Abelardo Martín M.
Cumplidos los malos presagios
Hace unas cuantas semanas el líder de la mayoría priista de la Cámara de Diputados, Manlio Fabio Beltrones, puso en duda la sobriedad y el equilibrio del gobernador Ángel Heladio Aguirre Rivero, quien le había criticado más por ser el jefe de su opositor y, por lo que se ve enemigo, Manuel Añorve, seguramente feliz y tranquilo porque no ha sido a él a quien se le terminó de descomponer la gobernabilidad guerrerense.
El hoy diputado Añorve comprueba que es un político con suerte, porque perdió la gubernatura de su estado natal, pero ganó en posición, influencia y cercanía con su jefe Beltrones. Aguirre y el líder de los diputados se mandaron mensajes de paz, pero la maldición contra Guerrero ya estaba echada.
En unas cuantas semanas la ingobernabilidad y la descomposición creció; se han polarizado las posiciones políticas; las agresiones son cotidianas; la ingobernabilidad produce miedo, desconfianza y un severo daño económico a los principales polos de desarrollo: Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo, en donde el cierre de negocios se ha multiplicado.
Ayer el gobernador Aguirre Rivero rindió su segundo informe de labores, decir de gobierno sería incurrir en falsedad, y se ven muy lejanas sus promesas de campaña o el tono de su toma de posesión.
“Gobernaré Guerrero sin rencores”, porque llega al cargo sin ánimo de revanchismos. No obstante, sus adversarios y enemigos políticos esperan su caída.
En su discurso durante la protesta como gobernador, aseguró que encabezaría un gobierno incluyente, de manos limpias y nunca desagradecido. “A partir de este día gobernaré para todos, sin distinciones ideológicas, sin rencores, sustentado en los ideales de una izquierda sensible, moderna, progresista, que no mira el poder por el poder, sino como instrumento de servicio”. Hoy quizás tamizaría sus opiniones respecto a algunos grupos de izquierda, que ante la debilidad institucional encontraron su posicionamiento y fortaleza.
A dos años, sus palabras de entonces fueron rebasadas por los hechos: “No habrá dilemas, ni tibiezas, no permitiré que Guerrero sea botín de la avaricia”, advirtió.
Aguirre Rivero es un experimentado político quien, inclusive, asumió un interinato en Guerrero de 1996 a 1999, sustituyendo a Rubén Figueroa, por lo que es inexplicable para muchos la forma como los problemas lo han rebasado o su equipo de trabajo ha sido incompetente.
Después de varios meses de zozobra, violencia, incertidumbre e ingobernabilidad, ayer presentó su informe con un tono en el que se percibe la no aceptación plena de la realidad, la auto justificación y la soberbia. Minimizar los hechos y acontecimientos, impide resolverlos.
No obstante, todavía se recuerda su oferta de que cumplirá estrictamente la ley, aunque hoy algunos creen que como frase fue excelente, pero sin aplicación.
Ahora reiteró sus propósitos y objetivos. Aseguro que el estado de derecho y la gobernabilidad se mantienen en Guerrero, aunque los hechos contradicen el tono rotundo de su discurso. El lema “Guerrero cumple” esta todavía a la espera, aunque la propaganda lo afirme sin rubor. Mientras grupos de la ideología que sea cierren carreteras, destruyan edificios y asalten turistas, la gobernabilidad seguirá en entredicho.
Es difícil convertir las palabras en hechos.




