En México el cómic no da para vivir; es una labor titánica, advierten creadores
Oliver Zazueta / Agencia Reforma
Guadalajara
René Córdova tenía un trabajo en un almacén, con horario de 9 a 7, pero por las noches era un justiciero que con lápices de dibujo en mano llegaba a casa y combatía espíritus del mal hasta las 2 de la mañana.
La doble identidad de los superhéroes de cómic es algo que aplica con los hombres detrás de estas historias fantásticas, situación que no es la excepción en México y Guadalajara.
Ejemplos de éxito en la industria editorial de la historieta se cuentan con los dedos de la mano, para algunos es falta de disciplina y marketing, sin embargo, para los que intentan vivir de esto es también una prioridad.
“Un cómic no te va a dar para vivir, aquí en México es muy difícil que pase eso, es imposible hasta donde yo he visto”, asegura Córdova cuya mano dibujó Soulkeepers y Repúblika Lucha.
“A la larga te va cobrando la espalda, después de cuatro años ya pides descanso, yo estoy casado y tengo dos hijas, no puedo darme el lujo de vivir un sueño que no me da para vivir”.
Para Axel Medellín, quien colabora para cómics en Estados Unidos, moverse localmente es una tarea titánica, muchos buscan salida trabajando para empresas de animación, haciendo publicidad, historietas empresariales o cartones editoriales.
“Lo que haces es labor de amor, tú tienes que pagar la publicación y distribuirla. No hay una industria a nivel local y a nivel nacional se ven destellos, aunque principalmente son licencias de cómics extranjeros. Producto nacional pues están los de siempre, El libro vaquero y similares”, dice.
Orígenes
El cómic local comenzó a tener voz en 1993, cuando se fundó el colectivo Minerva Comics. Varios autores publicaron en este esfuerzo editorial que tuvo dos etapas. Iniciaron con Jorge Ignacio González con Galicia, un mundo alterno; Carlos Leal con El bigote justiciero; Luis G. Abbadie con Espectro y Lemurea y Roberto Medina con Los justicieros.
Para el 2002, tras la salida de Medina y Abbadie, Leonel Guerrero se sumaría con una historia detectivesca Jonathan Jekill. Tras difuminarse, en el 2006 llegó Minerva Evolución, que publicó los compilados llamados Legión, con historias de personajes como Lady y Minerva.
Repúblika Lucha –un esfuerzo entre Monterrey y Guadalajara– fue otra de las publicaciones que hizo eco con apenas tres números publicados. Fue creado en el 2006 por Eduardo Ancer y René Córdova, con Emmanuel Ordaz como colorista y cuenta la historia de dos detectives encargados de vigilar el comportamiento de los luchadores, personajes cotidianos en el día a día de México.
Córdova entró a trabajar al estudio de animación local Metacube, y ahora el proyecto se ha convertido en un largometraje animado que hace en sus tiempo libres.
Otra iniciativa fue la del colectivo Garage en el 2009, que contó con gente con su propio caminos en solitario como Ulises Arreola, Gil Aguilar y Quetzal Cárdenas, por mencionar algunos. Este grupo editó dos números de 48 páginas, Crónicas del fin del mundo, en blanco y negro, y Crónicas del Oeste, a color.
“Eran 10 historias en la que cada artista exponía su propia visión del tema, todo salió en una plática de cuates y fueron como tres páginas por artista”, recuerda Aguilar.




