Anituy Rebolledo Ayerdi
Botica 10
La Diócesis de Acapulco, cuyo titular es hoy el obispo Carlos Garfias Merlos, se erigió por bula Quo optiori del Papa Pio XII, fechada el 18 de marzo de 1958 y ejecutada diez meses más tarde –16 de enero de 1959–, por el delegado apostólico Luigi Raimondi. Quedará entonces como su patrona nuestra Señora de los Dolores, su territorio comprenderá la región costera de Guerrero con sus 31 parroquias, y su primer obispo monseñor José Pilar Quezada Valdés.
Un problema en las cuerdas vocales del prelado, con procesos continuos de afonía, se remitía a tiempos de la Guerra Cristera, cuando el joven sacerdote jalisciense cae en manos de las fuerzas federales. El interrogatorio en pos de la identidad de los altos jefes cristeros es brutal. José Pilar nada dice y es llevado entonces al sitio donde será ahorcado de un árbol alto y frondoso. La cuerda atada a su cuello es lanzada a un rama baja para ejecutar la sentencia. Sucederá que cuando el verdugo dé el primer jalón para elevarlos, llegarán los suyos para rescatarlo. Nadie dudará de su palabra cuando adjudique el hecho a un milagro de La Dolorosa.
Mucha agua habrá corrido bajo el puente de San Rafael a partir de la primera visita de un obispo al puerto. El primado de la capital de la Nueva España, monseñor Juan de la Serna, llega al puerto a principios de enero de 1617. Los dos mil habitantes de Acapulco se lanzan a la calle para festejar el acontecimiento. Quienes poseen bestias cabalgan hasta Las Cruces para ofrecerle una cálida bienvenida, mientras que el resto se alinea para vitorearlo en la ruta que lleva a la parroquia. Habrá misas, bautizos y bendiciones.
(El puente de fierro de San Rafael se ubicó en la actual Siete Esquinas y fue desaparecido por la Junta Federal de Mejoras Materiales al pavimentar la calle Cinco de Mayo. Histórico porque en él tendió su robusta humanidad el padre Morelos como único medio para contener la enloquecida huida de sus tropas, rechazadas por los defensores del fuerte de San Diego).
La Soledad
Pasarán los años y muchos más hasta llegar al siglo XVIII, fecha inaugural de la parroquia de nuestra Señora de La Soledad. Será su primer párroco titular el bachiller Joseph de Matamoros Céspedes. Así la ubica una crónica de su tiempo:
La iglesia parroquial de la ciudad fue fabricada donde está la plaza de armas o plaza mayor con el frente al mar de la bahía. Estaba de norte a sur el día que se reedificó la capilla de Nuestra Señora de la Soledad, generala de las armas y patrona principal de la ciudad. Esto ocurrió en el año de 1707.
Los Valdés
(Monseñor Quezada Valdés fue tío de la dinastía periodística Valdez Ortega: Reemberto, Antonio, Donato y Jorge, editores del diario acapulqueño El Sol de Guerrero. Hoy prolongada en Chilpancingo por hijos y nietos).
Las hermanas Julián
La canción mexicana ha sido pródiga en intérpretes con lazos fraternos. Algunos muy celebrados como el Trío Garnica Ascencio, Las Hermanas Huerta, Las Hermanas Ruiz Armengol, Las Hermanas Hernández, Las Hermanas Padilla, Las Hermanas Aguila, Las Hermanas Navarro y Las Hermanas Julián. Estas últimas –Leticia, Rosalía y Elena–, debutan en la radio siendo unas chiquillas. Leticia se separa mucho más tarde del grupo para cantar boleros en la onda feeling y lo hace con tanto éxito que será llamada La Voz de Fuego. Rehecho el trío con Araceli, las tres Julián adoptarán el estilo de las estadunidenses Hermanas Andrews, voces características durante la Segunda Guerra Mundial, pero ellas cantando boleros y guarachas.
Tiene que ver esto último con Acapulco porque de aquí surgió el sonido ideal para el trío femenino. Habla un nada complaciente crítico musical sobre las mejores interpretaciones de las Hermanas Julián. Estas, estima, fueron las acompañadas por Teddy Stauffer y Los Beachcombers, grupo acapulqueño de planta en el cabaret así llamado en La Perla del hotel El Mirador. Concluye el musicólogo que Stauffer, cuya orquesta animó en su país los bailes de la naciente juventud nacionalsocialista, supo darle el ritmo tropical preciso a canciones de las Julián y entre ellas Cucurrucucú paloma, Negra consentida y Serenata huasteca. ¡Oir para creer!
