Jorge Camacho Peñaloza
Por una educación democrática
Aquel que arrebata la libertad a otro es prisionero del odio, está encerrado en los barrotes de los prejuicios y la estrechez de miras. Nadie es realmente libre si arrebata a otro su libertad. Nelson Mandela.
Guerrero no va salir adelante si no empezamos por devolverle a la ley su lugar como elemento regulador de la justicia, convivencia y transacciones en la sociedad; la cultura de la legalidad, la aplicación de la ley, el respeto a las leyes, la vigencia del Estado de derecho, es decir de gobernantes que se conduzcan en el marco del derecho.
Tampoco va a salir adelante si no modernizamos y saneamos su sistema educativo, el derecho a la educación es un derecho humano, si queremos que Guerrero alcance mejores niveles de desarrollo tenemos que entender que el actual sistema educativo ya es un cuello de botella que impide el libre paso a un verdadero y democrático sistema educacional.
La educación es la base de la sociedad, un tejido social fuerte y sano no sólo depende de las familias, se nutre en la formación escolar, si queremos que nuestro estado mejore tenemos que voltear como sociedad a la educación y transformar lo que hoy tenemos como sistema educativo.
¿Pero, a qué sociedad aspiramos si el ejemplo que dan algunos maestros que andan en la calle es el de oponerse sistemáticamente a mejorar la calidad de la educación, a conseguir sus objetivos particulares afectando a la sociedad, pretendiendo doblegarla a ella y a sus poderes públicos?
Los maestros que andan en la calle tienen derecho a manifestarse, a estar en desacuerdo, pero a lo que no tienen derecho es a querer imponer a la sociedad vía la violencia sus intereses, la soberanía, que es la voluntad del pueblo, no puede ser rehén de sus intereses.
Lo que está en juego en la actual coyuntura protagonizada por los maestros disidentes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación, no es precisamente la educación de los niños y jóvenes de las primarias y secundarias del estado, si así fuera estarían en las aulas promoviendo al mismo tiempo sus propuestas por la educación, pero no, no es la educación, sino sus intereses políticos y económicos, de ahí su comportamiento radical en contra de la sociedad por cuanto a que sienten afectados sus intereses particulares.
En realidad, lo que los maestros de la CETEG persiguen, y que es lo que percibe gran parte de la sociedad, es defender sus privilegios de poder en términos de permanencia en la nómina sin pasar por sistemas de evaluación de su trabajo y aptitudes, de intervención en el nombramiento de quien debe subir en el escalafón y en la distribución de las plazas, de decidir a quién heredar sus plazas sin importar el perfil del heredero y de garantizar plaza a todos los normalistas que egresen de las normales estatales; una postura no precisamente democrática la de los maestros.
Es una lucha de poder, que no por la educación, sobre todo si nos atenemos a sus métodos de lucha, desquitándose con la sociedad, agrediéndola, sometiéndola a sus conductas delictivas, así nunca van a obtener la simpatía de la sociedad aunque sus causas suenen bien en discurso, aunque esta, insisto, pague sus sueldos.
Lo que los maestros que andan protestando en las calles y en la autopista están proponiendo es una educación sometida a sus privilegios económicos y políticos, que no a las necesidades de la formación de los niños y jóvenes guerrerenses, ni a las exigencias de calidad y excelencia que necesitan los guerrerenses para liberarse de un patrón de desarrollo generador de pobreza y de un régimen político que se limita a administrarla.
Lejos, muy lejos, están de proponer una educación democrática, es más hasta creo que en realidad, sin darse cuenta, le temen a la democracia aunque sea su principal bandera.
En primer lugar, una educación democrática, cualquier cosa que se diga democrática, pone al centro de sus valores a la sociedad, ella es lo que más importa y vale, por quien se hacen las cosas y se lucha, y no agrediéndola, confrontándola directamente o coartándole mediante la violencia, intimidación y agresión sus libertades. Por esto los maestros que andan en la calle agrediendo a la sociedad saben perfectamente bien que nunca de los nuca van a tener el apoyo de la sociedad porque saben que la han agredido.
En la democracia, desde los tiempos de sus padres los griegos, quien aspire a tener una responsabilidad que tenga que ver con la polis, con lo público, tiene que demostrar sus virtudes, méritos, así públicamente, para que tenga acceso a ese derecho, y los maestros que andan en la calle rechazan ser evaluados, realmente reprobarían. Si de verdad defendieran la educación pública deberían ser los primeros en impulsar una estricta evaluación de su desempeño.
La democracia es un sistema de reglas e instituciones para dirimir diferencias, participar, protestar y acordar puntos de vista sobre lo colectivo, y los maestros que andan en la calle creen que debe ser lo que quieren desde su totalitaria y dictatorial forma de defender sus prebendas e intereses. Hay instituciones, úsenlas, antepongan amparos, defiéndanse, soliciten apoyo de la sociedad, de sus representantes en las soberanías de los estados, pero no pretendan que las instituciones representantes de la sociedad se sometan a sus necedades.
En las áreas privadas de la vida de las personas y de las organizaciones de la sociedad civil pueden caber y darse las ineficiencias, en lo público no, en lo público por lo mucho que está en juego debe de prevalecer siempre lo mejor, lo más eficiente, lo más honesto y venerable, den muestra de que son maestros de la sociedad y no un grupo de individuos que solo defienden sus propios intereses con banderas democráticas, la sociedad ya no los ve como antes, como los apóstoles de la educación. Se sabe de la corrupción en la venta de plazas, de las ineficientes y simuladoras prácticas pedagógicas de la educación, del sindicalismo perverso que se practica. Si son democráticos demuestren que son los primeros en respetar las reglas, las leyes y las instituciones para que tengan calidad moral a la hora de protestar y que los apoye la sociedad.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A esos maestros y maestras que andan en la calle, que ya no ataquen a la democracia, que está bien que anden luchando por una educación democrática, pero que lo hagan democráticamente, así chance hasta yo me lanzo a las calles y no habría ni quien me caye: lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar por una educación democrática, de excelencia y popular.




