Raymundo Riva Palacio
PORTARRETRATO
* El nuevo cisne
La vida de Eugenio Imaz cambió en menos de una década por la puerta por donde menos se imaginaba. Rubio y bien parecido, fue un actor frustrado que acarició el cine como co-protagonista de La India María en el filme de 1983 El coyote emplumado. Enamorado de las cámaras, no pudo en el cine pero entró a trabajar a Imevisión, la antigua televisora del gobierno, donde tampoco figuró. Emigró a Hidalgo a buscar suerte, y la encontró. Tras un tiempo como conductor de noticias en radio y televisión, el gobernador Jesús Murillo Karam lo hizo su ahijado político, lo nombró director general de Comunicación Social, y lo empujó a una carrera política.
Imaz no trabajó con el siguiente gobernador Manuel Ángel Núñez Soto, y estuvo casi todo el sexenio en Canadá. Regresó al final de esa administración, y se vinculó a una joven promesa en la política local que, cuando llegó al poder, lo hizo su colaborador. Ese gobernador era Miguel Ángel Osorio Chong, a quien su gran amigo el presidente Enrique Peña Nieto lo nombró responsable de la política interna. De su mano, Imaz se convirtió, invisible ante los ojos de todos, en uno de los hombres más poderosos en el nuevo gobierno.
El nombre de Imaz no ha salido a la luz en estos días, pero no deja de estar en las noticias. Es él a quien Osorio Chong, se refiere como el responsable de centralizar la colaboración de Estados Unidos en inteligencia y contra el crimen, y quien con el cambio de diseño institucional, encabeza la revolución más profunda en el trato con las agencias de ese país que se tenga memoria. La puerta de Imaz tendrá que ser tocada por más de 12 agencias de inteligencia de Estados Unidos antes de entrar a México, lo que modifica radicalmente la vieja política gubernamental de enlaces directos con sus contrapartes.
Este ajuste tiene iracundo a Washington, a cuyas agencias le abrió la puerta el gobierno de Felipe Calderón como nunca antes nadie en México hizo, y convirtió a su gabinete de seguridad en un ente altamente dependiente de inteligencia y recursos tecnológicos, en cuyo camino, varias dependencias federales pasaron a ser subordinadas de un mando extranjero. Con su llegada al Cisne, como le llaman internamente al Cisen, y la nueva forma de trabajar con Estados Unidos para salvaguardar la seguridad nacional, Imaz se convertirá en el hombre mejor informado de este país.
Pero no necesitaba una nueva asignación para comenzar a serlo, y no perdió el tiempo cuando lo nombraron director del Cisen. Aprovechó la confusión y el desconocimiento tecnológico en las áreas de la seguridad pública federal, y mandó camiones de mudanza al búnker que ocupaba la extinta Secretaría de Seguridad Pública para recoger todos los sistemas de comunicación e intercepción telefónica que tenían, un equipo de tecnología de punta que estaba inutilizado desde la llegada del nuevo gobierno. Imaz logró, con las manos en la cintura, lo que en una de las más enconadas luchas del sexenio anterior, no logró el ex jefe del Cisen, Guillermo Valdés: que la tecnología para espiar, pasara del órgano que combate al crimen al que cuida de la seguridad nacional, donde una de las carreteras que atraviesa es la política.
Los resultados fueron inmediatos. El más notorio, la detección del atentado en contra de los hermanos Ricardo y David Monreal, parlamentarios de la izquierda, que estuvieron a punto de morir de no haber sido por el Cisen que descubrió el complot. El último, la operación donde se detuvo a Inés Coronel, el tercer y último suegro de Joaquín El Chapo Guzmán, de quien era uno de sus colaboradores financieros más cercanos. Lo que antes hacía Seguridad Pública, ahora lo hace el Cisen, donde Imaz, en esta semana de turbulencia en la relación con Estados Unidos por las críticas al cambio de estrategia del gobierno de México en contra del crimen organizado, surgió como el hombre que será la ventanilla única para las agencias de inteligencia de ese país que quieran operar en territorio mexicano.
Eugenio Imaz es nieto de un gran filósofo español refugiado, de donde toma su primer nombre, e hijo de un matemático, Carlos Imaz, de donde toma el nombre de pila su hermano, fundador del Consejo Estudiantil Universitario y del PRD, esposo de Claudia Sheimbaum, una de las políticas más cercanas al líder de la izquierda social, Andrés Manuel López Obrador. Hasta recientemente estuvo casado con la hermana de Rodolfo Chavero, uno de los principales panistas en Hidalgo. Pero nunca fue del PRD, como su familia, ni el canto azul lo sedujo. Desde que inició su carrera política fue priista, por lo que es considerado “la oveja negra de la familia”.
Murillo Karam lo hizo secretario de Desarrollo Económico, y tras su estadía en Canadá, a fines del gobierno de Núñez Soto se hizo cargo de la Fundación Colosio en Hidalgo. Ahí comenzó a forjar su relación con Osorio Chong, quien lo nombró jefe de asesores y más tarde secretario de Planeación y Desarrollo Regional, donde la compra del polígono en Tula para la prometida Refinería del Bicentenario, lo llevó a ser un hombre de todas las confianzas del gobernador.
Desde su cargo en esa secretaría construyó discretamente un brazo de recolección de información estratégica para la toma de decisiones, y cuando terminó Osorio Chong el gobierno, lo acompañó a la campaña presidencial de Peña Nieto, donde fue uno de los responsables de buscar financiamiento. Cuando se decidieron los cargos en el gabinete, el secretario de Gobernación lo llevó al Cisen, una dependencia que encontró, de acuerdo con fuentes gubernamentales, destrozada.
Los gobiernos panistas la desmantelaron. Primero Eduardo Medina Mora, en el gobierno de Vicente Fox, redujo significativamente la capacidad de inteligencia humana con despidos masivos. Después Valdés, con su nulo conocimiento en la materia. García Luna contribuyó cuando se llevó un grupo de expertos de alto nivel a a la Agencia Federal de Investigaciones y a la Policía Federal, y nuevamente Medina Mora ahondó el desmantelamiento al llevarse a más de ellos a la PGR en el gobierno de Calderón. Fox no le inyectó recursos, y con Calderón, Valdés perdió las batallas presupuestales en el gabinete de seguridad. Imaz, afirman las fuentes, empezó la reconstrucción de la inteligencia humana con agentes que fueron despedidos, y se ha estado allegando de los insumos tecnológicos.
Imaz es un hombre afable, aunque a veces es intolerante en discusiones. Es uno de los dos grandes operadores de Osorio Chong en el gobierno peñista –el otro es Cuauhtémoc Ochoa, subsecretario de Fomento de Semarnat–, pero mantiene su excelente amistad con Murillo Karam, actualmente procurador. Eficiente en Hidalgo, hasta ahora ha probado poder con la nueva tarea encomendada, de alta secrecía y confidencialidad, que entra en una contradicción caprichosa al ser propietario en Hidalgo, de un periódico, El Reloj, que deja asomar la vena mediática que lo marcó en los orígenes de su vida profesional.
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