Realizan centenario ritual de petición de lluvias en el manantial de Quechultenango
Anarsis Pacheco Pólito
Chilpancingo
El agua es menos conforme pasan los años, murmuran los comuneros del poblado de Quechultenango, que como cada año desde hace más de 100 realizan la ofrenda para el manantial que da vida a las cosechas de temporal de la que se mantienen.
Cada 25 de abril los habitantes de la comunidad de Quechultenango llevan a cabo un ritual sincrético en el que se mezclan lo pagano y lo religioso para pedir que llegue el agua para sus cosechas, con la fe y esperanza que cada año se cuente con un mejor temporal que los ayude a salir adelante.
Ante una vegetación seca y rodeado de parcelas ya aradas para ser sembradas, nace el manantial que alimenta a la comunidad enclavada en la región Centro del estado, que entre la pobreza y la violencia trata de vivir de su tierra.
El cauce del río al paso de las danzas aparece apagado, sin vida alguna, sin esperanza que exista un mejor mañana. Ya lo decía don Faustino, el encargado de entregar la ofrenda: “la salvación del mañana es el agua”.
Mientras, la Danza de los chivos estremece el suelo a cada paso, mientras se cimbran las esperanzas de los campesinos que acompañan la cuelga para “el amigo” –el diablo.
Los rituales de petición de agua en el estado de Guerrero inician desde el día de San Marcos, y de ahí en cada región en las comunidades de la entidad de manera sincrética se mezclan lo pagano y lo religioso para pedir por un buen temporal de lluvias para que las cosechas se den bien y mejore la calidad de vida de los campesinos.
Los inclementes rayos de sol no fueron obstáculo para los participantes de la procesión, que calmaban la ira del sol con unos tragos de mezcal que repartían los padrinos, mientras llegaban los músicos para comenzar el recorrido en las calles del poblado hacia el ojo de agua.
Los cuetes lloraban en el cielo para anunciar el paso al resto de los pobladores que se asomaban por puertas y ventanas para admirar el colorido vestuario de la Danza de los Chivos, caracterizada por los tocados de largos cabellos de ixtle y cuernos de chivos que portan los participantes.
El contingente era dirigido por el huentli, que son hombres que van bailando con máscaras y sombreros, mientras en las manos portan ramas con la que simulan hacer una limpia a las personas que encuentran a su paso, seguidos por los músicos quienes marcan con cada nota los caderazos de los bailarines y después siguen los padrinos repartiendo el mezcal a los habitantes.
La procesión atraviesa el puente del río de Huacapa que luce árido y cubierto por botellas de plástico; de ahí el contingente sigue su camino hacia la antigua Hacienda de San Sebastián que ahora funciona como una rudimentaria bodega de fertilizante.
Entre más avanza la procesión el camino se va convirtiendo en un calvario, pues está constituido por rocas y tierra roja aunque no levanta polvo al paso de los marchantes porque el martes llovió. En la colonia fueron interceptados por otro contingente para acompañarlos a dejar la ofrenda al manantial.
Al salir de la última colonia los peregrinos suben a las camionetas que los iban escoltando desde el principio para poder llegar hasta el ojo del agua, que está rodeado por una vegetación muy seca y tierra roja.
Cerca al matinal se pueden leer algunos letreros improvisados que dicen que se proteja la escasa vegetación y que no se tire basura.
Para encontrar el ojo de agua las camionetas se deben estacionar y la gente camina como medio kilómetro por una cuesta escabrosa, para finalmente llegar al sitio en donde se colocará la ofrenda de flores y veladoras.
Al llegar la banda al ojo de agua, lo primero que interpretaron fueron Las mañanitas, mientras los padrinos y la gente que lleva una ofrenda la colocaron entre las piedras que resguardan el manantial.
Después de descansar un poco para esperar a los demás pobladores se arreglan las flores, velas y ocote para iniciar el festejo.
Una de las cosas más llamativas que se realizan en la petición de agua es la que realiza don Faustino, quien entrega la cuelga al Amigo –El Diablo– desde hace más de 51 años. Él es el único que lo hace, aunque a su edad es difícil realizarlo.
Para entregar la cuelga que consiste en una ofrenda de comida, mezcal y cigarros, se debe subir a una piedra grande con formas caprichosas que se encuentra a la orilla del río. Para subir el encargado necesitó de la ayuda de dos jóvenes para que le pudiera pedir al Amigo por unas buenas nubes de lluvia y seguridad para la siembra.
En la piedra el encargado de asistir a don Fausto le pidió al Amigo que el manantial sea abundante para este año y entre mezcales, ocote, gritos y rezos solicitó por un mejor año para la siembra y por seguridad para la comunidad.
Mientras se realizaba el pedimento al Amigo, donde nace el agua, se dedican las danzas a bailar al compás de los violines, de la quijada de un chivo y de una cajita de madera para disfrutar de la fiesta bajo la copa de los árboles.
El lugar se encontraba resguardado por encargados de la seguridad, que coordinados por los nuevos padrinos se encargaron de la limpieza y la seguridad de más de 100 personas que esperaban disfrutar de la comida y el agua fresca.
La gente sentada en la falda del cerro donde nace el río se dispuso a comer mole cocinado en cooperación para ser repartido entre los participantes, mientras eran invitados a mantener limpia el área y colocar la basura en su lugar para no contaminar.




