Faltan al hotel Camarena baños públicos y regaderas, señalan turistas que lo prefieren
Yee Trujillo
Más de doscientos turistas provenientes de diversos estados del país pasaron la temporada de Semana Santa durmiendo en pequeñas casas de campaña en la playa Carabalí, en lo que ellos mismos llaman su propio hotel Camarena porque algunos utilizan la zona para no tener que pagar hospedaje durante sus vacaciones desde hace 18 años, aunque la mayoría se quejó por la falta de baños públicos y regaderas.
En el área de playa, la organizadora de la excursión, que no quiso revelar su nombre, contó que transportó a más de 180 turistas provenientes del Estado de México en cuatro autobuses, sin contar a los niños “y colados”, y dijo que han utilizado esta área desde hace 18 años sin tener ningún problema, porque la mayoría de los hoteles “están llenos y carísimos”.
La mujer que también pasó sus vacaciones con su familia en una casa de campaña destacó que este año observó más vigilancia de elementos de la Policía Federal y la Secretaría de Marina durante las 24 horas del día, aunque se quejó de la falta de baños públicos porque la mayoría se encuentran sucios y dejan de prestar el servicio antes de las 10 de la noche.
En el lugar, el señor José Antonio Rojas Palomino, que llegó al puerto en esta excursión en compañía de 23 familiares de Naucalpan, aseguró que el “hotel Camarena” fue satisfactorio para su familia porque no pagaron hospedaje y “a todas horas” vieron policías vigilando, pero se quejó porque uno de los prestadores de servicios turísticos “nos estuvo corriendo”, diciéndoles que debían de retirarse y buscar otra playa, aunque nadie le hizo caso porque esto ya es una tradición para muchas familias.
“La pasamos muy bien, todos muy contentos y felices, dormimos aquí dos días, llegamos el viernes en la mañana, todo estuvo muy seguro, no tuvimos problemas y vimos que hay mucha vigilancia, había varias patrullas, y además como venimos todos en grupo pues todos nos cuidábamos, nada más que para el baño sí teníamos que cruzar aquí a las tiendas o los baños que sinceramente estaban muy sucios y nos cobran cuatro pesos”, comentó Belén Flores, del Distrito Federal.
“El único problema que veo yo es que hacen falta más baños, y sobre todo en la noche porque no hay, tenemos que ir al supermercado, toda la gente va a ahí, para bañarnos tenemos que esperarnos a que abran los de aquí de la playa; no importa que cobren, lo que nos interesa es asearnos”, agregó la señora Patricia Zambrano.
Ayer después del mediodía se observaron a decenas de turistas que desarmaban las pequeñas casas de campaña que fueron utilizadas hasta por siete u ocho personas para dormir porque la excursión partió de regreso ayer por la tarde, mientras que otros aún descansaban en las hamacas que colgaron en las palmeras o estaban recostados dentro de las últimas casas de campaña que quedaban en la playa. Uno de ellos dijo que durante la noche les robaron dos sillas y una hielera donde guardaban la comida que compraron en el supermercado.
Entre mobiliario de playas, un grupo de mujeres bañaba a los niños en un área que habilitaron como lavadero y tendedero, y en plena Costera, un padre de familia tapaba con tapetes y franelas a una adolescente que se estaba bañando entre la banqueta y su automóvil que también fue cubierto con tapetes para evitar las miradas de los peatones y automovilistas.
Detrás del ex golfito Carabalí, otras familias se encontraban acampando, así como un grupo de 30 jóvenes de un colegio de bachilleres del Distrito Federal que pasaron cuatro noches en “el camarena”, y al preguntarles sobre el servicios de los baños públicos sonrieron con nerviosismo: “uy, híjole, pues le diré que estas palmeras tienen una gran historia, eh”, respondió Eder Castel y todos rieron al unísono.
“Venimos de Querétaro, somos tres, nos fue perfecto, dormimos aquí cinco días, estuvo bien porque hotel no hay, por más que le buscamos todo estaba con cupo lleno y pues aquí no nos cobran, es gratis todo”, opinó el señor Jorge Yáñez mientras descansaba bajo una gran sombrilla que colocó afuera de su casa de campaña ubicada a unos metros del mar, disfrutando de la vista mientras su familia pasaba las últimas horas en la playa.




