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Devuelve la tranquilidad la Policía Ciudadana a Tierra Colorada, celebran comerciantes

Zacarías Cervantes

Tierra Colorada

En esta cabecera municipal ya nada es igual desde el martes. La mayoría de los habitantes se encuentran liberados del temor de salir por las noches y encontrarse con los “malosos”.
Antes, las madres les pedían a sus hijas que llegaran a casa antes de las 9:00 de la noche por el riesgo que corrían. Ahora ya no se escuchan en la avenida Vicente Guerrero, la arteria principal, a deshoras de la noche los narco corridos a alto volumen y las botellas de vidrio estrellarse en el pavimento, haciéndose añicos.
Desde que llegaron los policías ciudadanos de diferentes municipios de la Costa Chica, que están integrados al Sistema de Seguridad y Justicia Ciudadana de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), los comerciantes bajan sus cortinas sin temor después de las 10:00 de la noche, y los habitantes abren y cierran sus puertas a cualquier hora, pues el único riesgo que encuentran afuera de sus casas es el de ver a grupos de civiles armados con rifles o pistolas, a pie o en camionetas. Pero nada más.
Hoy, si a caso, reciben una recomendación, “métase a su casa”. Antes, cuando los vecinos salían a pedir a los “escandalosos” que le bajaran un poco al volúmen de los aparatos de sonido de sus autos para que los dejaran dormir, recibían una amenaza con un arma en la frente, o de plano un disparo en los pies.
Así era desde antes de la actual administración municipal, cuando controlaban la población El Pantera, El Veneno, El Chino y El Borrego, quienes a la llegada de la presidenta municipal, Elizabeth Gutiérrez Paz fueron erradicados; unos fueron tomados presos y otros están prófugos pero ya ninguno aparece por las calles de esta población.
Doña Jose, la dueña de una fonda de la Avenida Guerrero recuerda que cuando se establecieron las actuales autoridades municipales todo siguió  igual, “ocurrió algo así como un quítate tú para que me ponga yo”.
Con la nueva administración, el crimen se volvió “oficial”, pues todo mundo sabía que quien mandaba a cobrar el derecho de piso a los comerciantes era el jefe de la Policía Municipal, Oscar Ulises Valle García, “todos le tenían miedo, pasaba por aquí en su camioneta que dicen que era robada, a alta velocidad, teníamos miedo que un día atropellara a alguien”, recuerda la mujer.
Mientras ordena que suban a un vehículo una cacerola con arroz para que se la lleven a los policías ciudadanos que se encuentran concentrados a la salida, rumbo a Ayutla, doña Jose reconoce que ahora los habitantes viven una situación de descanso, igual que cuando llegaron las actuales autoridades municipales, “cuando menos tenemos un respiro”.
La comerciante se resiste a reconocer que la presencia de los policías ciudadanos sea buena para los habitantes, aunque acepta, “pues sí hay mas seguridad, tenemos menos desconfianza de salir por las noches”.
Y suelta, “la verdad era molesto ver cómo los policías se llevaban a los borrachitos y a los drogadictos para que al otro día les cobraran la cuota, mientras que a los verdaderos delincuentes los dejaban actuar libremente, por eso mucha gente dice que eran los mismos policías los que estaban involucrados en la delincuencia”.
Asegura que desde el martes, quienes se habían apoderado de la ciudad ya desaparecieron, con lo que los comerciantes y habitantes en general se sintieron liberados.
Otro de los comerciantes que tiene una tienda de ropa a una cuadra del Palacio Municipal considera que es “incómoda” la presencia de “gente armada que no es de aquí, pero hay que reconocer que nos vienen a devolver la tranquilidad y la seguridad  que no habíamos podido lograr nosotros, por temor o por comodidad”.
Incluso simpatiza con la idea de que “los comunitarios” se queden definitivamente, porque “representan menos peligro” que los policías municipales.
No a todos les agrada la presencia de los civiles armados, Javier Dominguez, un hombre de aproximadamente 70 años de edad que fue encontrado recostado en una mecedora afuera de su negocio de pinturas protestó contra quienes ocuparon Tierra Colorada desde el martes, “son fuereños que nos vinieron a robar nuestra tranquilidad”, dijo, y agregó que esas son las consecuencias de un gobierno que no hace nada por proteger a los ciudadanos y deja que “todo mundo haga lo que se le antoje y lo que quiera”.
Pero aquí la vida sigue su ritmo normal: los comercios se encuentran abiertos en las horas acostumbradas, los ciudadanos caminan por las calles, indiferentes a las camionetas que circulan repletas de hombres empuñando armas largas, o con pistolas fajadas al cinto libremente.
En las calles se ven muy pocos policías municipales que se hagan cargo de la seguridad y siempre están muy alejados de los policías ciudadanos. Los agentes de tránsito sólo controlan el tráfico a una cuadra del Palacio Municipal y los agentes de la Policía Ministerial parecen evitar el contacto con los civiles armados, a pesar de que el acuerdo es trabajar de manera conjunta en las investigaciones para dar con el paradero de los homicidas del comandante de la policía ciudadana, Guadalupe Quiñones Carvajal.

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