Anituy Rebolledo Ayerdi
Botica 5
Sierra Madre
Por falta de espacio Botica 4 se guardó una reseña brevísima de algunas de las muchas cuencas pluviales. Las mismas que descienden de tiempo inmemorial por los cerros que bordean la bahía y que dan origen al anfiteatro sobre el que se recuesta la ciudad. Cerros que forman las últimas estribaciones de la Sierra Madre del Sur y cuyas cimas no alcanzan los mil metros de altura, aunque tan solo a 50 kilómetros ya rebasan los dos mil.
Además de un arroyo que bajaba por la hoy calle Azueta y del que se servía la empresa estadunidense Pacific Mail para surtir agua a sus embarcaciones, el ex alcalde Alfonso Argudín recordaba otra corriente que pasaba por su casa. Bajaba del cerro de La Mira, a partir de un ojo de agua conocido como El Venado, pasaba por un costado del domicilio de los Van Meeter y enseguida por la escuela Altamirano. Seguía su curso entre las casas de los Adame y los Basterra, deslizándose enseguida bajo un pequeño puente de madera, cerca del Hotel Jardín. Cuando desemboque finalmente en la bahía, habrá dejado atrás las residencias de los Argudín y de don Francisco Moreno, además del Salón Moctezuma, de los Juárez Guzmán.
En Caletilla, un estero bañaba toda el área que hoy ocupan la plaza de toros, el abandonado Jai Alai y el estacionamiento público convertido en mercado. Desembocaba donde hoy se levanta el hotel Bocachica.
Más acá estaba el arroyo de la playa de La Aguada, nombre que adquiere porque de él se servían las embarcaciones para abastecerse del preciado líquido y que en lenguaje marino es “hacer aguada”.
Los lavaderos de Juana Valle
El estero de Manzanillo fue aprovechado para la instalación de lavaderos públicos dedicados por doña Juana Valle para uso de las mujeres de los barrios aledaños que lavaban ajeno. La abuela de los Walton Aburto pidió como regalo de cumpleaños lavaderos nuevos para sus mujeres. Cumplía 101 años de lúcida existencia.
Recuerda el cronista Carlos E. Adame las primeras tarifas de las lavanderas del puerto: 25 centavos la docena de ropa y el doble por la planchada.
Otro arroyo descargaba en la playa de Hornos. Bajaba del fraccionamiento Marroquín y escurría atravesando la actual avenida Cuauhtémoc, inundaba el campo de aviación (auto hotel Ritz) y desembocada al mar entre los hoteles Maris y Ritz.
El arroyo de La Garita, a partir de La Cima, ha reclamado desde siempre y con violencia su cauce natural y su desembocadura plena. Algunas veces ha tronchado la avenida Farallón y en otras inundado los sótanos del hotel Emporio Continental. Finalmente y a regañadientes se abrirá una vía para dar la corriente paso libre y expedito hacia la bahía.
La virgen generala
Un terremoto destruye el 21 de abril de 1776 la parroquia de nuestra Señora. de la Soledad, venerada aquí quizás desde 1566, por lo que su imagen será resguardada en la fortaleza de San Diego. Luego de tres lustros de permanecer en ese lugar, la virgen dolorosa será proclamada ahí mismo Patrona de Acapulco. Aquál momento es narrado por un cronista anónimo:
“El 8 de diciembre de 1812, las autoridades religiosas, civiles y militares en fraternal consorcio, proclamaron a nuestra Señora de la Soledad Patrona de Acapulco y Generala de las tropas acuarteladas en el Castillo (como era llamado el fuerte). El comandante de ellas Don Pedro Antonio Vélez, ciñó a la Venerable Imagen con una banda de Generala y, en señal de vasallaje, puso en sus manos un bastón de mando. El pueblo que presenció la escena aplaudió emocionado aquél gesto caballeresco y filial mientras se disparaban salvas de artillería como manifestación de júbilo”.
