La ambición, causa de la violencia en la sociedad, lamenta el arzobispo
Mariana Labastida
El arzobispo Carlos Garfias Merlos consideró que así como le pasó a Jesucristo que fue vendido por monedas de oro, “la ambición actual es la que ha llevado a que incrementen los hechos de violencia y delincuencia en nuestra sociedad”.
Durante la misa celebrada en el cerro de El Encinal, como parte de las celebraciones de la Semana Santa, el arzobispo resaltó que el mayor anhelo de la iglesia es acompañar a las víctimas de la violencia y ofrecerles consuelo y esperanza.
Convocó a los asistentes a acompañar y trasmitir consuelo y esperanza ante cualquier situación que puedan encontrarse en la vida.
Durante la homilía se refirió a la ambición de Judas que vendió a Cristo por 30 monedas convirtiéndolo en víctima, como ocurre con la violencia e inseguridad que por la ambición de “esta gente de obtener su beneficio personal daña, perjudica al hermano, a las familias, a la sociedad, a muchas personas inocentes”.
Precisó que lo que provoca la ambición es la traición y el querer lastimar a los otros.
En declaraciones ante reporteros, Garfias Merlos indicó de lo que ocurrió con Cristo fue por ambición y que mucho de lo que hace daño y perjudica a la gente “tiene esa connotación de ser con intenciones de ambición y obtener beneficios personales”.
Por ello pidió a la gente hacer conciencia “de cómo las personas sufren daño, se perjudica al inocente, se hacen víctimas”.
El arzobispo convocó a los feligreses a ofrecer lo mejor de ellos mismos y tener una lengua experta para confortar al abatido, acompañar y ayudar a quienes son víctimas de la violencia e inseguridad, “apoyar a quien se encuentra como víctima o quien tenga cualquier situación que requiere nuestra presencia al estilo de Cristo”.
Garfias Merlos presidió la celebración eucarística en el cerro de El Encinal después del viacrucis realizado con feligreses acompañados por el sacerdote Juan Carlos Flores Rivas, uno de los promotores del proyecto para colocar la imagen de Cristo Rey en esa parte.
Un centenar de hombres, mujeres y niños subieron a la parte alta del ejido de Carabalí a escuchar misa, después de realizar el peregrinaje y el viacrucis.
Luego de la misa se volvió en un espacio de encuentro entre las familias que se acomodaron en diferentes áreas buscando la sombra para comer.




