Tomás Tenorio Galindo
OTRO PAÍS
* Angel, ¿no te preocupes…?
El respaldo del presidente Enrique Peña Nieto al gobernador Ángel Aguirre Rivero para restituir “el Estado de derecho” en Guerrero no podría ser asumido como una patente de corso para el gobierno del estado. Así parece interpretarlo el propio Aguirre, pues con todo y la aquiescencia presidencial no ha ejecutado las órdenes de aprehensión emitidas contra los dirigentes de la CETEG, que por su parte y obviamente tampoco están dispuestos a facilitar su detención. Y es que el apoyo de Peña Nieto, expuesto el jueves en la convención bancaria de Acapulco, venía con letras chiquitas, y el encargado de delinearlas fue el secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, quien precisó que el gobierno federal ve al gobierno estatal aún con capacidad para encarar la crisis provocada por las movilizaciones del Movimiento Popular Guerrerense y los maestros.
Horas después de que maestros de la CETEG arremetieran como pandilleros contra las oficinas de cuatro partidos políticos, Osorio Chong dijo que el movimiento magisterial había ido “demasiado lejos” y que “por supuesto vamos a actuar en consecuencia en respaldo a la acción estatal”. En un instante de autocrítica, o de crítica al gobierno de Aguirre, dijo que “sé que hoy ha habido cualquier cantidad de manifestaciones en que no hay respuesta (gubernamental) a lo que está sucediendo”, pues a continuación aclaró: “Es un ámbito local”. Y para no dejar dudas sobre la posición del gobierno federal, manifestó que “he escuchado al gobernador decir que no va a haber impunidad, que se van a tomar acciones al respecto, espero que así sea”. Y para que el gobernador de Guerrero actúe, anunció: “Mandaré fuerzas federales para que en el caso de ser necesario intervengan”. Y en efecto, después de las palabras presidenciales han llegado a Chilpancingo más efectivos federales. (El País, 25 de abril de 2013).
Pero la acción estatal se ha demorado, y a pesar de que declarativamente el gobernador se ha envalentonado y blandido las 39 órdenes de aprehensión contra los dirigentes del movimiento popular, ninguna de sus estridentes amenazas ha sido consumada. La única razón de ello es que el apoyo del gobierno federal no es indiscriminado ni incondicional, y a menos que los líderes magisteriales (Gonzalo Juárez y Minervino Morán a la cabeza) sean capturados en la Autopista del Sol, su aprehensión tendría que ser ejecutada por agentes estatales, y eso es lo que no quiere hacer Aguirre. No se atreve, consciente de que en esa circunstancia no tendrá un respaldo efectivo de ningún partido y de que el apoyo declarativo del PRD y de los alcaldes no pasa de ser de papel, insuficiente para mitigar el aislamiento social en que ha quedado cuando apenas se halla a la mitad de su gestión. Que Osorio Chong diga que Aguirre posee fuerza para hacer frente al conflicto magisterial, no significa que sea verdad. Políticamente el gobernador de Guerrero ha sido desfondado por el empuje social del movimiento magisterial, ante el cual ha desplegado su característica ligereza y falta de creatividad. No ha pasado inadvertida al gobierno federal la incompetencia de Aguirre, y esa es la razón de que Osorio Chong subraye que el conflicto es responsabilidad estatal. El error de fondo de Aguirre fue entregarse a Peña Nieto, esperar todo de su gobierno y recibir en respuesta solamente más policías federales, y por el otro lado alejarse de muy mal modo, traicionándola, de la base social que lo llevó a la gubernatura. Ese es el origen de la parálisis que se apoderó del gobernador, quien ahora no sabe qué hacer con un problema que siempre ha sido nacional pero que quiso resolver localmente y de forma autoritaria, lo que provocó la agudización del conflicto y el fortalecimiento numérico y moral del movimiento de los maestros en rechazo a la reforma educativa.
Minervino Morán anunció ayer súbitamente la cancelación de la tregua anunciada por la CETEG el viernes, que debía regir hasta el miércoles 1 de mayo, y la reanudación de las movilizaciones este mismo lunes. Y aunque ayer por la tarde se mantenía la asistencia del gobernador Ángel Aguirre al Congreso con motivo de su segundo informe de gobierno, después de presentar un discurso en el auditorio Sentimientos de la Nación, es probable –como sugieren los rumores desde el sábado– que de última hora sean canceladas ambas apariciones por el temor de que los maestros le echen a perder la celebración. Este empantanamiento es consecuencia del terrible extravío sufrido por el gobernador Angel Aguirre, que se ha quedado solo.
Desmanes e hipocresía
Antes de arrojar sentencias lapidarias sobre los maestros que el miércoles pasado causaron destrozos en las oficinas del PRI, del PAN, del PRD y del MC, es conveniente examinar el curso del conflicto y la manera en que los maestros inconformes han sido lanzados a la mendicidad política por el gobierno del estado, que los ha engañado una y otra vez. Está fuera de discusión que es inadmisible el comportamiento de los maestros, sin duda, pero exactamente en la misma medida en que es inadmisible el comportamiento del gobierno del estado, los diputados locales y los partidos políticos frente a ellos. El escenario de caos y anarquía experimentado el miércoles tiene un origen, y aquellos que se llenan la boca con retórica sobre el Estado de derecho –el panista Jorge Camacho se ha revelado como todo un fundamentalista– no pueden censurar una parte e ignorar cínicamente el resto del cuadro. No porque no haya intervenido la violencia, la actitud del gobierno, de los diputados y de los partidos deja de ser intolerante y autoritaria, pues con sus decisiones cercenaron la interlocución con el movimiento social. Quizá por un sentimiento de culpa derivado de la ruindad de su diputado Evencio Romero, Movimiento Ciudadano ofreció una lección a los otros partidos al negarse a interponer una demanda contra el vandalismo y al situar el problema en su dimensión original, precisa: “La zozobra y violencia que se vive en el país, deriva de la falta de consulta ciudadana para la reforma educativa”. Así es.