Ocho años más tarde, una vez reconstruido el templo, la venerada imagen fue llevada en solemne procesión hasta su nicho en el altar mayor. La misa solemne Coram Sanctíssimo será oficiada por el cura párroco Felipe Clavijero y estarán presentes el gobernador Nicolás Gándara, el Ayuntamiento en pleno y nutrido pueblo.
Pasarán muchos años más. En 1841, el párroco José María Lozano Daza acuerda el envío de la imagen sacra a la ciudad de México, para ser retocada de los daños sufridos durante su permanencia en la fortaleza. Allá, además, será bendecida por el arzobispo don Manuel Posada y Garduño, el primer mexicano en ocupar la sede primada de México. La vuelta al puerto de la imagen es narrada por el mismo cronista: “Todo el pueblo, llevando a la cabeza a sus autoridades, salió a recibirla hasta el paraje llamado ‘La Huerta del Chino’.(?) Y desde ahí se condujo en procesión hasta la iglesia parroquial”.
(Agradecemos a nuestra amiga y colaboradora doña Georgina Bermúdez Fernández, habernos acercado a esta información).
Las bicicletas
Bueno será, una vez que termine todo este relajo citadino, admirar buenos chamorros acapulqueños pedaleando bicicletas en la ciclopista de la Costera. Un vehículo de muy antigua presencia en nuestro país, aunque no en el puerto por sus restricciones orográficas.
La bicicleta habrá llegado a México en 1870 y fueron damas temerarias, con la oposición de madres y abuelas, las primeras que dominaron tan demoniaco instrumento. Ello no obstante las complicaciones del vestido de la época (blusa, camisón, casquilla, falda, zagalejo, delantal, jubón, manteleta, mantilla, saya, refajo, sobretodo, medias, zapatos, toca y sombrero). La primeras marcas populares fueron Rambler, Steams y Columbia presentadas como símbolo de modernidad, rapidez y salud. Las casas de empeño, por ejemplo, prestaban más por una “bici” que por una máquina de coser, lo que hablaba de la jerarquía social que alcanzaron tales vehículos.
(El escribano tiene, a propósito de esto último, una apuesta en el sentido de que hay en un Acapulco “quebrado” más casas de empeño que OXXOS y ya alguien los cuenta para seguramente darle la razón. Ora que los objetos de empeño han variado sustancialmente de 1913 a 2013. Hace un siglo, por ejemplo, las damas empeñaban enaguas, vestidos, sábanas, sartenes, ollas, soperas, vasos y vajillas –de plata las familias bien. Hoy ¿qué serán?, joyas, relojes, microondas, pantallas y la certidumbre de que nunca regresarán por ellos.
Volvamos a la bicicleta cuyo uso ha sido escaso por la topografía serrana del puerto, aunque hay oficios y empleos para las que ha sido instrumento imprescindible. Ahí están los carteros, los telegrafistas, los aboneros, los panaderos, los otrora gendarmes nocturnos y más. Muchos niños y jóvenes acapulqueños aprendieron a “andar” en bicicleta alquilada, siempre con la idea de dominarla para cuando llegara la propia vía los Santos Reyes.Y no, pos no. Los hermanos Ivo y Aldo Eros Mazzini atendieron, en Independencia y Progreso, una agencia de alquiler del vehículo cuyo manejo, se dice, nunca se olvida. ¿Serio?
A propósito, se dice que en China el bicilo va en retirada porque cada vez más chinos adquieren auto. No obstante, su número se calcula en más de ¡300 millones de bicicletas!
La Revolución en Acapulco
Federico Carranza, escritor, traductor, buzo y amigo con muchos años de residencia en el puerto, tiene una explicación del por qué una calle de Acapulco lleva el nombre de su ascendiente Jesús Carranza y no el de su hermano mayor don Venustiano, figura esta señera de la Revolución e impulsor de la Constitución de 1917.
Y es que don Jesús estuvo en Acapulco en cumplimiento de una misión de su hermano, la de unificar a todas las fuerzas revolucionarias en torno al constitucionalismo. Llegó don Jesús al puerto el 10 de noviembre de 1914 a bordo del cañonero Guerrero, procedente de Oaxaca y permaneció aquí tres días. Todas las facciones revolucionarias de la región atendieron su convocatoria, no obstante que las había irreconciliables entre sí.
