Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Humberto Musacchio

Educación, reformas y resistencia

Al iniciarse las vacaciones de Semana Santa, profesores contrarios a la reforma educativa cerraron la autopista a Acapulco y durante nueve horas miles de automóviles quedaron atrapados, pues el bloqueo les impedía avanzar. De esa manera, los maestros impidieron el derecho constitucional al libre tránsito de familias enteras, lo que es decir niños, ancianos  y adultos a quienes se privó de agua y alimentos durante todo el tiempo que se mantuvo el tapón en una de las carreteras más transitadas a lo largo del año, pero que ese día en especial es el camino con mayor flujo de automóviles.
Pese a que se trata de una carretera federal, las autoridades del centro se encogieron de hombros ante el problema y el gobernador de Guerrero, para satisfacer a los ejecutores del bloqueo, decidió conceder a los mentores cuanto pedían, lo que incluía desconocer disposiciones constitucionales recientemente aprobadas. Todo con tal de que dejaran pasar al turismo que en los días de Semana Santa representa una enorme derrama para la sufrida economía de Acapulco y Zihuatanejo.
Con hechos de violencia, los profesores expresan su inconformidad con la llamada reforma educativa, que ciertamente afectará derechos adquiridos al establecer el diagnóstico obligatorio hecho por un organismo independiente para el ingreso, la promoción y permanencia en la cátedra. Pues sí, pero es una verdad de Perogrullo que México no irá ni a la esquina con un alto porcentaje de mentores incapaces de expresarse con corrección, escribir con mediana ortografía o leer con fluidez. Esos profesores son víctimas de un sistema educativo que no los preparó para actuar con solvencia, pero a la vez son victimarios de los niños y jóvenes puestos bajo su cuidado.
Ese es el nefasto resultado del funcionamiento corporativo del viejo orden, incapaz de admitir la disidencia, pero muy dispuesto a propiciar el enriquecimiento de los líderes sindicales a condición de que mantuvieran a su gremio en paz, así fuera a costa de tolerar ineptitudes, irresponsabilidad laboral y cosas peores. Frente a ese sindicalismo surgió la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, que agrupa a líderes democráticos lo mismo que a charritos desplazados del SNTE, lo que hace de la coordinadora un monstruo de mil cabezas, ninguna de las cuales cuenta con la necesaria representatividad.
El gremio magisterial agrupado en el SNTE y la CNTE debe saber que la educación requiere una reforma profunda o México quedará fuera del juego –parcialmente ya lo está– en un mundo cada vez más competido. Por otra parte, el Estado ya no puede encogerse de hombros, como ocurrió durante la docena trágica del panismo, y ahora, es obvio, tendrá que combinar la política y la fuerza, porque tan reprobable es el gobierno que no tiene más solución que la fuerza represiva como aquel que se siente acorralado y todo lo concede, sin pensar en las consecuencias. Ni otro ni otro son en realidad gobierno.
En otro momento, una fórmula para encauzar propuestas e intereses hubiera sido realizar un congreso con la participación de todas las partes involucradas. Lamentablemente, el futuro ya alcanzó a la educación y lanzar una convocatoria sería caminar hacia un fracaso previsible, pues todas las partes saldrían insatisfechas. En esa circunstancia, el Estado debe asumir su responsabilidad y tomar medidas enérgicas pero prudentes para que el barco comience a enderezarse. En ningún caso avanzará sin resistencias, pero como decía Reyes Heroles, el poder es porque puede. Si no puede no es poder.

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