Vidulfo Rosales Sierra
La partidocracia contra los actores sociales
Un saludo a Juan, a Maribel y a todos los compañeros, nos llena de esperanza saber que en momentos difíciles cuando el poder muestra su cara violenta contra el pueblo existe un periódico que mantiene una línea editorial independiente y crítica. Saludos.
Ángel Aguirre Rivero es un personaje que se forjó como político en el PRI de Guerrero, donde el cacicazgo añejo mantiene un férreo control político y económico. En pleno siglo XXI las acciones de los caciques son nudos decisivos del poder en nuestra entidad. La disputa por la candidatura y la imposición de un candidato en las filas del PRI orilló al actual gobernador a emigrar al PRD. Se afilió a este partido político y se reivindico de izquierda. Muchas organizaciones sociales le dieron su voto olvidando su pasado priista y creyendo que en su persona existe congruencia entre lo que dice y lo que hace. Muy pronto los hechos demostraron lo contrario. El 12 de diciembre fueron asesinados dos estudiantes de la normal Rural de Ayotzinapa. Fiel al estilo priista caciquil, en lugar de procesar y sancionar a los responsables trató de inculpar a los estudiantes. De inmediato reaccionaron los grupos corporativos y porriles del PRI, haciendo causa común con el gobernador defendiéndolo a ultranza y en lugar de exigir justicia por los estudiantes asesinados –que al fin son hijos de campesinos e indígenas y se lo merecían por cuestionar a su majestad el gobernador–, pedían el cierre de la normal rural. El PRD se unió al coro de condena contra los estudiantes “vándalos”.
Hoy en día frente al conflicto que se vive en Guerrero por las protestas de la CETEG contra la reforma educativa la respuesta gubernamental no es distinta. El estilo priista del gobernante salió a relucir. Acordó con la CETEG mandar al Congreso una iniciativa conjunta. Al día siguiente de la firma la desconoció y se alineó a su antiguo partido que sostiene que la reforma no afecta la gratuidad de la educación y los derechos laborales de los trabajadores. Con algunos matices, el PRD tiene la misma posición. Descalifican y criminalizan el movimiento, piden justicia por los daños a las oficinas de los partidos, pero padecen de amnesia para pedir justicia por las ejecuciones extrajudiciales de Aguas Blancas, El Charco y los estudiantes de Ayotzinapa. Al unísono los partidos políticos y la clase empresarial piden encarcelar a los profesores por los daños materiales causados, pero no dicen nada de los campesinos y estudiantes asesinados, es más, aplauden cuando los policías que se encontraban armados en la escena del crimen son liberados. Igualmente los actos de corrupción del ex presidente municipal de Acapulco no merecen mayor comentario. Por el contrario esos actos se premian con diputaciones federales.
Por su génesis, el PRD debería naturalmente estar al lado de la clase trabajadora. Dado que esta reforma educativa afectará a los más pobres, por más que se quieran matizar y ocultar sus efectos. El nuevo artículo tercero de la Constitución establece que para el ingreso, promoción y permanencia en el servicio magisterial se requerirá realizar una evaluación. Lo anterior implica que de no aprobar las evaluaciones, un maestro no podrá permanecer en el trabajo con lo cual se viola la inamovilidad en el empleo que fue una gran conquista de la Revolución condensada en la Constitución de 1917. El artículo quinto transitorio del decreto de reforma establece la autonomía de gestión ante distintos niveles de gobierno para que maestros, padres de familia y directores se hagan cargo de la infraestructura, gastos de operación y equipamiento de las escuelas, es decir, gran parte de los recursos que el Estado debiera aportar en estos rubros los cubrirán los padres de familia. ¿No es esto afectar el carácter gratuito de la educación? Lo lógico sería que los partidos de izquierda en México tomaran distancia de la citada reforma que en nada contribuye a mejorar la educación de niños y adolescentes, por el contrario mutila los derechos laborales de los profesores y afecta la economía ya de por sí pauperizada de todos los mexicanos pobres.
Del PAN, el PRI y el actual gobernador de Guerrero que viene de este partido es de esperarse una actitud de servilismo ante la política neoliberal que quiere hacer negocio con todo y que ha aumentado la pobreza en el país. La actuación del PRD desconcierta, aunque no debiera ser así. Los partidos de izquierda en el mundo después de la caída del muro de Berlín y del régimen soviético sufren una crisis de representación política que se traduce en el alejamiento extremo de los actores que debieran representar y por tener una política que no presenta ninguna oposición con la derecha, mientras que para el pueblo y los diversos actores sociales se mantiene viva la conciencia de los proyectos de la izquierda y derecha.
Los partidos de “izquierda” en México participan de este rumbo político. El caso de Guerrero es emblemático. Dos ejemplos resultan evidentes: los campesinos del Cecop que se oponen a la construcción de la presa La Parota casi todos son militantes del PRD, sin embargo en los momentos críticos del conflicto su partido les dio la espalda y se unió al coro de las voces que los tildaban de rijosos ignorantes que se oponen al desarrollo. Alberto López Rosas, presidente municipal de ese entonces y destacado perredista, no escatimó el uso de la Policía para reprimir a los campesinos, al igual que Zeferino Torreblanca lo hiciera después; por otro lado la CETEG, donde se encuentran agremiados miles de maestros es uno de los bastiones del PRD, sin embargo hoy vemos las posturas de sus dirigentes que piden a gritos la “aplicación de la ley”. Posiciones políticas que son similares a la de los caciques priistas y a los panistas.
Lo anterior es una muestra de la crisis de la representatividad política de un PRD disociado de las demandas sociales de varios actores como los campesinos, indígenas y mujeres que día a día luchan por sus derechos. Indudablemente ese partido sufre un desequilibrio político y casi siempre se inclina hacia el lado del Estado, renunciando así a su labor de constituir un límite al poder, condición primera de la democracia.
Los partidos alejados de los actores y las demandas sociales, solo tienen como fin el crecimiento de su propio poder, y a esto se le denomina partidocracia. La partidocracia socava gravemente la democracia y como dice Alain Touraine “conduce ya al caos, ya a la dominación de hecho de grupos económicos dirigentes a la espera de la intervención de un dictador”. (Touraine Alan. ¿Qué es la democracia? Pág. 86).
Así las cosas los actores sociales deben dejar de apostarle a los partidos políticos que no los representan. Es urgente que las organizaciones sociales se articulen, logrando construir una agenda común que nos permita resistir a las políticas neoliberales seguidas a pie juntillas por los gobiernos y caciques e impulsemos una lucha independiente de la agenda partidista y del Estado, solo así el pueblo podrá tener libertad, trabajo, justicia y paz.




