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Atacar la pobreza no es populismo; es una inversión, dice Lula da Silva

Alberto Armendáriz / Agencia Reforma

Río de Janeiro

Invertir en los más necesitados es clave para que países como México o Brasil puedan crecer de manera sustentable, afirmó el ex Presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
“En Brasil no aceptamos que nos dijesen que eran políticas asistencialistas o que eran gastos. Porque para nosotros es inversión”, enfatizó en exclusiva con Reforma a pocas horas de llegar a México en el marco de la Cruzada Nacional contra el Hambre. Invertimos en el pobre, pasó a consumir, el consumo animó el comercio, el comercio compró de la industria y de la agricultura, y así todos los sectores comenzaron a generar más empleos. Los resultados son extraordinarios”.
“Lo importante es una política de Estado permanente, que sea duradera, que no sea hecha por un año”, advirtió Lula en cuya administración se logró sacar a 33 millones de personas de la extrema pobreza y aumentar en 40 millones la clase media brasileña.
El ex obrero metalúrgico y fundador del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, explicó que la clave del éxito de la política social de su administración fue dar a los más necesitados una puerta de salida que les permitiera trascender esa situación.
“La puerta de salida fue la creación de 19 millones de empleos, fue formalizar 11 millones de emprendedores individuales. La gran salida fue la regularización de casi 3 millones de micro y pequeñas empresas en Brasil. Necesitamos vencer el discurso conservador que dice que esas políticas son populistas”, dijo.
Para el ex mnandatario, la inversión en los pobres debe darse en varios aspectos, como sucedió en Brasil a través de una combinación de programas como el famoso esquema de transferencia de renta Bolsa Familia o el Hambre Cero, además de tener una política de valorización del salario mínimo, de ayuda a la agricultura familiar, al pequeño emprendedor individual, y a las micro y pequeñas empresas a través de líneas de crédito con intereses más baratos.
Lula resaltó la necesidad de que México mire más hacia América del Sur y se aproxime más a Brasil y al Mercosur, el bloque comercial integrado por el gigante sudamericano además de Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela.
“No es fácil; tal vez los empresarios mexicanos tienen desconfianza de los brasileños y viceversa. Pero la verdad es que México y Brasil se tienen que acercar mucho más. Son las dos mayores poblaciones y economías de América latina; son países que tienen un potencial de producción e intercambio muy grande”, apuntó.
“Espero que el Presidente Enrique Peña Nieto y la Presidenta Dilma Rousseff tengan la capacidad de hacer aquello que yo y los ex presidentes mexicanos no tuvimos condiciones de hacer”, deseó.
–Muchos de los programas sociales de transferencia de renta y combate al hambre que usted lanzó en Brasil ya habían sido probados antes en México sin los mismos buenos resultados. ¿Por qué?
–Lo que funcionó en Brasil no fue apenas un programa, sino un conjunto de programas  en el área social, coordinados por un único ministerio, con un registro de beneficiarios muy fiel a la realidad para que podamos garantizar que el dinero cegase a quien estaba destinado.
“En Brasil teníamos una política social, pero como no había registro de quienes estaban necesitados, muchas veces el dinero no llegaba  a manos de esas personas; había mucho intermediario”.
“Hoy, la persona registrada tiene una tarjeta magnética y recibe los recursos sin deber favor al gobierno. Y el 99 por ciento de las tarjetas son dadas a mujeres porque ofrecen una mayor garantía de que van a transformarse en alimento para la familia”.
–Para que estos programas tengan éxito, ¿es necesario un ritmo de crecimiento mínimo de la economía?
–Obviamente cuanto más crezca una economía, y si usted tiene un compromiso social de distribuir los ingresos generados por ese crecimiento, mejor. Pero en Brasil, cuando comenzamos con Hambre Cero la economía no estaba creciendo. Lo que hicimos fue repartir de nuestro presupuesto un poco de todo el mundo para que los pobres tuviesen participación en los recursos del gobierno.
“Hay países en los que la economía crece por años seguidos, e incluso Brasil llegó a crecer 10 por ciento al año en los 70, pero no por eso hubo reducción de la pobreza. Lo fundamental es que a la hora de elaborar el presupuesto nacional se destine una parte para distribuir entre los más pobres”.
“Toda la sociedad organizada tiene una participación directa o indirecta en el presupuesto, pero los pobres no. Nosotros comenzamos a incluir a los pobres en el presupuesto y a medida que la economía, el PIB, fue creciendo, fue posible aumentar esa porción para políticas sociales.
“Es importante recordar que en Brasil gastamos sólo 0.5 por ciento del PIB para atender a 54 millones de personas. Lo fundamental es empezar. La gente se preguntaba si el PIB tenía que crecer para ser distribuido o si debía ser distribuido antes de que creciera. Nosotros hicimos las dos cosas concomitantemente. Comenzamos a distribuir y la economía comenzó a crecer, y todo fue más fácil”.
–En México se están incorporando compañías transnacionales a la Cruzada Nacional contra el Hambre. En la experiencia brasileña, ¿este tipo de iniciativas beneficiaron al programa?
–En Brasil también participaron muchas empresas. Pero esa participación es más paliativa. Es el Estado quien tiene que colocar en su presupuesto una porción por año para resolver el problema de la miseria.

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