Reunidos en los altos de la Aduana Marítima (hoy edificio Nick), los alzados del sur juraron lealtad al Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, si bien todos nerviosos mirándose de reojo y sobando las cachas de sus pistolas. El general Carranza fue objeto del reconocimiento unánime por haber logrado lo que parecía imposible… Los abrazos y felicitaciones estentóreas menudearon entonces entre los participantes, lo que no impedirá que poco más adelante se exterminen unos a otros.
Cuando dos meses más tarde se conozca aquí el asesinato en Oaxaca del general Carranza, junto con su hijo Abelardo y su sobrino Alejandro Peraldi, ambos de 18 años, los indignados revolucionarios del puerto, dolidos, le rendirán honores militares. Recordarán a don Chucho como un hombre valiente, noble y generoso, muy parecido al Primer Jefe aunque su barba eran menos luenga y mucho más aventajado el vientre. La autoridad municipal se unirá al homenaje acordando en cabildo otorgar el nombre de Jesús Carranza a la calle que hoy lo ostenta.
Revolucionarios acapulqueños
El cronista Rubén H. Luz Cas-tillo enumera en sus Recuerdos de Acapulco a muchos jóvenes revolucionarios acapulqueños, incluso con los grados que ostentaron. Les rinde así el homenaje que nunca tuvieron como soldados
Subtenientes: Constancio Martínez Ramos, Ramón Arvizu, David S. Arizmendi, Tomás López, Humberto Var-gas, Enrique Liquidano y Mar-cos Sánchez Sosa.
Tenientes: Miguel Valeria-no, Francisco Carmona Carmo-nita, Daniel Lobato, Pedro Olea, Matías Sánchez y Pale-món Gómez.
Capitanes: Manuel Uruñue-la, Eliseo Escobar, Juan H. Luz Apun (telegrafista), Octavio Pelón Lobato, Reynold Miran-da, José Galeana, Natividad Rivera, Gregorio Miranda, Ma-nuel Galeana, Nicolás Márquez, Modesto Guillén, Severo Medi-na, Eustacio Tachire Olea, Fer-nando Heredia, El Ciricua.
Mayores: Crispín Escobar, Isaías Acosta (pagador), Dustano Montano (doctor).
Tenientes coroneles: Nico-lás Uruñuela, Donaciano Re-sendiz y Rosendo Cárdenas.
Coroneles: Florentino Zuri-ta, Antonio Fernández, Amado Olivar, Crisóforo Salas, Sabino Deloya, Salomé Castrejón, Flo-rencio Maya, Isaac Dorantes, Darío Olea y Natalio Vinalay.
Generales: Albino Lacunza, Desiderio Zequeida, Felipe y Mariano Barrios y Félix Alvarez.
Escuela de aspirantes
H. Luz Castillo reivindica en su texto a los jóvenes cadetes acapulqueños de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan, quienes participaron al iniciarse la Decena Trágica en el asalto al Palacio Nacional. La orden de los generales Manuel Mondra-gón y Gregorio Ruiz, aseguran algunos historiadores, era la de asesinar al Presidente Madero. Los hechos:
“Un grupo de vanguardia de la referida institución logró tomar el control del Palacio Nacional, haciendo prisionero a Gustavo A. Madero, hermano del Presidente de la República, al señor García Peña y al almirante Adolfo Bassó. Sin embargo, gracias a la pronta reacción del general Lauro Villar, el Palacio fue recuperado y los prisioneros liberados”.
Revela el cronista acapulqueño que participaron en la refriega, engañados, los cadetes acapulqueños Daniel H. Luz Silva, Víctor Contreras y dos de sus hermanos; Federico y Ale-jandro H. Luz y Miguel Tellechea. Murieron en el asalto Daniel y Víctor, logrando el resto huir indemnes.
Un siglo ha pasado ya.




