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Pedro Ramírez Vázquez llevó a otro nivel la arquitectura: Víctor Legorreta

Oscar Cid de León / Agencia Reforma

Ciudad de México

El cliente de Pedro Ramírez Vázquez, el más importante de todos, casi podría decirse que el único, fue el pueblo de México. Así lo reconocía el propio arquitecto.
Su obra siempre se puso a la orden de la colectividad mexicana desde diversos ámbitos: el religioso, proyectando la nueva Basílica de Guadalupe; el político, concibiendo el Palacio Legislativo de San Lázaro; lo cultural, a partir de la materialización de museos como el de Arte Moderno y el Nacional de Antropología, y lo deportivo, levantado el Estado Azteca y diversos escenarios de México 68.
Pero él, sobre todos sus monumentos, ponderaba un proyecto menos espectacular pero que consideraba el más importante de todos: la creación de su prototipo de escuela rural. Las construyó a miles, de forma prefabricada, propagando el modelo a las regiones más inhóspitas de México a partir del CAPFCE (Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas), del cual había sido fundador junto a Jaime Torres Bodet, quien entonces encabezaba la SEP. Era el sexenio de Manuel Ávila Camacho.
Cuando cumplió los 90, hace cuatro años, Ramírez Vázquez precisó a Reforma: “Mi actividad profesional ha girado fundamentalmente sobre los temas educativos y de carácter colectivo”.
Ramírez Vázquez, fallecido el martes justo el día en que cumplía 94 años, será recordado, precisamente, como un proyectista que trabajó para México, incluso de la mano del poder, el PRI que aseguraba tener como bandera el progreso. Al final de todo fue un arquitecto oficialista, recuerda el proyectista Mauricio Rocha. Pero advierte: “Desde ese lugar logró hacer con mucho éxito obras de relevancia, muy fuertes (…) Siento que supo leer que su gran cliente fue el público, pero para eso supo acomodarse en su contexto. Supo leerlo y hacerlo bien, con una obra de calidad y de gran magnitud”.
Fuera del legado arquitectónico de Luis Barragán, Rocha considera que Ciudad Universitaria y el Museo Nacional de Antropología, éste de Ramírez Vázquez, son las obras más importantes de arquitectura del Siglo 20 mexicano.
“Antropología es un ejemplo muy contundente de arquitectura nacional, que además supo leer la contemporaneidad de su momento, su sitio y circunstancias”, asegura.
Otro arquitecto, Víctor Legorreta, también observa en dicho recinto a su obra maestra.
Sobre su legado, advierte: “El gran valor de Pedro Ramírez Vázquez es que llevó la arquitectura a otro nivel. O sea que el arquitecto dejó de ser nada más un diseñador de espacio y hacedor de planos. Llevó la arquitectura a un nivel en el que fuera tomada en cuenta para el desarrollo del país”.
Siempre pensó en México y fue un orgulloso mexicano, añade.
“Las obras que hizo para el pueblo las hizo no desde un ángulo demagógico. Sus obras, como la Basílica o el Azteca, tienen la cualidad de servir de verdad. Son símbolos que se han vuelto parte de la vida de todos los mexicanos”.
Ramírez Vázquez fue despedido en la funeraria Gayosso de Félix Cuevas. Cientos de personas acudieron a darle el adiós. Había desde arquitectos hasta políticos, entre ellos Raúl Salinas, Jesús Kumate y Jorge González Torres. Incluso empresarios, como Arturo Elías Ayub, y gente del espectáculo, como Silvia Pinal.
Los funcionarios culturales también se dieron cita, entre ellos los directores de los museos de Arte Moderno y el Nacional de Antropología, Magdalena Zavala y Antonio Saborit, respectivamente. “Fue el arquitecto más importantes del Siglo 20, un artista de primera línea”, señaló este último.
Zavala dijo: “Nos dejó un gran legado en infraestructura museística. Entendía que la memoria social debía ser albergada en museos”.
El arquitecto fue cremado. Hacia las 20 horas, frente a la urna que contenía sus restos, se llevó a cabo una misa en la Iglesia de la Santa Cruz, en el Pedregal.

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