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Disertan actores y dramaturgos sobre la labor escénica por el Día Mundial del Teatro

Aurélie Daly

Como parte de las actividades que se realizaron para festejar el Día Mundial del Teatro, se organizó un foro abierto con el tema Las voces del teatro en Acapulco, que reunió a Enock Rodríguez, Silvia Salazar, Ilián Blanco, Lucero Castro y Manuel Maciel, en el teatro Domingo Soler.
Violoncelista de la Orquesta Filarmónica de Acapulco y actor de títeres, Enock Rodríguez comparó música y teatro y llevó la analogía hasta concluir que el sonido es a la música lo que la acción es al teatro. La pregunta fundamental en el teatro es “¿qué es lo que está haciendo?”, y relacionó música y teatro por medio del cuerpo, principio fundamental de las dos prácticas.
La escenógrafa, directora de teatro, productora y actriz, Silvia Salazar Almenara habló de su experiencia de vida, “del juego infantil al proyecto de vida”. Contó que a pesar de la escasez de propuestas artísticas en Acapulco en su niñez, venía de vez en cuando una compañía ambulante de teatro en su colonia. Luego de ver la representación con sus hermanos, “jugaban” al teatro hasta que poco a poco esta diversión infantil le apareciera como su proyecto profesional. Optimista en cuanto al devenir del teatro en el puerto constató que “la actividad teatral parece reforzarse día a día”.
Silvia Salazar empezó su carrera teatral en 1981, como escenógrafa para Televisa Chapultepec en el Distrito Federal. Regresó a Acapulco en 1994 donde fundió la compañía de títeres Polichinela y creó el Festival de Teatro Acapulco, que, como precisó, “se hace más con las uñas que con dinero”.
“Sobre el teatro, todo está dicho y comprobado”, declaró el actor Ilián Blanco, para dar inicio a su ponencia, y por prueba, enseñó su “libro de cabeza”, el libro de Stanislavsky Un actor se prepara.
“El teatro es contaminación, es diálogo, es hibridación. Decir que es contaminación e hibridación es una tautología, es decir que quiere decir lo mismo. Es un juego sin armas y barreras. No importa que sea música, danza, performance, etc. Estoy hibridisando las disciplinas. En mis espectáculos trato de tener una dialéctica con el espectador y preguntarme ‘¿cómo se asoma el espectador en el espacio?’”, explicó.
“No hay frontera entre el teatro, las artes visuales y las artes sonoras. En algunos de mis espectáculos, estoy interesado en una estética costeña tropical moderna. La actuación para mi es un juego, por eso me gusta la expresión gringa to play”, comentó.
Asimismo, explicó que el teatro es construcción de un espacio pero declaró “me interesa deconstruirlo”, y concluyó: “El teatro es un libro que hay que deshojar” antes de empezar a despojar, frente al público, el libro de Stanislavsky.
Por su parte la monitora de la Casa de la Cultura Zona Sur de la Universidad Autónoma de Gurrero y fundadora de la compañía teatral Ezcoria, Lucero Castro llamó a un “teatro vivo, afluyente, participativo” y compartió su optimismo al ver “un nuevo comienzo con el ETA” (Estudio Teatral Acapulco).
“Para saber qué son las voces del teatro en Acapulco, hay que darse tiempo, observarnos”, declaró, y acerca del quehacer teatral en el puerto hizo hincapié en la necesidad de apoyarse mutualmente entre grupos de teatro. “Se trata de trabajar en armonía”.
Fundador del grupo de títeres La Gruta, Manuel Maciel explicó que el primer espectáculo que dio la compañía en 1995 trató de la matanza de los campesinos en Aguas Blancas.
Explicó el trayecto de la compañía La Gruta y cómo, de amateurs, se convirtieron en profesionales. “¿Vale la pena montar un espectáculo durante meses si es para actuarlo dos o tres veces?”, preguntó.
Explió que el cambio vino “a partir del momento en que buscamos espacios no convencionales, lugares populares, colonias, como una cancha de basquetbol o actuar en la calle. Nuestros trabajos siguen vigentes”.
“Los accesorios no son adornos, son la revelación de lo oculto, como los aretes y las plumas del chamán, es lo mismo con nuestro trabajo, los títeres, las máscaras no son adornos, son medios mágicos que revelan mundos dilatados y crean un espacio poético”.
Asimismo, diferenció los varios niveles de interpretación, y dijo que sus espectáculos bien pueden  ser entendidos por la gente del pueblo y tener en mismo tiempo un interés para profesionales ya que existen distintos marcos referenciales, cada uno con una lectura diferente. Se preguntó sobre las razones de hacer teatro y detallo diferentes posibilidades, ser famoso, hacer la revolución, realizar un acto social.
Alguien del público preguntó a los actores para qué hacían teatro y qué es lo que le aportaban al medio.
“¡Ser famoso, me encanta!”, contestó Enock Rodriguez y agregó que se enfadaba por no salir en las fotos cuando sus amigos sí aparecían; “hacer la revolución, no, porque ‘revolución’ quiere decir cambio, muerte, yo no quiero hacer la revolución. Yo vengo y presentó un acto artístico, eso sí es aportar algo, eso sí es hacer teatro –como dijo Silvia (Almenara)– de forma comprometida”.
Lucero Castro formuló una respuesta abierta hacia los demás “Mi rollo es plástico, estético, de performance, etc. La primera enseñanza es observar. ¡Vayan y busquen!”, clamó.
Con tono de predicador, Manuel Maciel trastornó el argumento de Rodríguez sobre la idea de muerte contenida en el concepto de revolución, vía el recurso a la religión cristiana. Comprobó que era necesario a veces, morirse para poder elevarse a otro nivel de existencia. Y de concluir, contra toda previsión después de tal discurso “El teatro, como el arte, es político”.
Ilián Blanco, en su turno, concluyó con una pregunta, “es importante saber qué tipo de teatro quieren hacer, pero, ¿qué tipo de teatro quieren ver?”.
La escritora Iris García Cuevas, estuvo presente como conductora del evento.

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