Guatatitataritatao
Rosalía Julián fue esposa de otro “acapulqueño de coraza”, como se autodefinía Germán Valdés, Tin Tán, quien, por cierto, tuvo su primera aparición en el cine cantando en una película con exteriores en Acapulco. Se trata de Hotel de verano, (1944) con Janice Logan y Ramón Armengol, filmada en el hotel Las Hamacas de los Córdova (destruido por un temblor, fue rehecho y ahí sigue). El pachuco recién llegado de la frontera norte canta el Guatatitataritatao, acompañado ya por su carnal Marcelo. La tonada que da título a la cinta es interpretada por el propio Armengol, bautizado en la radio como el “chansionner de moda”. El cantante veracruzano morirá en 1976 al estrellar su automóvil cerca de Chilpancingo, a su regreso de Acapulco.
Trópico
Carnet Social es el título de la columna del semanario Trópico (4 de mayo de 1941) que ofrece la reseña de un baile a beneficio de la Cruz Roja, en el roof garden del hotel Tropical. “Lindas damitas de nuestra mejor sociedad asistieron engalanadas con elegantes trajes, luciendo hermosas flores en sus blondas cabelleras, tan bellas que semejaban princesas orientales. Noche de embrujo tropical cargada de misterio en que brotan pasiones de fuego en nuestros corazones. El baile se prolongó hasta las primeras horas del amanecer”.
La columna sin firma (se sospecha que ya la escribía Arturo Escobar García, quien sí la sostendrá el resto del siglo), anuncia el viaje de placer a la ciudad de México de don Félix Muñúzuri y doña Jovita A. de Muñúzuri. En la sección de bodas da cuenta de una celebrada en Tecpan de Galeana, la de la señorita Sara Ruiz Abarca con el señor Marcial Ríos Valencia, a quienes se desea, según los cánones de la época, “eterna luna de miel”.
Regidores del POA
Corre 1923 y los recién electos regidores del Partido Obrero de Acapulco (POA), bajo el liderazgo de Juan R. Escudero, hacen público en el semanario Regeneración, del propio dirigente, la determinación del grupo de cumplir sus compromisos de campaña. Era alcalde el herrero don Jesús Leyva, quien despachaba descalzo porque no soportaba los zapatos.
1.- No se tolerará que haya padres que no manden a sus hijos a la escuela –hijos que los maldecirán en el futuro. La vigilancia para que tal cosa no suceda será “estrecha y extraordinaria”. De paso, se vigilará que los profesores cumplan con sus clases.
2.- Tenemos el firme propósito –anuncian los ediles–, de llevar a cabo el embardamiento de los panteones de la ciudad y para ello recurriremos a los productos del Registro Civil y a la cooperación ciudadana.
3.- Las bancas y el piso del jardín Alvarez serán reparados urgentemente. Esperamos que esta iniciativa tenga la respuesta adecuada por parte del comercio y los ciudadanos en general”.
4.-Es una necesidad urgentes la construcción de varios escusados en la ciudad a fin de evitar que se haga uso de lugares públicos para esos casos.
5.- Procuraremos que en el menor tiempo posible quede terminada la nomenclatura de la ciudad e igualmente la numeración de las casas.
Los ediles del POA terminaban sus propósitos en estas palabras:
“Veríamos con mucho agrado que aquellos que se juzgan excluidos de pensar o sentir como nosotros, (que solo deseamos que progrese nuestro pueblo), hagan a un lado los sentimientos egoístas que se nos atribuye y demuestren que se les brinda la oportunidad de justificar sus buenos propósitos”.
El complot
En diciembre de ese mismo año, Escudero es asesinado junto con sus hermanos Francisco y Felipe, víctimas de una perversa conjura criolla en la que participaron los personajes más disímbolos del puerto. Ahí estuvieron , en un salón del edificio Oviedo, gachupines dueños de todos los medios de producción de Acapulco y ambas costas; militares, profesores y abogados delahuertistas; periodistas “tronconeros”, cabrones resentidos, gringos aquí radicados y hasta matanceros de cuches. Las tres cabezas costaron 50 mil pesos, más diez mil en oro como premio para el ejecutor. Todo pagado por los gachupas pues el resto de los complotistas se hicieron rosca.
“Rebotica”
1) La 777 fue el nombre de la lancha de Mario Moreno Cantinflas, con residencia en La Aguada. Aludía a la exitosísima película El gendarme 777 (“S’ornes jefe”).
