Oscar Ricardo Muñoz Cano
Evoca Jesús Bartolo la memoria de Atoyac en su obra poética
“Jesús Bartolo es sólo un profesor de Educación Física que es proclive a la poesía por azares del destino; además, siempre he dicho que soy un aprendiz de escritor…”.
Es así como se refiere a sí mismo el creador nacido en Atoyac de Álvarez en 1970 y que desde los 17 años escribe, que a los 19 publicó su primer libro y que desde entonces tiene en su haber una cantidad de publicaciones que muchos envidiarían: 15, y cinco más por publicar este año.
“Ya están en proceso de edición, y mira que este año pensaba yo en descansar un rato de la farándula literaria, pero parece que todo el mundo se puso de acuerdo y me invitan a lecturas, a presentar libros incluso míos: acaba de salir el nuevo: Calle Agustín Ramírez…”.
Y no es para menos, del mismo modo en que salen sus libros obtiene premios, tanto locales como nacionales. El más reciente, el Premio Nacional Mérida de Poesía, en 2012 y del que contó que pocos días antes del cierre de la convocatoria él mismo realizó en el engargolado de los ejemplares, “mismos que se fueron con el pegamento fresco, pensando yo que llegando a Mérida se desarmarían”, aseguró entre risas.
Antes de su lectura dentro del programa Literatura en voz de sus autores, organizada por la Secretaría de Cultura de Guerrero, Jesús Bartolo Bello López reveló que a pesar del camino recorrido dentro de la poesía, pocos son sus temas a manera de obsesión: “el retrato de la familia, el rescate de la memoria”.
“Mi primer poemario fue escrito para mi abuela; El responso del gato para mi abuelo; No es el viento habla de mi padre; Diente de león habla de mi bisabuela que era curandera, y así sucesivamente voy hablando de algún personaje de mi familia…”.
Asimismo, dijo el poeta, el lenguaje utilizado es el más sencillo, “con la idea de respetar el habla popular, de los olores, de los sabores de mi infancia…”, que contó durante su lectura, fue rica en experiencias buenas y malas; “nací en una familia que tenía enemigos; se mataban unos a otros, así que desde pequeño teníamos que manejar un arma”.
Ante un nutrido grupo de amigos, Jesús Bartolo dio inicio a su lectura con fragmentos de Calle José Agustín, de Diablura Ediciones y que en palabras del autor fue creado con la idea de “una búsqueda entre las calles de su pueblo de algo de ternura, llanto, dolor, algo…”.
Sobre sus influencias, el atoyaquense mencionó a “José Carlos Becerra; Octavio Paz, no me gusta mucho, pero también lo he leído, incluso creo que Juan Rulfo es uno de nuestros mayores poetas a pesar de no haber escrito de esa forma”. Del mismo modo, consideró a Gabrier García Márquez como un poeta por la lírica de sus escritos, en especial en sus Cien años de soledad o en el Amor en los tiempos del cólera, que me han influido mucho”.
Tras de su primera intervención y a un intercambio de preguntas y respuestas respecto a su obra, Jesús Bartolo leyó un fragmento de su libro Respuestas a una pregunta no formulada, del que explicó, son textos escritos pensando en su hijo y del que destacaron los versos Cómo es el corazón que late en el pecho de las piedras, o Uno nunca muere hasta que el último que te sabe te olvida, mismo que generó comentarios entre los asistentes sobre cómo es la infancia en la ciudades y los pueblos, donde dijo el autor, uno debe inculcarle a los hijos el valor de la memoria. “Yo recuerdo todavía el olor a pan a las 3 de la tarde, o el olor del café a las 5 de la mañana… Eso no se debe olvidar nunca”.
Luego, para quitarle la solemnidad a la tarde, Jesús Bartolo leyó fragmentos de Bitácora de ebriedad, del que a manera de anécdota, contó que lo escribió tras viajar hacia la ciudad de México en estado de ebriedad por 400 kilómetros, pasando por seis casetas y tres reténes, generando la risa de la gente.
Los borrachos comen lumbre, La miseria del ser se cristaliza, fueron algunos de los versos que arrancaron más de una risa.
No es el viento, título de su siguiente lectura, fue sin duda la más personal para el autor, puesto que este libro fue escrito pensando en su padre, quien fue desaparecido durante la llamada Guerra Sucia y del que dijo: “Mi padre es una colección de fotos que no llegan ni a diez”.
Finalmente dio lectura a Diente de león, poemario pensado en su bisabuela que era curandera y con el que compartió con el público un poco de esa memoria que insistió Jesús Bartolo, es necesario rescatar, generando con el comentario el aplauso de quienes estuvieron en la Sala de Lectura Carlos Fuentes para escuchar parte de su obra.




