Sale la autodefensa de Tierra Colorada; se quedan 200 que buscan formar ahí una policía ciudadana
Zacarías Cervantes
Chilpancingo
Con el compromiso del gobierno del estado de que se encargará de las investigaciones hasta lograr la detención de los responsables del asesinato del comandante de la policía ciudadana de San Juan del Reparo, Guadalupe Quiñones Carvajal, la mayoría de los policías ciudadanos que el martes ocuparon Tierra Colorada, se retiraron de la población esa misma noche.
De los 2 mil efectivos del Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana, que nació del movimiento de autodefensa de la Unión de Pueblos y Organizaciones del estado de Guerrero (UPOEG), sólo se quedaron algunos grupos y los comandantes regionales para organizar la creación de un cuerpo policiaco en ese municipio, el de Juan R. Escudero.
Si se conforma, la presencia de la organización que encabeza Bruno Plácido Valerio aumentaría a ocho municipios.
El comandante regional de la policía ciudadana que coordinó las acciones del martes en Tierra Colorada, Ernesto Gallardo Grande, confirmó vía telefónica que antes de dejar la población, sus efectivos entregaron a la Procuraduría de Justicia del estado a 19 personas retenidas por el movimiento: 12 policías municipales, el director de Seguridad Pública municipal, Óscar Ulises Valle García y a seis civiles.
Ayer, el jefe de la policía ciudadana informó que los seis civiles son integrantes de una familia de apellido Peralta, en cuya casa, ubicada a la entrada de la población en el lugar conocido como Los Arcos, se encontró droga que también fue entregada a la Procuraduría del estado para que se determine las responsabilidades correspondientes.
Ernesto Gallardo, quien coordina la corporación en los municipios de Ayutla y Tecoanapa, confirmó que personalmente retuvo por media hora a la presidenta municipal, Elizabeth Gutiérrez Paz, “pero sólo para interrogarla”.
Por su lado, el dirigente de la UPOEG, Bruno Plácido Valerio, informó que la mayoría de los policías ciudadanos se retiraron la noche del martes de Tierra Colorada, y que sólo se quedó un grupo no mayor de 200 para “levantar algunos datos” y entregarlos a la Procuraduría de Justicia del estado, como parte de la coadyuvancia que se acordó para esclarecer y detener a los responsables de la ejecución del comandante de la policía ciudadana, Guadalupe Quiñones Carvajal.
Sin embargo, dijo que el repliegue no es definitivo y que fue para darle oportunidad a la Procuraduría de Justicia estatal para que realice sus propias investigaciones y detenga a los responsables del asesinato de Quiñones Carvajal, “le dijimos (a las autoridades) que sólo complementaríamos algunos requisitos, datos e información y nos retiraríamos temporalmente”.
Aseguró que la opinión de los ciudadanos de esta cabecera municipal es que se constituya una policía ciudadana para que restablezca la tranquilidad.
Aclaran rumores
En las primeras horas de la ocupación de la cabecera municipal por policías ciudadanos, se escucharon diversos rumores, como que hubo un enfrentamiento entre integrantes de la delincuencia organizada con los policías ciudadanos, otro con policías ministeriales con resultado de un agente muerto, el hallazgo de droga en la casa de la presidenta municipal Elizabeth Gutiérrez Paz y que los policías ciudadanos dispararon a unos turistas que se trasladaban a Acapulco.
Gallardo Grande reconoció que los integrantes del movimiento dispararon, aproximadamente a las 5:00 de la mañana, contra un vehículo no identificado que no hizo caso a la señal de detenerse, pero aseguró que los ocupantes del vehículo siguieron su marcha sin problemas.
Fuentes oficiales informaron que el ataque fue contra una familia de turistas del estado de México, quienes se dirigían al puerto de Acapulco.
La familia se integra, según el reporte policiaco, por Ángel Medina, su esposa y una menor de edad, quienes viajaban en un Chevy Chevrolet morado, con placas de circulación PXH-21-23 de Morelos. En los hechos resultó herido de un rozón Ángel Medina y la denuncia quedó asentada en la agencia del Ministerio Público Turístico en Acapulco, en donde se abrió la averiguación previa TAB/TUR/01/031/2013.
Del presunto enfrentamiento con un agente de la Policía Ministerial, Gallardo Grande explicó que el agente “se hirió accidentalmente” con un arma de uno de sus policías ciudadanos cuando ambos “comparaban” las armas que portaba cada uno.
Pero fuentes oficiales informaron que el herido, Juan Carlos Díaz González, quien se identificó como “empleado” de la Procuraduría de Justicia del estado, denunció que fue herido afuera de la tienda del Oxxo de Tierra Colorada por un policía ciudadano cuando éste pretendió desarmarlo y detenerlo.
