Alberto Peláez: los premios periodísticos se ganan por el profesionalismo, no por la nacionalidad
Aurélie Daly
“Se premia a los fotógrafos de guerra por su profesionalismo, no en función de una guerra o de un país”, opinó el corresponsal de guerra, Alberto Peláez tras el otorgamiento del premio Pulitzer, por primera vez, a los fotoperiodistas mexicanos Javier Manzano y Narciso Contreras, por su trabajo periodístico en el conflicto sirio y quienes consideran que realizar su labor en México es más peligroso que Siria para los reporteros.
El periodista español, que cubrió 19 guerras en 20 años, consideró que lo que está recompensado es “la labor de uno y hasta dónde quiera llegar. Yo empecé a decir no cuando nacieron mis hijos”.
Alberto Peláez, corresponsal de Televisa en España presentó ayer su primera novela El olvido de la memoria en el hotel El Encanto, en presencia de la ex directora del Instituto Guerrerense de la Cultura (IGC) y recientemente nombrada titular de la Dirección de Culturas Populares por el presidente Enrique Peña Nieto, Alejandra Frausto Guerrero, y del titular de la Secretaría de Fomento Turístico, Javier Aluni Montes.
En su primera incursión en el género de la novela publicada por la nueva editorial española Efecto violeta, el periodista español de nacimiento pero “mexicano de corazón”, cuenta la guerra no desde el punto de vista periodístico como sus publicaciones anteriores, Corresponsal en Yugoslavia: crónicas desde el infierno; Bitácora de guerra y Objetivo Sadam, sino desde la mirada de los más vulnerables en caso de conflicto, los niños y las mujeres.
La ex directora del IGC, Alejandra Frausto, agradeció la invitación y dijo de la novela de Peláez que es un “libro (que) nos lleva a lugares escondidos del ser humano, en situaciones como la guerra. Sabemos muy bien pelear, ¡cómo quisiéramos que no hubiera corresponsales de guerra! Lo haces de la manera más humana, tocas el dolor y la desesperanza. El que tú hayas decidido ser testigo de guerra y convertirlo en una novela, desde la historia personal, con un ojo del más vulnerable, como los niños por ejemplo, trasciende la guerra de manera natural”, y adelantó un final misterioso de la novela, sin revelar más de la trama.
Después de recordar su amistad de muchos años con Alejandra Frausto y algunos recuerdos en Biarritz, en el sur de Francia, Alberto Peláez compartió su amor por México y su pasión por el oficio de corresponsal de guerra, no sin influencia paternal. “Tiene un por qué, lo quiere el alma, el espíritu, a través de mi padre. Lo fui, lo soy, lo seré. Es cierto que siempre tuve mucho interés y muchas ganas. A los 25 años te dices que no tienes nada que perder, lo que quieres es comerte el mundo. Me sentí siempre muy cómodo con el trabajo de corresponsal de guerra. Uno se convierte en testigo privilegiado de algo que va a salir. Fabricas la historia con tus notas, me sentí privilegiado. Yo no diría que el hombre es un lobo para el hombre, al contrario, el hombre es bueno por naturaleza”, declaró, parafraseando respectivamente a Hobbes y a Rousseau, alusión al eterno debate filosófico sobre el origen del mal en el ser humano. Ahí dejó a la filosofía y al pobre Hobbes del que siempre mutilan la segunda parte de la cita y consideró que, lejos de disgustarlo con la humanidad, enfrentarse a la guerra le convirtió en filántropo y le dio más razones de creer en el hombre al reencontrar valores perdidos por este milenio, “en el que nada tiene valor”.
Asimismo compartió su relación con la muerte, al estar arriesgando su vida continuamente por lo que consideró que “te casas con la muerte cuando naces y te acompaña toda tu vida. Cuando uno es joven no puede imaginar que le pueda pasar algo. Puedes ir y no volver, aunque no sea tu guerra. La idea de la muerte está en todo el libro”.
Siguió el relato de varias anécdotas para justificar su amor por México, desde la influencia del padre, enamorado desde que vino por primera vez en 1964, hasta la sangre que fluye en las venas de sus hijos de madre mexicana.
“Yo, a los 4 ó 5 años no me sabía ningún pasodoble, pero me sabía los corridos. Lo quiero (a México) con toda mi alma porque me siento mexicano. Yo escucho hablar de México allá con un total desconocimiento de lo que es realmente”, lamentó, y contó que muchos de sus conocidos españoles temen venir a México por la situación de violencia que prevalece en el país, a lo que agregó que sería igual que temer ir a España por la cercanía con Damasco.
Al preguntarle si con el premio Pulitzer que les fue otorgado por vez primera a los fotoperiodistas mexicanos Javier Manzano y Narciso Contreras por su cobertura al conflicto en Siria se podría hablar de que la experiencia en México de cobertura a la violencia del narcotráfico hace a los fotógrafos mexicanos más aptos para cubrir los conflictos bélicos en el mundo, el periodista fue tajante:
“Los periodistas mexicanos, españoles y del Congo ganan premios en función de su profesionalismo, no en función de un país o de una guerra concreta. Se ganan en función del compromiso de un mismo con su trabajo por su profesionalismo”.
El secretario de Fomento Turístico de Guerrero, Javier Aluni, prácticamente sin participar durante toda la presentación, fue solicitado a expresarse por lo que agradeció la presencia del periodista y compartió el honor que sintió a representar el gobernador. Asimismo manifestó que este tipo de actos permite decir que en Acapulco y en Guerrero en general, hay mucha cultura. Saludó el hecho de que con este libro nos haga pensar que el hombre es bueno.
Estuvieron presentes, el presidente municipal, Luis Walton Aburto, la presidenta del patronato del DIF, Claudia Walton, el director de Fomento a la Cultura Municipal, Gabriel Brito Camacho, el secretario de Fomento Turístico municipal, Netzah Peralta, la presidenta de la Cruz Roja estatal, Susana Palazuelos y los escritores, Iris García Cuevas, Edgar Pérez y Manu Dornbierer.




