Jaime Castrejón Diez
Espacio a la desobediencia
El ejercicio del gobierno debe responder a ciertas ideas básicas que son la razón de ser de un Estado moderno. Una de las más importantes es la de seguridad, es por eso que los gobiernos tienen aparatos para asegurar este servicio. Cuando estos fallan hay reclamos sociales y, en ocasiones, desobediencia civil. Es así como surgen los movimientos de autodefensa y en última instancia la tentación de hacerse justicia por su propia mano. En esta forma han surgido a lo largo del tiempo organizaciones que llegan a confrontar al Estado mismo, como es el caso de los paramilitares y las FARC en Colombia. Normalmente cuando estas aparecen es cuando se considera que hay un Estado fallido.
Es inquietante cuando aparecen estos síntomas porque revelan una sociedad en crisis y a un Estado cuestionado. Ya ha habido momentos en que se cuestiona al Estado, se vio en los años noventa cuando, como resultado de la rebelión zapatista, se crearon guardias blancas y en momentos de crisis esto se convierte en una situación explosiva, como se vio en la matanza de Acteal. Los grupos de autodefensa son un síntoma de que la estructura social se está rompiendo, la presencia de encapuchados con armas de alto poder hace pensar en que el anonimato que les da su situación, sin tener que rendir cuentas a nadie, se convierten en casi señores de horca y cuchillo semejantes a aquellos caudillos que no obedecían a nadie.
Recientemente aparecieron nuevos grupos de autodefensa en Michoacán en las localidades donde los Caballeros Templarios han sentado sus reales. La Tierra Caliente de Guerrero y Michoacán ha vivido largas etapas de violencia y esta nueva situación augura un baño de sangre. También lo es el conflicto magisterial en Guerrero, con la secuela del desalojo de los manifestantes en la Autopista del Sol.
La pregunta que debemos hacer es ¿cómo llegamos a esto? A lo largo de los años y los gobiernos ha habido un espacio cedido a la desobediencia y esto es algo que se manifiesta tanto en la inseguridad como en los desmanes de los jóvenes en distintas épocas. Si tomamos solamente los más recientes, debemos analizar los hechos de los desmanes el mismo día de la toma de posesión del Presidente de la República, los disturbios en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en Morelia y también en los CCHs. Esto es algo que también en su pragmatismo debe empezar a solucionar el sistema, para que su gobierno tenga el éxito que espera. Pero por lo pronto solo vemos el movimiento de aglutinar a su alrededor los instrumentos de poder que le permitan gobernar.
El caso del SNTE y de la CNTE que ahora están siendo centrales a los cambios políticos muestran que cuando se ceden espacios de desobediencia el efecto no es pasajero, como lo muestra el caso de Oaxaca que se repite año con año. La verdad es que hay una lucha para que estos espacios de desobediencia civil se hagan permanentes y que se condonen los delitos que se cometen en estos espacios. Se ve en las negociaciones de los CCHs que para solucionar el problema el requisito era de no castigar los delitos cometidos durante el proceso.
Nuevamente el Estado se ve confrontado por tres entidades que están siendo asediadas porque los sindicatos de profesores no quieren aceptar una reforma al sistema educativo que el Congreso de la Unión ha establecido. La presión sobre los mandatarios estatales para anular una reforma federal está fuera de lo que se pudiera considerar razonable. Se busca entrar en los espacios de desobediencia civil que lleva al Estado a ser cuestionado por vías de facto, lo que significa admitir que se vive un Estado fallido.
Los eventos en Chilpancingo vuelven a traer el tema a la discusión nacional. La reforma educativa que se hizo en el Congreso de la Unión, que fue aprobada por las dos cámaras en un procedimiento claro de la democracia representativa, modificó la Constitución General de la República. Esto debe ser la premisa mayor en este debate que amenaza a nuestras instituciones. Lo que está en juego es el concepto mismo de un gobierno que representa a la nación. ¿Es posible negociar estos conceptos?