2) La Asturiana fue una imprenta establecida en la plazoleta Escudero (hoy Woolworth), propiedad del hispano Arturo García Mier Fernández. Alguna vez allanada por el Ejército y encarcelado don Arturo acusado de imprimir propaganda electoral del olinaloense candidato presidencial Juan Andrew Almazán, opositor del oficial Manuel Ávila Camacho. Fueron operarios de la empresa Gustavo Cobos y Ventura Solís, quienes habían sido voceadores del semanario Regeneración, editado por Juan R. Escudero. Ventura será más tarde impresor del diario Trópico.
3) Los violines de Isauro Polanco y Felipe Escudero musicalizaban las escenas romanticas de las película mudas proyectadas en el cine Salón Rojo (mismo sitio del actual establecimiento La Fortaleza). Por su parte, las escenas violentas con golpes, balazos y cañonazos corrían a cargo de la batería del Toronjo Apac, quien salía con las manos hinchadas luego de sonorizar una cinta de guerra.
4) Alfredo Pintos Carraza edifica el primer gran edificio de Acapulco, bautizado con su nombre en la Plaza Alvarez. El terreno le costó tres mil pesos, en tres pagos, e invirtió inicialmente en la obra 195 mil pesos, producto de la venta del terreno para levantar el edificio Oviedo. La terminó con un crédito bancario de 200 mil pesos. En el edificio Pintos se ubicaron el Casino de Acapulco y el Instituto Regional de Bellas Artes, dirigido por Luis Arenal y Macrina Rabadán., Ahí tuvieron sus despachos los abogados Luis Martinez Cabañas, Jose Murillo Novelo y Saavedra Ramos.
5) Es lanzada en 1925 la primera limonada embotellada con el nombre de Trébol. Fue su creador don Rafael Pintos Bello, hijo de don Antonio Pintos, de Tepecoacuilco, alcalde porfirista de Acapulco en varias ocasiones. Se pedía como “gaseosa” y costaba cinco centavos. El refresco será sostenido en el gusto de los acapulqueños por casi cuarenta años y de ello se encargaron los hijos Enrique, Isabel, Ricardo, Rafael y Alberto Pintos Quevedo. Hasta que lleguen las “aguas negras del imperialismo”, como entonces se decía.
Casinos
6.- El establecimiento de casinos en Acapulco ha sido una obsesión permanente por parte de empresarios de los juegos de azar. Se han presentado siempre como poderosos estímulos para las corrientes ociosas hacia el puerto. Validos de que el presidente de la República, Abelardo L. Rodríguez, no solo es un jugador empedernido sino que está ligado a los más lujosos casinos del momento –Agua Caliente, Foreing Club y Casino de la Selva–, el gobernador Gabriel R. Guevara y los jefes castrenses de la entidad, Vicente González y Alfredo Flores, deciden echarse un disparejo pero en serio. Lo hacen por conducto del empresario veracruzano Jorge Martínez y los cuatro saldrán hinchados, corre 1934.
Los acapulqueños, cuya mayor osadía era hasta entonces jugar a las matatenas y la lotería tradicional, serán deslumbrados con el montaje de una casino como de película en plena plaza Alvarez. Se aprovecha la afluencia notable de vacacionistas de Semana Santa para dejar “ sin cosa alguna” a candorosos residentes y valedores chilangos, según ordena La Magnífica. Ni las influencias políticas y tampoco la oferta de jugosos diezmos podrán acallar las voces condenatorias desde el púlpito de La Soledad.
Veinte años después
7) Veinte años más tarde, se detecta en el puerto la presencia de un estadunidense interesado en el establecimiento de un casino en Acapulco. Su nombre es Charles Fischetti y es acompañado por una hermosa dama a la que seguramente la ropa la enroncha y por ello prefiere usar la menos posible. Una noche Fischetti arma un gran escándalo en el bar del hotel donde se hospeda y todo por un flashazo de la cámara de la fotógrafa del lugar. Exige con grandes voces la entrega inmediata de la película pero la mujer logra eludir aquella furia. A la mañana siguiente el italo-estadunidense desaparecerá del mapa.
Charles Fischetti, se sabrá más tarde, era con sus hermanos Rocco y Joseph sobrinos carnales de Al Capone y, por supuesto, soldados de su imperio criminal. El FBI lo perseguía por el asesinato de un policía en Chicago y la fotografía tomada en Acapulco servirá para ubicarlo. Morirá en un enfrentamiento con la ley.





