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Federico Vite

El patriotismo del hombre

En una de las estancias de José Revueltas en Lecumberri, el autor de Dios en la tierra afirmó a una periodista los motivos de su rebeldía, de su necesidad por ser combativo: “La historia es terca y yo tengo la misma insistencia”.
Bastaría con pensar en El Apando, Los muros de agua, En el algún valle de lágrimas y Los días terrenales para creer esta aseveración apasionante. Pero cómo se traducía esa fuerza vital en la obra de Revueltas. Parece que la clave está en una de las entrevistas que Elena Poniatowska hizo al nacido en Canatlán, Durango. Revueltas explicó extensamente por qué sus personajes parece estar marcados por un sino maléfico, por una fuerza oscura, que como refiere Malcom Lowry, en Bajo el volcán, llega desde el cosmos para acabar con la voluntad de los terrestres.
“Una creencia particular mía desde el punto de vista del método es no dicotomizar (el bueno en un lado y el malo en el otro), sino interpenetrar esos contrarios, saber que el malo es bueno y que el bueno es malo, pero no delineados de una manera específica porque si no estaría escribiendo como los realistas del siglo XIX, el naturalismo, más bien dicho, Zola, la prostituta redimida, el ladrón regenerado. Se trata de ver a la humanidad en su multiplicidad, en su pluralidad desgarrada”, dice el maestro ensanchando las columnas de su credo narrativo. Agrega: “Yo tengo mitos materialistas. Y yo lo dije en una conferencia en la Ibero, el hombre no puede vivir sin mitos, pero el mito hay que tomarlo como a la ideología; la ideología es inevitable. Creo que la filosofía supera a la ideología, que la ideología es una falsa conciencia, pero para movilizar a las masas, mover palancas históricas (vamos a darles ese nombre), necesitas de ideología, de la religión y de la política e inclusive de la literatura, ¿por qué no? Yo trato a mis personajes metafísicamente. Yo igualo a los hombres, al verdugo y a la víctima”.
No veo en la actual narrativa del país un escritor con los arrestos de Revueltas. ¿Se deberá a que nos hemos vuelto cómodos? ¿Se deberá a qué nuestras ideologías son tan endebles que no deseamos siquiera esa hermandad entre la víctima y la verdugo? ¿Nos hemos cansado de denunciar los excesos del poder o nos conformamos con postearlos en los muros de Facebook?
Tal vez las palabras de este maestro del desencanto ayuden a pensar por qué ya no hay autores como él. “Existe una posición (ética) que es diferente a la posición moral. La moral tiene una derivación hermética, enajenante y enajenada, y la ética es una posición filosófica respecto a los valores que pudiéramos llamar más permanentes del ser humano. Yo amo al ser humano pero tampoco lo amo del todo; sé que el ser humano es un accidente de un determinado contexto geográfico, histórico, político y social: entonces es un ser transitorio que va a terminar su existencia, y me coloco en el punto más trascendente de la vida del ser humano con un patriotismo del hombre; amo al ser humano por encima de todas las cosas. Me parece un valor que ha sido creado a través de la historia, el valor más importante que tenemos en la tierra […]. La relación humana te obliga a tener contactos inesperados y sorpresivos. La sociedad humana no es lineal ni pareja, sino que las contradicciones de la sociedad humana se reflejan en tu propia persona. Entonces si luchas por la libertad tienes que estar preso, si luchas por alimentos tienes que sentir hambre. Ése es el tipo de contradicciones que se dan en una sociedad de clases”, refiere.
Un 14 de abril de 1976 murió José Revueltas. Sirva este breve artículo para recordar a uno de los monstruos del cuento, a uno de los hombres más vitales que tuvo la literatura mexicana. Revueltas era patriota del hombre, alguien con el corazón de esponja que vivía el drama en gente de su propia mitología.

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