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Humberto Musacchio

Los chintololos se le rebelan a Ebrard

Es una tradición mexicana que a fines de cada sexenio se inauguren obras fastuosas. Antes se decía que ayudaban a lubricar el sistema, pues de ahí salía para pagar las campañas y dotar de un seguro de desempleo a los altos funcionarios, que viven con la incertidumbre de reenchufarse en la siguiente administración.
Los viejos modos priistas al parecer llegaron para quedarse, pues han moldeado la cultura de nuestros políticos, independientemente del partido en que militen. Por ejemplo, en la ciudad de México se va a inaugurar una nueva línea del metro precisamente en este año en que termina el sexenio. Pero no sólo eso.
En Azcapotzalco, esa delegación que está tan cerca y tan lejos del centro de la ciudad, se inauguró hace unos días la Arena Ciudad de México, al parecer propiedad de TV Azteca, que la hizo construir a un altísimo costo, pues se trata de un coliseo para decenas de miles de espectadores. Por supuesto, nada de malo tiene que la iniciativa privada destine mucho dinero a un negocio. Para eso está, para eso es, y si de paso crea empleos, pues bienvenida la inversión.
Pero ocurre que la flamante arena se construyó en terrenos que eran de todos los capitalinos: los del antiguo rastro de Ferrería, donde los habitantes de Azcapotzalco esperaban que se construyera con dinero público una obra que ofreciera beneficio para todos los vecinos, por ejemplo un parque público, una biblioteca, un área de juegos infantiles o canchas deportivas para uso gratuito.
No ocurrió así. El gobierno capitalino, con la complicidad del delegado en Azcapotzalco, cedió el terreno a particulares bajo condiciones no aclaradas. Dicho de otro modo, Marcelo Ebrard privatizó algo que es (¿o era?) patrimonio público y lo entregó a gente con dinero para que hiciera un negocio.
Como suele suceder en estos casos, no están claras las condiciones de la enajenación. No sabemos si fue a título gratuito, si el gobierno ganará algo con la sustracción de un bien público o si, como muchos sospechan, TV Azteca pagará en especie el inmenso predio, con tiempo para los candidatos del PRD que buscan ganar las próximas elecciones.
Por supuesto, la arbitraria actuación de Ebrard no cuenta con el apoyo de los vecinos de Azcapotzalco, quienes una y otra vez se han manifestado en contra de la sustracción de un terreno que creyeron sería para ellos y sus hijos. Los chintololos, como se llaman a sí mismos los habitantes de esa demarcación, temen que, consumado el robo, ahora les quieran quitar hasta sus casas, pues el inmenso centro de espectáculos no cuenta con vías de acceso suficientes y para abrirlas tendrán que ser demolidas cuadras enteras de viviendas.
Como la oposición ha venido creciendo, la empresa de la Arena y el gobierno capitalino decidieron abrir el negocio pasando sobre cualquier consideración. Los vecinos, indignados, cerraron calles y realizaron una manifestación de protesta a las puertas del centro de espectáculos, pero la respuesta de Marcelo Ebrard fue agredirlos, pues mandó al cuerpo de granaderos a “encapsular” a los manifestantes, lo que en buen romance significa que los rodearon e inmovilizaron para que no deslucieran la ceremonia de inauguración.
Ebrard primero entrega un terreno que es patrimonio público, luego oculta las condiciones de la cesión, los impuestos y otros aspectos; pone oídos sordos a las protestas de los vecinos y ahora los “encapsula”, esto es, los secuestra, lo que constituye un delito. Tanto interés resulta sospechoso. ¿De qué se trata? ¿Ya empezó el año de Hidalgo?

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