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Niños turistas, los que más se divierten en las albercas porteñas

Salvador Serna

Niñas, niños y más niños por todos lados. Mejor dicho en todas las albercas de los hoteles de la zona dorada de Acapulco.
Las más concurridas fueron las del Elcano, Copacabana, Grandhotel, Playa Suites, Crowne Plaza, Ritz y Avalón.
Allí, dan rienda suelta a toda la diversión infantil que gusta de soñar que están jugando dentro del mar, y también simulan ser marineros o piratas del caribe.
El ambiente en las albercas es de armonía y felicidad, y más cuando hay música aderezando el transcurrir de las horas que, prácticamente, se van como agua ante tanto entretenimiento acuático.
No importa que sea simulado, porque a leguas se nota que la diversión es genuina porque el espíritu infantil lo es. Por eso, la mayoría del tiempo, los adultos solo observan y vigilan las horas de juego de sus hijos, parientes, o familiares de sus amigos.
En un par de horas los estragos del hambre empiezan a surtir efecto y los chiquitines comienzan a exigir, primero las infaltables botanitas y, después, el refresco con el plato fuerte como un gran club sándwich o una hamburguesa con doble carne con sus infaltables papitas a la francesa.
A ratos, los infantes parecen enfadarse de la cristalina, y clorada, agua azul, y a veces, sin avisar a sus familiares emprenden la carrera hacia la playa donde son detenidos por los agentes de seguridad, quienes siguen claras instrucciones de impedir el paso de niños solos a la playa, porque la instrucción es que vayan acompañados por un adulto.
A l no poder concluir la travesura, los pequeñines se regresan a la alberca para seguir degustando su lunch para calmar las tripas y seguir jugando a orillas de la alberca, mientras les hace la digestión, no sea que se vayan a acalambrar dentro de la alberca y se hundan como barquito de papel.
Afortunadamente, los anfitriones y animadoras de las albercas se mantienen atentos a las travesuras de los pequeños huéspedes, que de repente se olvidan de las buenas costumbres y empiezan a jugar luchitas en el agua para sacar el estrés y emular las hazañas de sus ídolos.
El furor por las luchas acuáticas no pasa de media hora. Pasado el entusiasmo, los peques se vuelven a animar por jugar a los barquitos, intentan bucear por segundos y nadar de a muertito.
De esta manera transcurre el resto de la tarde hasta que se oculta el sol. Las familias y sus pequeños integrantes optan por retirarse para esperar una nueva mañana para seguir con la diversión en la alberca.

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