Acusan trabajadoras domésticas trato de esclavas; lanzan campaña para dignificarlas
Henia Prado / Agencia Reforma
Ciudad de México
Como trabajadora del hogar, Leticia Bárcenas padeció durante más de tres décadas los abusos de sus anteriores empleadoras.
Esther Jasso llegó a laborar más de 11 horas días por un sueldo de 100 a 150 pesos diarios.
“Es como ser esclava. Ellos sienten que eres de su propiedad, que uno nunca se cansa, que uno tiene que agradecerles porque nos dan de comer y estar allí”, dijo Leticia sobre las condiciones en las que trabajan sin ningún tipo de derechos.
Ayer, instituciones federales y locales, acompañadas de organizaciones civiles, lanzaron la campaña “Ponte los Guantes por los Derechos de las Trabajadoras del Hogar”, cuyo objetivo es impulsar la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que establece las condiciones dignas de esta labor.
De acuerdo con Sonia Río Ortiz, directora de Estudios, Legislación y Políticas Pública del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), en el país existen 2.3 millones de personas que se ejercen tal actividad y nueve de cada 10 son mujeres expuestas a mayor vulnerabilidad debido a su género.
Y aunque hace más de dos siglos fue abolida la esclavitud en México, algunas trabajadoras del hogar siguen experimentando condiciones equiparables a tal opresión, coincidió Luis González Placencia, presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).
“El año pasado celebramos el Bicentenario de la Independencia, pero hay sectores que no han logrado esa independencia porque siguen trabajando en un esquema de moderna esclavitud”, lamentó el ombudsman capitalino.
“Se ha llegado a confundir la relación con una relación familiar, como en la Colonia, pareciera que las tratamos como si fueran de la familia, entonces no tienen ningún derecho y mucho menos a reclamar esos derechos y con frecuencia eso se coloca en la base de hacer trascendentes las obligaciones que les imponemos a quienes forman parte de la familia de nuestras trabajadoras, por ejemplo las hijas y los hijos, quienes son tratados como parte de la servidumbre”.
Sonia Río Ortiz detalló que entre los abusos más frecuentes ejercidos contra las empleadas están las enormes cargas de trabajo sin descanso a cambio de reducidos sueldos y discriminación.
Asimismo, indicó, carecen de seguro social, contrato, liquidación ni créditos de vivienda, mucho menos existen horarios establecidos ni pago de horas extras.
“A veces hay situaciones que se parecen a las de la esclavitud moderna, nada más que estamos en el siglo 21. El no tener un marco legal que las proteja facilita su desprotección y las pone en la condición de aceptar salarios muy bajos y tener que aguantar condiciones laborales indecentes.
“La ratificación nos daría la posibilidad de empezar en México un proceso de armonización legislativa y luego de elaboración de políticas públicas específicas para este sector de la población”, precisó Río.
Pese a que México firmó en 2011 el convenio, el Ejecutivo federal no ha enviado la iniciativa de ratificación al Poder Legislativo, por ende, el documento no puede aplicarse.
Las normas establecidas en el tratado pugnan por el respeto de principios y derechos fundamentales en el trabajo, protección contra todas las formas de abuso, acoso y violencia, información sobre las condiciones del empleo, periodo de descanso semanal de al menos 24 horas consecutivas, salario mínimo, seguridad social y un ambiente laboral saludable, además de respeto a la privacidad, entre otras.