Los hechos ocurrieron aproximadamente a las 9:00 de la mañana del martes y el herido fue trasladado al hospital Médica Sur de esta capital para su atención médica. Ayer los reportes médicos eran que su situación era grave pero estable.
El jefe de la policía ciudadana desmintió que se hayan registrado enfrentamientos con miembros de la delincuencia durante las acciones, admitió que se realizaron cateos a una docena de casas, pero sin resistencia de los ocupantes.
Negó que se haya encontrado droga en la casa de la presidenta municipal, pero admitió que una cantidad indeterminada de droga fue encontrada en una casa ubicada a la entrada de la cabecera municipal, ocupada por la familia Peralta. Seis integrantes de esa familia fueron entregados con la droga a la Procuraduría de Justicia estatal para la investigación, el deslinde de responsabilidades y la tipificación del o de los delitos.
Dijo que personalmente retuvo durante media hora a la presidenta municipal y a tres de sus escoltas para que fuera “interrogada” y proporcionara información al movimiento, sin embargo fue liberada junto con su personal de seguridad.
La toma de Tierra Colorada, sin orden ni estrategia
Las primeras horas de la mañana del martes, el ambiente era tenso en Tierra Colorada. Los habitantes del centro de la población y de la avenida principal, Vicente Guerrero, que atraviesa de sur a norte la localidad, al abrir sus casas o negocios se encontraron con cientos de hombres vestidos de civil y algunos con las playeras de la policía del Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana.
Los hombres que llegaron de cuando menos siete municipios de la Costa Chica, portaban escopetas, rifles calibres 22, pistolas y uno que otro, rifles de asalto AR-15 o AK-47, los conocidos como cuernos de chivo.
Algunos se veían nerviosos, de los vehículos que circulaban a alta velocidad salían por las ventanillas los cañones de las armas largas, o los brazos con las manos empuñando pistolas.
Circulaban en vehículos o a pie en todas direcciones, como desorganizados y sin control, pero todos tenían un objetivo: “vamos a encontrar a esos cabrones”, dijo uno de los comandantes, en referencia a los homicidas del comandante de San Juan del Reparo, Guadalupe Quiñones Carvajal, quien fue localizado asesinado, luego de que denunció ante la Procuraduría estatal que en el lugar había extorsiones.
A las 9 de la mañana, en la entrada a la cabecera municipal, rumbo al puerto de Acapulco, unos 100 hombres armados instalaron un retén en el que ordenaron a todos los vehículos que detuvieran su marcha, a los ocupantes que les parecían sospechosos los obligaban a que descendieran para revisar la unidad.
De pronto, decenas de los policías ciudadanos empuñaron sus armas, corrieron y brincaron para abordar tres camionetas; “jálele para Garrapatas” –comunidad vecina de Tierra Colorada– “hay jale”, le dijo el conductor de un vehículo otro.
El reportero pidió acompañar a los ocupantes de una camioneta. “no queremos hacernos responsables de ustedes, va a haber balazos, ya hubo enfrentamientos, hay muertos, no pueden ir”, rechazó.
Una hora mas tarde, el conductor de una camioneta que trasportaba un tinaco para agua fue detenido e introducido a una casa particular. El hombre fue acusado de ser testigo del levantón y posterior ejecución del comandante Quiñones. Dos horas mas tarde fue liberado.
Los integrantes del grupo civil armado actuaron así durante todo el día; escuchaban algún comentario o acusación, infundada o no, y montaban sus vehículos que a toda velocidad arrancaban hacia todas direcciones.
En la parte alta del punto conocido como Los Arcos, una casa deshabitada fue abierta sin mayores contratiempos, sólo porque un vecino dijo que allí, de vez en cuando entraba gente extraña. La vivienda fue abierta violentamente, pero en su interior nada fue encontrado.
La falta de orden y estrategia fue tanta que cuando el vehículo del reportero y el fotógrafo se detuvo en el punto de revisión de la desviación hacia Tecoanapa y Ayutla, uno de los responsables de la operación, al ver que el reportero sacó su cuaderno para buscar el nombre de un contacto y solicitar información, se acercó corriendo para preguntar, “¿que información me trae, a ver deme los datos, dijo mientras con un lapicero se aprestaba a anotar algún nombre o dirección que esperaba recibir”.
La tranquilidad entre los habitantes se fue restableciendo en la medida en que transcurría el tiempo, y al filo del medio día los negocios y las casas estaban abiertos. La gente caminaba por las calles, indiferente a los cientos de hombres armados que agitados corrían por todas partes. Por la tarde ya todo regresó a la normalidad.




