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Muere el español Bigas Luna, cineasta que descorrió el velo del erotismo en el celuloide

Carlos Rubio / Hugo Lazcano / Agencia Reforma

Madrid / Ciudad de México

El director catalán Bigas Luna falleció este sábado a los 67 años en la ciudad de Tarragona, víctima de un cáncer, informaron fuentes cercanas a su familia.
La muerte del realizador de cintas como Jamón, jamón, Las edades de Lulú o Tatuaje, quien estaba trabajando desde hace tres en la superproducción Segon origen, ha tomado por sorpresa al mundo del cine español, que se ha vestido de luto por el fallecimiento del cineasta, uno de los más destacados representantes del nuevo cine ibérico.
Nacido en Barcelona en 1946, Josep Joan Bigas Luna fue descubridor de actores como Penélope Cruz, Javier Bardem, Ariadna Gil o Jordi Mollá.
Se inició en la gran pantalla con la película Tatuaje, en 1976, y la fama le llegó al poco tiempo, cuando en 1979 se hizo internacionalmente conocido al ser seleccionado para participar con el filme Bilbao en el Festival Internacional de Cine de Cannes.
Tras unos años alejado de la gran pantalla, volvió en 1990 con una adaptación de la novela erótica de Almudena Grandes, Las edades de Lulú, cinta que lo dio a conocer en México.
Más tarde, con Jamón, jamón (1992), película protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz, ganó el León de Plata del Festival de Venecia y el premio del Jurado al Festival Internacional de Cinema de San Sebastián.
En Venecia volvió a cosechar triunfos, cuando en 1994 obtuvo el premio al Mejor Guión por La teta y la luna, una cinta erótica relacionada con el mundo casteller.
Sus últimas películas fueron Yo soy la Juani (2006), en la que volvió a descubrir un nuevo talento femenino, Verónica Echegui, tras un sonado casting entre chicas de barrio españolas, y Di Di Hollywood (2010), en el que dirige a una Elsa Pataky rebosante de erotismo.
El realizador, quien se había instalado desde hace tiempo en la pequeña ciudad de Virgili, Tarragona, donde había creado junto a su mujer una empresa de productos ecológicos, fue reconocido en 1998 con el Premio Nacional de Cine de Cataluña, concedido anualmente por la Consejería de Cultura de la Generalitat.
Actualmente trabajaba en la mencionada adaptación de la novela Mecanuscrit del segon origen, de Manuel de Pedrolo, la cual será concluida por Produccions Audiovisuals Antártida para hacer realidad la ilusión del cineasta, según dijo el coguionista del filme, Carles Porta.
El también productor indicó que Segon orige”, película coproducida por España, Gran Bretaña y Bélgica, se encuentra con toda la planificación hecha y los preparativos muy a punto para iniciar la filmación, cuyo arranque estaba previsto para antes de este verano.
Porta precisó que se trata de un filme en 3D, que cuenta con un presupuesto de 10 millones de euros, que se grabará en buena parte en las ciudades de Lleida y Barcelona con cámaras estereoscópicas a través de cuatro cámaras tipo Red One.
Ya en la presentación del proyecto, Bigas Luna había manifestado su enorme ilusión por llevar a la gran pantalla la obra de Pedrolo, alegando que es una historia dirigida a un público juvenil que invita a reflexionar sobre la ecología y la sexualidad.
En ese sentido, el cineasta había detallado que Segon origen recrea la historia de un niño y una niña que parecen ser los únicos supervivientes de la Tierra, después de una destrucción masiva del planeta.
Tras estos tres años de trabajo codo con codo con el cineasta, el coguionista lamentó la muerte del director catalán, al que se refirió como “un gran tipo y un gran arista, cuya trayectoria cinematográfica debe valorar la gente”.

Maestro del arte erótico

A diferencia de otros prestigiados realizadores españoles, como Carlos Saura o Pedro Almodóvar, Bigas Luna trascendió como un creador dotado de una sensibilidad única para contar historias que combinaron con maestría lo artístico del cine con elementos eróticos y subliminales.
Desde los años 70, con Bilbao, sacudió a una anquilosada crítica española al mostrar el doloroso relato de amor entre un psicópata y una prostituta.
Si de entrada esto suena agresivo, las secuencias de amor-odio entre la pareja protagonista evidenciaron a un director que nutrió su iconografía en cámara con un exquisito manejo de actores que llevaban a la audiencia de lo burdo a lo sublime.
El cine de Bigas Luna no tenía medias tintas, inquietaba, molestaba o encantaba.
Lola, de 1986, consagró en el firmamento fílmico a la actriz Ángela Molina, gracias al potente conflicto de identidad que Bigas imprimió en su personaje, una trabajadora de una fábrica que recibe sendas palizas y violaciones de su pareja, a quien decide abandonar a la mala, desatando con ello un relato inmisericorde, pero, al mismo tiempo, luminoso.
Desde entonces, las tramas del cineasta estuvieron impregnadas de valores llenos de trasgresión para una sociedad como la española: desnudos totales, secuencias de coitos, sadomasoquismo y peleas de género.
Pero todo cobijado por un hilo visual de delicadeza y diálogos conmovedores.
En los 90 escandalizó una vez más a un sector de la crítica de España con su versión cinematográfica de la novela de Almudena Grandes, Las edades de Lulú.
Hubo quienes calificaron la cinta como una obra pornográfica, pero en el resto de Europa impresionó el estilo narrativo de Bigas Luna, quien supo sacar provecho de todo aquello subliminal en tramas duras y sin concesiones como Jamón, jamón y Huevos de oro, sus siguientes dos filmes, los cuales ahora son catalogados como películas de culto.
Considerado en los grandes festivales del mundo como un maestro de la filmografía, Bigas Luna rechazó trabajar en Hollywood cuando le ofrecieron en los 90 hacer un remake de Jamón, jamón, con Kim Basinger.
En La teta y la luuna, lleva al límite una enferma relación entre una pareja que vive en el camper de un modesto vecindario y la fascinación de un niño por ambos personajes, especialmente de la mujer, de quien se enamora y marca su vida.
La crítica de América recibió entonces con palmas al realizador catalán, a quien le celebraron, por fin, su incomparable sello, que caracterizó el resto de su obra.
Dos títulos más enmarcan en los 90 esa obsesión de Luna por los romances llenos de altibajos y las pasiones carnales sin desenfreno: Bámbola y La recamarera del Titanic, ésta última una bella fábula amorosa que Bigas concibió precisamente para darle cachetada con guante blanco a Hollywood, que por ese entonces encumbraba Titanic, de James Cameron.

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