe a la cintura con vueltas de lazo del mismo color, guardan su identidad con una capucha negra por la que apenas asoman los ojos y caminan en su peregrinar con los pies descalzos por las calles empedradas.
Su disciplina y flagelo es cargar atadas a los tobillos, de manera individual y muchas decenas en conjunto, varios metros de cadena a ritmos pausados y las arrastran paso a paso con sonidos lastimeros que se escuchan  intermitentes entre una imagen y otra en grupos de decenas o más, todas en posición agachada y con un crucifijo que abrazan o gruesas velas encendidas que portan en ambas manos.
En breve entrevista con El Sur a la que accedieron amablemente varias jóvenes entrevistadas expresaron: “lo hacemos como una manda y algunas lo hacemos también para sentir la pasión que Jesús sintió en su momento y por amor a él”, dijo una de ellas.
“Es por poner a prueba mi fe y es lo que me gusta sentir por placer”, argumentó otra.
Yo lo hago para darle gracias a Dios por lo que me ha dado y para estar con él en este tiempo de violencia, ayudarlo y para pedirle que no me abandone y me siga ayudando y a mi familia”, adujo una tercera.
Las imágenes que acompañaron la noche de ayer fueron de diferentes modalidades en escultura de las ánimas del Purgatorio que se veneran en diferentes capillas y en algunas casas particulares en un acto de fervor arraigado entre jóvenes y mujeres jóvenes y adultas, de las cuales éstas últimas son identificadas como jerarcas de esta práctica que han mantenido por años, siempre en el anonimato.
Otra vez el punto de encuentro fue la calle principal, en las cercanías de las capillas de La Santísima Trinidad y la de San Nicolás, y las calles adyacentes de San Miguel y la de Tetitlán que comunica con el mercado municipal.
El movimiento y preparativos dieron inicio en cada hogar de los diferentes barrios y comunidades con el arreglo de los vestuarios, cadenas, crucifijos y velas de cada una de las protagonistas para asistir al acto colectivo en una noche de larga caminata con su disciplina a cuestas ante la mirada de los pobladores y visitantes nacionales e internacionales.
Las penitentes se sometieron a las reglas internas y al cumplimiento y asistencia de reuniones previas durante el año para prepararse para la procesión de lo que fue el martes santo y ser portadoras de la reflexión y un camino a través de la fe.

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