Recrean en Taxco la pasión de Jesús con fardos espinosos y autoflagelaciones
Claudio Viveros Hernández
Taxco
El de ayer fue uno de los días más intensos de la Semana Santa, el Jueves Santo de la pasión de Jesucristo que comenzó por la mañana en las diferentes capillas de los barrios de la ciudad y comunidades rurales y culminó con la Procesión de los Cristos que se prolongó a las primeras horas de este viernes.
Una diversidad de actividades religiosas, dentro y fuera de los templos, antecedieron a la más imponente y prolongada de las procesiones en la que participaron alrededor de medio centenar de imágenes en escultura de Cristos que se congregaron en el santuario de La Veracruz para hacer un recorrido en una ruta larga por las calles serpenteantes de la ciudad iluminadas por cientos de velas y cirios de acompañantes.
Por la tarde, decenas de soldados romanos, identificados aquí como los judíos, protagonizaron un sinnúmero de recorridos por la ciudad en busca de Jesús de Nazaret, a quienes se integró más tarde el personaje de Judas quien los conduce para aprehenderlo, lo que causó expectación entre miles de personas que presenciaron las acciones en varios puntos del centro histórico que se observó lleno de energía humana.
Al anochecer, en la parroquia de Santa Prisca se escenificó el prendimiento de Jesús por los soldados romanos y con ello siguió la procesión del prisionero, atado y vendado de los ojos; desde este lugar hacia el templo de San Nicolás en absoluto silencio.
Ahí, se intercalaron varios grupos de hombre penitentes, conocidos como los encorvados, con la carga sobre sus hombros de pesados rollos de varas espinosas de zarzamora, atados, con los brazos extendidos y cirios encendidos en ambas manos, todos ellos con la desnudez del pecho y espalda, vestidos con un faldón negro, ceñido por una especie de lazo como cinturón, un capuchón negro que protege su identidad y descalzos.
En otros puntos se vieron también a los penitentes que se flagelan, vestidos de manera similar, quienes portan sobre sus manos una disciplina a la que llaman cabresto, y en cuya punta le insertan filosas puntas, con la que se azotan la espalda de manera rítmica, una y otra vez, hasta hacerse sangrar, hincados en una de las paradas ante las miradas de la gente.
Igual que el martes, hicieron su aparición las penitentes ánimas, vestidas todas de negro y con un capuchón, quienes en lo individual y en grupo se sometieron a la disciplina de atarse gruesas cadenas a sus tobillos y con ella avanzan a paso lento al centro de la procesión que recorre las calles con las peculiares notas musicales de las chirimías interpretadas por pequeños conjuntos de músicos con una tambora, un tamborcillo y un violín.
De acuerdo con estimaciones de los organizadores son alrededor de medio millar de participantes de estas hermandades, aunque a decir verdad, ni ellos como penitentes saben cuántos son, ya que han surgido una diversidad de grupos entre los que incluso existen penitentes piratas, según lo admitieron varios de ellos, “ya ni sabemos cuántos somos, porque ahora hasta de todos lados salen de los callejones y se meten a la procesión”.
En las calles, miles de personas, creyentes, lugareños, turistas y espectadores, inundaron la ciudad que se magnificó como el mejor atractivo turístico con la Semana Santa en Taxco.
Llevan a cabo en Taxco la Procesión de los Cristos como parte de la Semana Santa
En una marea humana gigantesca, miles de personas, devotas o no, tomaron prácticamente el centro histórico de la ciudad poco después del mediodía tras llegar de la comunidad de Xochula desde donde acompañaron al Cristo que participó por la noche en la Procesión de los Cristos; una de las más largas e impresionantes que se desarrollan en la Semana Santa en Taxco.
El poblado localizado al sur de la ciudad fue escenario a temprana hora de una enorme concentración de personas que se trasladaron a pie durante las primeras horas para ir a la misa y al finalizar acompañar al Señor de Xochula subidos y apretujados en camiones de volteo en una caravana multitudinaria que se divisó sobre la carretera nacional y después entre las calles empedradas por las que se internaron para llegar al santuario de La Veracruz.
Señoras con sus pequeños, niños, adultos y jóvenes en mayor proporción, todos por parejo se abalanzaron en los camiones en busca de un lugar, y ya arriba, al vaivén del trayecto por las laderas y camino de terracería, sortearon los aventones naturales de unos contra otros que anunciaban el griterío y consecuentes estallidos de desmadre que se viviría más tarde rumbo a la carretera y a su paso por varias comunidades y barrios de la ruta donde otros cientos de espectadores dispersos en el camino les arrojaban agua a cubetazos o con chorros de manguera de camiones-pipa.
Con el calor a cuestas, el temperamento subió también con el estado anímico y los gritos estridentes de “agua, agua, agua” que pedían a su paso y la gente les aventaba para bañarlos en masa con la ropa puesta, eso los provocaba más junto con los fuertes apretujones dentro de la caja de los camiones.
El gozo y abierto desmadre se escuchaba por todos lados, lo mismo que el accionar del claxon conjunto de los vehículos y el griterío que parecían minimizar la música de una banda de viento que entonaba las chirimías, la música propia de esta celebración tradicional.
A la una de la tarde los camiones repletos empezaron a desfilar sobre las calles empedradas, primero con imágenes de otros cristos, como los de las comunidades de Tehuilotepec, Zacatecolotla, El Espejo, Minas Viejas y Poder de Dios, y al final, una hora más tarde, con cientos de acompañantes hizo su aparición en un camión con cerca de una decena de custodios la imagen del Cristo de Xochula al que la gente le atribuye milagros y poderes mágicos.
Para esos momentos el barrio de La Veracruz y sus inmediaciones estaba convertido en zona de concentración, al igual que el zócalo, con miles de personas, ciudadanos y turistas nacionales y extranjeros regados por doquier, en calles francas, libres, despejadas de vehículos, lo que evidentemente disfrutaban, no así el asedio de vendedores ambulantes y el acoso de guías piratas.
En el santuario de la Veracruz comenzaba así la llegada de muchas imágenes, como la de Xochula y otros barrios y comunidades, participantes en la procesión de los Cristos que ayer fue precedida por el Señor de La Veracruz, mejor conocido como El General, en una jornada de las más impactantes y una noche de duelo que se prolongó hasta las primeras horas de la madrugada entre las velas que iluminan las calles y los actos de las diferentes hermandades de penitentes que se someten a duras disciplinas ante la mirada de asombro y estupefacción de lugareños y turistas.




